Desde la acera de enfrente - Migdalia Mansilla, Venezuela

Cada tarde al llegar el ocaso, se sentaba a la puerta de su casa, en el porche. Cogía el atajo de cigarrillos, lo miraba largamente, como haciendo un exorcismo , como jurándose era el último que se fumaba antes de dejarlo definitivamente.Cada día, en esa hora nona impredecible de colores que llenaba el espacio de sombras primeras, se acurrucaba en el umbral del tiempo de los sueños.Miles de imágenes se atropellaban en su mente, el olvido se le llenaba de memorias que pujaban por reventar el cuenco de las vivencias.Los hijos crecieron , tomaron sus caminos.El marido, se encandiló con una muchacha y la dejó con las marcas de los años grabadas en su piel.El silencio se hacía cada tarde, cada ocaso, y, cada crepúsculo de colores nuevos le llenaba las pupilas de recuerdos viejos.La soledad se convirtió en su compañera, confidente y verdugo de su vida.Desde la acera de enfrente, un hombre se paseaba cada día al terminar la tarde, oteaba horizontes, arañaba el tiempo y perseguía mariposas que se le escapaban de las manos abiertas.Cada anochecer el hombre miraba hacia la acera de enfrente encontrando una sombra que se alargaba sentada en la mecedora que se balanceaba entre los pilares del corredor que hacía de entrada a la casa que siempre estaba en silencio.Cada día paseaba , se detenía , la observaba y se decía "cuántas soledades en dos aceras paralelas que nunca se encuentran"Y así pasaron los días, los años y un día ya no hubo mujer en la mecedora, ésta, sola se mecía como empujada por un fantasma que cada tarde allí se sentaba.
Y al pasar el tiempo corto de la eternidad de la tierra, una sombra se lograba ver cada anochecer en la acera de enfrente, desplazándose de un lado a otro… otro fantasma vaga ahora, después de su muerte, sin encontrarse.

Vuelo nocturno - Maria Pia Poretti, Mendoza, Argentina

Mientras volaba sentía sobre su cuerpo cómo corría el viento cálido nocturno. Todo a su alrededor era oscuro, negro y sólo lo guiaba una luz brillante. Ella lo atraía para sí, lo atrapaba. A él le gustaba esa sensación que lo enceguecía. Se veía, a su vez, urgido por irse, quería escapar y dar la espalda a los rayos luminosos que lo requerían. Era una situación apremiante. Y él no deseaba apartarse de ella. Era un enamorado de esa encandilante fluidez, que en medio del telón negro, parecía un faro para un argonauta. Tratando de decirse así mismo "no", revoloteaba con suma rapidez proyectando espirales, círculos y tirabuzones aéreos. ¡Era toda una maravilla!
Sin sospecharlo siquiera, absorbiendo todo eso, agradable y lumínico, no trazó bien sus cartas de navegación espacial. Sin desearlo, entró en un pozo cilíndrico, invisible, silencioso y quieto, y sólo se percató de ello cuando toda su masa aerodinámica sintió una pared dura, transparente y muy fría, sobre la cual, aterrado y repetitivo, chocó varias veces. Su obstáculo era perseverante; no se apartaría del camino de ese intruso volador. Permaneció allí, callado e inmóvil.
Él, en su afán por escapar, no pensó en la salida: subir hacia la oscuridad del cielo, ese escenario nocturno, que se posaba sobre él como esperándolo.
Estaba demasiado enceguecido como para esquivar situaciones peligrosas. Intentó la suerte descendiendo por el tubo, y algo menos duro lo frenó. Algo líquido y casi pegajoso para él y más frío aún. Tuvo la ventaja de ser liviano, poco denso y flotó. Estaba muy aturdido. Logró moverse sin sentido determinado. Probó el líquido que le pareció algo dulce, pero no podía comprender qué era. Agua no, la conocía bien, sin embargo ella estaba incluida, le era familiar el gusto.

Trató en vano de zafarse de esa extraña red. El líquido untuoso prácticamente lo inmovilizó. Se sentía asqueado por ese sabor dulce que le quemaba las entrañas. ¡Pobre volador!, ya nada lo sacaría de esa situación. Rápidamente comenzó a pensar en sus compañeros, en su familia y en todos los vuelos que había realizado esquivando, en su corta vida cualquier problema aéreo.
"Pero esto". . . – pensó- "esto es muy extraño". . .
Y a medida que pasaba el tiempo se fue debilitando más y más. "Todavía soy joven –se dijo a sí mismo- ¿por qué esto, ahora cuando más esperan de mí?"
Al rato, una mano fría y lisa, como una especie de pala, se acercó suave, pero firmemente hacia el pobre intruso. Lo tomó decidida y la víctima se dejó llevar sin vida. Lo dejó tranquila sobre un plato.
Y alguien, dejando la cucharita dijo:
- ¡Ah!, por fin saqué el bicho, ahora me tomo el jugo de frutas.

Mera sugestiónMera sugestión - Fernando Sorrentino, Buenos Aires, Argentina

Mis amigos dicen que yo soy muy sugestionable. Creo que tienen razón. Como argumento, aducen un pequeño episodio que me ocurrió el jueves pasado.
Esa mañana yo estaba leyendo una novela de terror, y, aunque era pleno día, me sugestioné. La sugestión me infundió la idea de que en la cocina había un feroz asesino; y este feroz asesino, esgrimiendo un enorme puñal, aguardaba que yo entrase en la cocina para abalanzarse sobre mí y clavarme el cuchillo en la espalda. De modo que, pese a que yo estaba sentado frente a la puerta de la cocina y a que nadie podría haber entrado en ella sin que yo lo hubiera visto y a que, excepto aquella puerta, la cocina carecía de otro acceso; pese a todos estos hechos, yo, sin embargo, estaba enteramente convencido de que el asesino acechaba tras la puerta cerrada.
De manera que yo me hallaba sugestionado y no me atrevía a entrar en la cocina. Esto me preocupaba, pues se acercaba la hora del almuerzo y sería imprescindible que yo entrase en la cocina.
Entonces sonó el timbre.
--¡Entre! --grité sin levantarme--. Está sin llave.
Entró el portero del edificio, con dos o tres cartas.
--Se me durmió la pierna --dije--. ¿No podría ir a la cocina y traerme un vaso de agua?
El portero dijo "Cómo no", abrió la puerta de la cocina y entró. Oí un grito de dolor y el ruido de un cuerpo que, al caer, arrastraba tras sí platos o botellas. Entonces salté de mi silla y corrí a la cocina. El portero, con medio cuerpo sobre la mesa y un enorme puñal clavado en la espalda, yacía muerto. Ahora, ya tranquilizado, pude comprobar que, desde luego, en la cocina no había ningún asesino. Se trataba, como es lógico, de un caso de mera sugestión.


De El regreso. Y otros cuentos inquietantes (2005).

Buenos Aires, Editorial Estrada, 2005, 80 págs.

SIN PENA NI GLORIA - Juan Carlos Vecchi - Olavarria, Buenos Aires, Argentina

Rompió el espejo el viernes a la noche, medianochando un desgraciado pronóstico popular.
Volvió el sábado sin novedades por los cuatro cardinales de la vida.
Cuando se hizo domingo, lo velaron sin pena ni gloria; salvo Gloria Pérez, el último de sus amores, quien dejó en la sala cuatro o cinco lágrimas y un ramo de flores insatisfechas.
El lunes lo enterraron unos pocos, los mismos pocos que el martes lo pasaron a olvido.
¡A la miercole! ¿No eran siete los años de desgracia cuando uno rompe un espejo?

Cuando la lluvia Magdalena Márquez - España

Hoy me he despertado temprano y llovía. Me gusta ver llover tras los cristales y seguir las gotas con los dedos como sigues las lágrimas en un rostro querido. Pero esta mañana no me he acercado a la ventana, he dado media vuelta en la cama y he cerrado los ojos para oír a la lluvia caer.

Estoy sola, aún es muy temprano, el sueño aprisiona mis ojos, invade mi cuerpo. No quiero dormir, me asusta que la lluvia se detenga, no volver a oír su repiqueteo en los cristales, no verla deslizarse perezosamente, con la misma desgana que me estiro debajo de las sábanas antes de incorporarme para iniciar el rito acostumbrado. Primero a la cocina, a preparar el café bien cargado que me permita empezar a funcionar, mientras se calienta, al baño a lavarme los dientes, a mojarme la cara frente a ese espejo que se empeña en regalarme cada día una nueva arruga. Hoy no estoy para hacerle caso.

Llueve, es una lluvia suave, melancólica, que me trae recuerdos… no, que me regala sueños. Sueños de otros días lluviosos no vividos; de paseos compartidos mojándome, mojándonos; de chapoteos en los charcos y de risas, y de caras extrañadas de la gente que pasa a nuestro lado, y más risas. Esta pertinaz lluvia quiere traer nostálgicos recuerdos, quiere asentar en mí la melancolía de los tiempos pasados sin darse cuenta que el pasado no existe. Cojo el tazón humeante de café y voy de nuevo hacia el baño, pasando por delante del despacho. Sin quererlo miro el escritorio, el libro que quedó anoche abierto, el cuadernillo con las anotaciones, los bolígrafos de colores con los que garabateo según leo, el portatil… el portatil. Y otra vez viene a mi cabeza la conversación de anoche, y la despedida de esas que no me gustan y que por eso nunca haces pero que fue tan triste como si estuviese escrita, y tu canción, aquella que nunca te dejo terminar “All my bags are packed, I'm ready to go I'm standing here outside your door I hate to wake you up to say goodbye. So kiss me and smile for me, tell me that you'll wait for me, hold me like you'll never let me go. I'm leavin' on a jet plane, I don't know when I'll be back again. Oh, babe, I hate to go.” Y para qué voy a encender el ordenador, seguiré estando sola, y le doy al botón sin pensar, y sigo tocando las teclas mecánicamente porque aún no me he tomado el café que se está enfriando en una esquina de la mesa. Y los mensajes saltan a la pantalla, breves, noctámbulos, casi desde la escalerilla de ese avión que te aleja de mí.

Llueve, y las gotas resbalan plácidamente por el cristal como si fueran lágrimas de alegría en un rostro amado, y no las seco, las sigo con los dedos. Y apuro el café que se ha quedado frío. Y me dirijo al baño a encararme al espejo que me regala una nueva arruga. Y le acepto el regalo agradecida porque es un nuevo signo de vida. Y dibujo esas marcas con los dedos como si fueran surcos dejados por esa lluvia que no me trae recuerdos del pasado. Porque el ayer no existe simplemente porque no estabas tú.

Regreso al pasado - Agustina Aleman - Buenos Aires, Argentina


Sabe que la ingesta de una sola pastilla le permitirá regresar al pasado.
La causa sigue su curso inexorablemente, el gran robo a la caja de caudales debe ser esclarecido.
Confiado bebe, cree que de aquella época no hay sobrevivientes .
No dejó pistas.
El inspector mira los expedientes, desea cerrar el caso.
Un cabello de mujer permite realizar la prueba genética, aún conserva el perfume, le resulta conocido, vuelve a ensobrarlo.
Afuera un hombre avejentado, sonríe.
Busca entre sus ropas una dirección, camina libremente.
La casa se conserva idéntica, pareciera que los años no han pasado.
Detiene su marcha, detrás de la enredadera, ella despide a una joven muchacha, ambas tienen el cabello ensortijado, las ama de lejos, añorando el pasado en familia. .
Una patrulla pide que exhiba los documentos, en la última hoja un mechón de dorados cabellos aprisionados como los recuerdos.
El ADN indica compatibilidad en las hebras de pelo.
Medios nacionales dan la noticia, regresó al pasado, pederá la libertad para siempre.
Solo en su celda llora por el amor perdido, los años no pasan en vano, siempre se vuelve al lugar del delito.
Otro caso resuelto, risas y llantos, acompañan el momento.

LA PERDIDA, SAMUEL "LITO" LIJOVITZKY - Israel

Arrugaba entre sus manos la carta que minutos antes había retirado del correo.
Abrió el sobre con mucha ansiedad. Leyó lo escrito. Se le nublaron los ojos por las lágrimas.
La gente pasaba apurada a su lado, sin tener en cuenta su estado emocional.
Tenía dos palabras grabadas en su retina: LO SIENTO.
No podía creer que se haya ido de su vida. Sin el su vida ya no era la misma.
Sentía pena y angustia. Una y otra vez se lo repetía a si misma: "no es cierto, no puede ser, el va estar allí esperándome cuando regrese a casa"
Preparó la maleta, reservó un pasaje para el próximo vuelo, se dirigió hacia el aeropuerto.
Horas después abría la puerta de su casa, todo estaba sumido en un profundo silencio.
Sin pasos, sin ruidos, sin nada.
Recorrió todas las habitaciones buscándolo en vano.
Al no encontrarlo, cayó abatida sobre el sofá.
Sobre la mesa pequeña había un retrato, allí estaba su foto. Las lágrimas le brotaron al instante, apretó muy fuerte contra su pecho el marco.
Pobre Bobby, pensó, dieciséis años juntos.
Su más fiel compañero.
Lo había recibido de regalo del que fuera su esposo, en el día de su cumpleaños.
Lo crió. Lo cuidó con mucho esmero. Hoy ya no está junto a ella. A él también lo perdió.
El veterinario no le había dado ninguna esperanza de poder salvarlo de la enfermedad que lo acuciaba.
En ese momento, escuchó el timbre de la puerta de calle.
Al abrir vio a dos niños que llevaban en sus manos dos cachorros de color café
- Señora, nos quiere comprar usted uno?

Rondando la quebrada, Stella Maris Taboro


Justo cuando la luna y el sol estaban en conjunción, recorrió como un sagaz tigre que recorre la selva al pucará , que devoró parte de la ladera para brotar en vergeles y alimentos determinados por la altura en sus infinitos modos.
La pacha mama resurgía en el viento de las quenas que asombraban a las escasas aves besando el cielo. Quizás bajaban a los escalones de la fortaleza, la magia embrujada de la chicha ensangrentada por el conquistador.
Tal vez desde el Río Grande llegaban las llamas y se echaban, adorando al sol esquivo de la Puna , junto a los parapetos donde un coya prestaba al paisaje el colorido de su poncho . No recordaba la primera vez que estuvo allí , ni siquiera titilaban dentro de ella los recuerdos placenteros del pasado, con aquel sol cobrizo y el viento marcando con fuerza a los nativos que nacían para adorar al inti y morir en el vientre de la pacha mama dentro de un hueco vientre de alfarería .
Los hilos de agua que bajaban cansados y débiles ,cantaban leyendas milenarias y supersticiones con letras de rituales ancestrales Casi un sincretismo perfecto ,casi sobrenatural , ribeteados por los antiguos andenes de cultivo en esas alturas, que sólo mascando coca soportaban .
Justo alli cuando la luna y el sol en conjunción estaba, se retiró muy lejos el alma de aquella vajilla rota que vio romper el sueño de una cultura milenaria ,esa cultura que quiso recorrerla una vez más en el viento de la puna que descendía por el pucará de Tilcara .

MARÍA LUZ… LUZ MARINA, Norma Padra, Buenos Aires, Argentina


En la castigada ciudad de Puerto Príncipe, María Luz y uno de los tantos guardacostas, formaban una linda y feliz pareja hasta que un día él partió, hacia el país de las almas perdidas.
La tristeza invadió el corazón de ella, que fue encerrándose en un cono de pena al que nadie podía ingresar.
La veían solitaria y agobiada deambulando por la orilla del mar a la hora en que sol entrega su energía, y también por las noches cuando la oscuridad la obligaba a iluminar su paso con un humilde farol cuya luz concluyó por atraer a las mariposas que se convirtieron en su única compañía.
Una mañana la vieron bordando esas maravillas aladas con la espuma que el mar dejaba en la orilla. Terminada la obra, se vistió con su níveo tejido y así fue cobrando vida su nuevo y mágico aspecto.
Aquella tarde todos asistieron al misterio de cómo era llevada por los aires al compás del aleteo de sus compañeras y, desde ese momento, el viento suave jugaba con ella mientras la rodeaban miles de mariposas blancas. Hasta que hubo una tormenta muy fuerte y María Luz fue arrastrada por ráfagas huracanadas que la llevaron lejos.
En lo alto del cielo se la vio flotar.
Hoy descansa su cuerpo en un campo cerca del mar donde crecen flores multicolores y nacen mariposas todos los días.
Cuenta la leyenda que los pescadores, en las noches de luna llena, la ven volar con su vestido de mariposas y luciérnagas.
Su imagen se multiplica por miles al reflejarse en las ondas marinas y se diría que, mientras ellos pescan, ella los acompaña, iluminándolos.

Distancia, Gabriela Agilda, Buenos Aires, Argentina

Estiro mis brazos para recuperarte, pero el océano me devora. Dime qué hago aquí, si mi cuerpo me cuenta centímetro a centímetro la huella de tus manos sobre mi espuma. Sé que estuve allí. Sé que anclé en ti. En otro plano. Tal vez en otra vida. En tu tierra lejana. El testimonio de tu recuerdo es la fuente de mi historia. Tu placer está sellado en mis rincones más celosos. Está escrito en mis páginas más íntimas. El mío, anida en las tuyas. Lo sé. Lo sabes. Los dos sabemos. Dime si no, cómo puede mi esencia de mujer embriagarse con sólo nombrarte. ¿Es acaso mi noción de ti lo que me gobierna? Me resisto a creerlo. Me resisto a sofocar tu susurro gitano cuando desnuda mi cuello y me posee. ¿Es sólo mi noción de ti? No, amor…Sé que mis partículas estuvieron entre tus dedos en otra era. Mi deseo ancestral delata tus caricias en extinción. Y estás ahí, en mí, como aquella vez, como desde entonces.
Dime por qué canto canciones mudas. Porque eran tu arrullo mientras me amabas. ¿Será tu tradición oral la que quiso divulgarme? Para volver a amarme, para recuperarme en otro tiempo, para acunarme en brazos eternos que ya no me dejarán ir. Dime cómo mi nombre desnudo suspira el tuyo y se pierde. Dime cómo mis manos dibujan tu rostro sin haberlo visto, como mi vientre rememora espasmódicamente tu arte rupestre sin haberlo gozado. Dime cómo. Dime. Todo está escrito. Nárrame entera. Tu cronología estalla en mi pecho. Quiero revivir. Tu archivo secreto atesora mis crónicas. Necesito recrearme. Como desde entonces. Como cada vez.
¿Cómo modelo mi pasado en tu presente? Dime cómo. Quiero caminar tus añoranzas. Quiero aturdirme con tu canto contemporáneo; quiero inventar mi reflejo en tus ojos incrédulos. Sin tiempo, sin espacio, sin apuro. Necesito posarme en tu aliento, para corporizarme, para que me recorras y me resucites encendida en tu deseo, entre las sábanas de nuestro encuentro interrumpido por la línea del tiempo. Necesito ser. Ahora. Dime cómo. Si tú estás allí y yo aquí. Necesito renacer. Fecúndame con tu ilusión. Puedes lograrlo. Escribe mi historia futura. Sabes cómo hacerlo. Hazlo. Hazme.

EL PREDADOR - Fernán S. R. Banda, Santiago, Chile


Era bien entrada la noche. Escondido entre los densos arbustos se recostó extenuado. La luz de la luna atravesaba apenas el entramado de aquella espesura. Durmió inquieto, como adivinando una presencia perturbadora. Despertó con el leve crujido de una rama al quebrarse. En la penumbra se escuchaban ruidos feroces pero lejanos. Permaneció quieto aguzando el oído, escuchó con claridad el susurro de algo escurriéndose entre el follaje. Con los ojos entrecerrados vio acercarse como una sombra brutal la sanguinaria fiera, era negra, imponente, sigilosa. Por instinto supo que no debía moverse, ni siquiera respirar, hacerle creer que estaba muerto. La fétida cercanía tenia olor a sudor, a baba caliente, a sangre seca. Intuyó en esa sensación un residuo del terror de la ultima víctima. La inmovilidad era una tortura, le dolían los músculos agarrotados por la tensión. Con ansiedad contenida sintió la húmeda nariz recorriendo su piel, olfateando su cabeza, buscando con lentitud el cuello. En ese momento casi pudo respirar el vaho de aquel aliento feroz. Vio como replegaba los labios disponiéndose a morder, en la penumbra los colmillos resplandecieron con destellos filosos. Entonces, con un movimiento rápido, preciso, giró la cabeza abriendo sus fauces, y la atrapó.

Silencios - Gabriela Agilda, Argentina

Las palabras del sacerdote sonaban a lo lejos. Diego quería concentrarse en la ceremonia, pero no podía. Estaba convencido de que su pequeño hijo padecía el mismo extraño mal que había sumido a su mujer en el silencio más absoluto desde hacía un tiempo. En ese preciso instante estaba observando con angustiosa resignación cómo los otros niños lloraban luego de que el sacerdote les mojara la cabeza sobre la pila bautismal, mientras su hijo no emitía sonido.
A poco de confirmar el embarazo, su mujer había enmudecido de un momento para otro. En un principio Diego lo había atribuido a la emoción que la gran noticia le producía, pero ella nunca recuperó el habla. Ninguna de las especialidades médicas que consultaron había podido dar un diagnóstico. Hasta la alegría que el dolor del parto le produjo había sido silenciosa. Ella lloraba lágrimas mudas. Por momentos, a pesar de la presencia del bebé, el silencio en la casa era ensordecedor. Diego había llegado a sentir que él tampoco tenía necesidad de hablar.
La ceremonia finalizó. Su mejor amigo estaba orgulloso de ser el padrino del niño y ambos se emocionaron en un abrazo fraterno. Los invitados se sumaron a los saludos. “¡Qué caprichosa es la naturaleza!”, comentó uno de ellos. “Este bebé se parece más a su padrino que a su padre…” Las risas de los presentes ahogaron las miradas de los dos hombres. A partir de ese momento, Diego y su amigo también se quedaron mudos para siempre.

La loca - Carlos Adalberto Fernández, Buenos Aires, Argentina

Estás loca, Ana. Desvariás, Delirás. Ya no te puedo cuidar. Estosseñores de blanco se van a ocupar de todo. No llores, nos veremostodos los domingos. Chau.Ana siguió con la mirada a Juan, luego a la ambulancia que se lollevaba. Reprimió un sollozo, y siguió limpiando la casa.

La lujuria consumista, Pablo Costa, Buenos Aires, Argentina

Dos gotas de arte pinceladas en lagrimas. Expresión artística del sentimiento, como este párrafo que ha sido escrito desde el alma.
Sensación de miseria eufórica plasmada en un papel, legado de quien nunca morirá, ya que su obra trascenderá los pasos del tiempo. El recuerdo vivo de quien quiso sacar la sangre fuera de las venas.
Cada sueño es sinónimo de obra, cuando se expresa. Guiones relatados por la imaginación del artista.
La tendencia social consiste en encerrar a las personas en bloques de hielo para congelarlas y así anularlas. La maquina esta en funcionamiento. Cada engranaje esta maldito, ruedan aceitados por sangre, necesita consumir mas y más y más.
La humanidad esta en su pico máximo de subdesarrollo mental, la estética y la apariencia ganaron la batalla de la integridad. La mortadela fue sustituida de las góndolas por la rucula y los bares por gimnasios, donde orgías de maricones miran sus carnes frente a un espejo, mientras huesudas anoréxicas y señoras entradas en carnes, preparándose para la temporada primavera/verano, saltan al ritmo de sonidos de resortes. Pum-pum, pum-pum, un, do´, pum-pum, la cola parada, pum-pum tre´,cua´, pum-pum, eeeessso chicas pum-pum, chingui-chingui, mantengoooo...
Es terrible y preocupante. Terrible por la catástrofe de supervivencia a futuro de la especie, preocupante porque el monstruo crece, ha roto las barreras de contención. El consumo sobre la creación, los rebaños sobre la riqueza propia de cada individuo.
Mientras el artista sigue marginado, el arte no vale. Lo que vale es el nombre del autor que la maquinaria quiere vender. Y se vende por dinero!!! Sujetos a modas y tendencias
Sin embargo sigue creando, ignorado, para si mismo. A nadie le interesa, aunque tal vez cuando este muerto se lo recuerde mediante su obra con nostalgia.

Ni imagen ni semejanza - Rubén Valle - Mendoza, Argentina

Al unicornio de humo lo hicimos con las manos. Una vez que el abuelo empezó a hacer anillos con su habano, los tres tomamos por asalto esas densas nubes de juguete y armamos al unicornio según la imagen que nos hicimos de él a través de los cuentos de la abuela. El resultado fue un extraño trozo de humo que ningún bestiario en sus cabales hubiera admitido. Era el animal más humano del mundo. Se parecía a un pez con la cara de mi madre pero nada que ver.

Negativo de mí, Rubén Valle, Mendoza, Argentina

Aunque me digan que estoy loco, la muerte, la sangre, las heridas, no son iguales en todos lados. Algo creo saber del tema. Llevo veinte años llegando con mi cámara en ese justo instante en que los cuerpos aún supuran sus malogrados 21 gramos. Lo hice en Chile, en Bolivia y ahora en el DF mexicano. Todas esas caras que no se verán publicadas anidan en mi cabeza simulando una exposición a la que sólo yo tengo acceso. No es nada fácil. Yo no duermo y mi mujer tampoco. Grito por las noches, repito sus nombres, les hago respiración boca a boca, les tomo el pulso. Hasta rezo por ellos. De día soy otro. De día, los cazo con mi lente como un sicario que cuida cada detalle; no me importa si tengo que acomodarles un brazo o una pierna para que luzcan mejor en la foto. Ellos son mi alimento. Con ellos pago la cuota del colegio de mis hijos y el geriátrico de mi padre. Antes que lo pregunten, lo digo: no siento culpa ni pena. Para eso están mis pesadillas. En ellas pongo las cosas en su lugar. Allí a los únicos que no toco es a mis muertos. Allí mi corazón es un cuadro mal colgado y sólo ellos, si quieren, pueden ponerlo en su justo lugar.

La espera - Senén Rodríguez Perini, Barcelona, España

Lentamente fueron llegando a la capilla. El tiempo gris, lluvioso, acompañaba los acontecimientos – como siempre pasa – hacíendo todo mas difícil. Tantos días de frío y humedad congelaban los mármoles del cementerio. Juan los estaba esperando pacientemente desde hacía varias horas, con su mejor traje, camisa de estreno, corbata al tono, impecables zapatos clásicos perfectamente lustrados y cuidadosamente peinado para la ocasión. Cuando llegaron no tuvo reclamos para nadie, no se molestó por la espera, le sobraba paciencia. Él estaba en el cajón.

El vigilante dormido - Pablo Costa, Buenos Aires, Argentina

Tenia que salir del cráter. Solo gas en el aire. El piso de metal era frío, como nieve estando descalzo. Me quedaban poco minutos de vida. Prefería morir antes que seguir padeciendo tanto dolor.
No se como llegué hasta aquí, viajé durante días, tal vez minutos...no lo se. Recuerdo haber estado en un camino, cuando sin pensarlo seguí avanzando hacia el horizonte infinito. Me dejé guiar por un pájaro que parecía una señal, el batir constante de sus alas, no parecía cansarse.
¿qué buscaba? no lo recuerdo.

Algunas veces exploramos nuestra conciencia y nos perdemos en ella, sin saber que es nuestra, sin saber que somos los únicos habitantes de nuestras mentes. Si existe un lugar privado, solitario y desconocido es la propia conciencia. Esta ahí, sólo hay que saber descifrarla. Limitarse está en cada uno, perderse también.

Por eso me dejé morir ahogado en mi propia ignorancia.

El Derrumbe-Elisabet Cincotta/Argentina




Muere ante los ojos el antiguo edificio, sus cimientos se desgranan por el tiempo. Ruidosamente se repliegan las paredes, cada caño se retuerce. Muere como con rabia, con crueldad muere. Vestigios acumulados de historias en sus destruidos muros sobresalen como puntas hirientes. Imposible no mirarlo, es el tiempo que ha pasado, es el fin de algunas glorias.

Me siento en la vereda de enfrente, lo observo con mi copa de vino entre las manos. Brindo por él, por su victoria... ¿yo me habré salvado?

La víctima-Loreto Silva/Chile



Desde que llegamos a la caja del supermercado se escuchan tus gritos, ahora reclamas por las bebidas, antes fue porque eran papas fritas de caja. No me importa que chilles y saques los productos del carro.


Cabizbaja y silenciosa, los recupero y se los pongo en la mano a la cajera, quien nerviosa y desconcertada los registra en la máquina. El atún habría pasado sin drama, pero compre del bueno y caro ¡lo devolviste! Nuevamente, reptando bajo tus gritos destemplados, tomo los tarros y los entrego a la cajera. Si levantara los ojos vería en su mirada profunda lástima por mí y, quizás también rabia por dejarme sojuzgar. Sigues zahiriéndome, más ahora, que viste las pantuflas que adquirí.

Ya completé la compra, pero todavía vociferas, así que, silenciosamente agrego chocolates y dulces. Por fin callas y lívido sacas la tarjeta de crédito y pagas la cuenta.

Siento como nos miran, ya sin disimulo, se lo que piensan: “Pobre tipa, ojerosa, avejentada, gorda, desaliñada, humillada y sometida por este abusador, ¡desgraciado! yo jamás soportaría que me tratasen así”.

Pero ellos no saben que tú, bien vestido, de mal genio, con tus gritos y desaires vives sometido a mí. Que soy, en definitiva, la que toma las decisiones en esta relación, que si no miré a la cajera fue para que no viese mi risa burlona. ¡Porque me río de ti!


Mi madre me lo enseñó desde pequeña, “mantén siempre endeudado a tu marido, así nunca tendrá para gastar en otra”.

Alicia Abatilli-Río de Escamas/Córdoba-Argentina


A veces creo que el dolor va haciendo crecer en algunas personas algo así como pequeñas escamas, cada vez más duras para ser penetradas.

Nada los conmueve. Los otros tendrían que saber muy bien dónde pegar para lograrlo, pero ellos se encargan que nadie lo descubra.

Cada vez que evidencian que alguien "duele", cierran esas escamas- coraza a voluntad, como para no contagiarse, para no ser vulnerables quizás.

Llegará algún día que de tanto amontonar dolor, las defensas colapsarán y ahí sí veremos cómo se van desgranando en lágrimas, hasta convertirse en un río de escamas.


DEL CUERPO Y LA MEMORIA - Eva Durán, Alemania

La noche me cubre y tú me entregas en la boca todo cuanto cabe entre tus manos. La vida es una en nosotros, en esa caricia en la cual confundo tus manos con mi boca, donde no se sí es tuya o mía esa lengua, de quién esa piel, y de dónde entonces esa mano que hace suyo un seno que está no sé dónde, porque no sé quién está arriba o abajo, ni quién cuándo o por qué, de quién ese ser que se adentra y se derrama, en el grito que hiere cuando llegas. Y respiro para atarte a ti, mi esposo, ropa henchida en el piso, silencio y cuerpo que ignoro, que abrazo, sin razones para negarme a tu cuerpo, sus tentáculos de fuego, sus cavidades de hiel. A salvo de la ciudad y sus mentiras. Los dos tan hundidos, tan perdidos y felices. Serpientes que se tragan en el beso, del beso que bebe, de dientes que se afilan en tus dientes. Enloquecida, desmadejada, abierta, hago mía cada parte de ti y de todo lo mío que tú eres, simultáneamente, deseando que quepas todo entero. Princesa en este breve y tan tuyo espacio, escenario de una historia tan pequeña. Hacia ti me extiendo, para consumir en tus nalgas el último rescoldo de la niña que nunca más volverá a ser entre tus brazos. De cuerpo a cuerpo, golpea, golpea, golpea. Senos que queman que anhelan estar en tu boca. Boca que marca y sangra. Todo ocurre para siempre en el instante. Vente ahora adentro, ahora que te amo, que soy sorda, insomne y maleable, atrapada entre tu cuerpo y la ventana, amante en el alma y en la piel. Amanece y el sueño se ha ido de mi rostro, abrazo tu espalda, feliz y extenuada, en el dulce miedo de saber que nada existe. Llega a mí la realidad, ese mundo que me arrastra hacia mi mundo. Palpo mi cuerpo para saber que sigue ahí, quiero más pero no hay caso, es hora de empezar otra vez, de tomar café cargado mientras tú mi amado extraño vas y vienes por las blancas paredes. Solo que no sabes que esta vez me quedare contigo para siempre, un segundo después del primer beso, de dejar atrás nuestra húmeda, profunda y definitiva primera noche en la oscuridad.

http://laciudaddelaspalabras.blogspot.com/

Las palabras - Anaís, Las Palmas de Gran Canaria, España


Las palabras se tensan, se adelgazan, forman una pequeña línea que, a veces, se nos esconden. Viven en el viento, en la luz, en la brisa, en la espuma, cualquier rincón es bueno para ellas. Se desparraman en un torbellino sin fin que, casi, no podemos controlar y se agolpan, como olas, a la espera del papel en blanco .Son hermosas, contrahechas, antitéticas, palabras al fin, que nos llenan la vida a corazón abierto.
© AIHG

En el piso, brotado salpicado - Andrés Villela Elizondo, México

En el piso, brotado, salpicado, termino con una apariencia de un sueño que no he de morder, y es un placer estético el no pensarte, porque ayer que no llovía, como lo días en que no hay lluvia me distraje con una historia de una virgen que no quería ver la imagen de las finitas mujeres satisfechas por la mañana, que por ser matinales se sonrojan, que por ser sonrojadas como duraznos perduran en mi lengua inequívoca que palidece en...el piso, brotado, salpicado, termino por seguir al ego y me quedo en la presunción y es que cuando soy mas farsante, es que puedo contar una historia, como ayer que no llovía, como lo días en que no hay lluvia pude ver que en la esquina del universo, estaban el alter ego, el yo y el superyo, y ahí en esa esquina, no pude más que resoplar una alarido para la disfunción mental, borre el pasado y la historia farsante quedo en el piso, brotado, salpicado…

Ancianos - Gaviota Romero - España / Suecia

Dedicado a nuestra querida gente mayor


10-05-1999

Hoy día, en un mundo carente de amor y de respeto al prójimo.
Se ven a las personas ancianas como un estorbo, una carga difícil de llevar.



A estos ancianos los abandonan en gasolinera, cuando llega el tiempo de las vacaciones u hospitales, alegando enfermedades que en la mayoría de las veces sólo es consecuencia de la propia vejez, y carencia de amor.



En lo mejor de los casos los dejan en residencia para la tercera edad; suena mucho mejor para algunas conciencias.




Todos debemos pensar, que si no morimos de joven, tarde o temprano nos hacemos viejos.




Mi madre me contó cuando niña un relato, que me hizo impacto en aquel momento, y siempre sigue emocionándome cuando se lo cuento a mis hijos.



Andaban por el camino polvoriento, padre e hijo, hacia un calor sofocante.



El padre arrastraba los pies, le costaba trabajo andar.



De vez en cuando miraba a su hijo con ojos tristes pero, el joven no se percataba de la tristeza que embargaba a su padre.




El anciano miraba sus manos ya no eran fuertes y firmes ahora estaban deformadas, y apenas tenía fuerzas en ellas.



¡Cuántas veces había levantado del suelo a su hijo! Cortando durante semanas los troncos que los calentarían en el largo y frío invierno.



Todas las mañanas madrugaba, para llevar las hortalizas al mercado del pueblo; sus manos entonces fuertes guiaban diestramente las riendas de los caballos.



Respirando profundamente, dijo con voz queda, ¿cómo podía una persona cambiar tanto con el paso de los años? Nunca obtuvo respuesta a su pregunta.



Sentía sus piernas pesadas pero, no obstante, siguió caminando hasta que sus piernas empezaron a temblarles.



Le pide a su hijo, que por favor hagan un alto en el camino, pues se siente agotado, así, que se sienta en una piedra, que hay en un lado del camino; saca un pañuelo, se limpia el sudor que baña su arrugada frente; y mirando al suelo comienza a llorar amargamente.



Su hijo, sorprendido le pregunta: -¿padre por qué lloras?



El padre con la voz entrecortada por los sollozos, responde:



-Hijo mío, hace muchos años atrás mi padre se sentó en esta misma piedra, cuando yo lo llevaba al asilo donde tú, hoy me llevas.



Él hijo con la voz temblorosa le dice abrazándolo... - ¡vamos padre, levántese! Regresemos a casa. El padre sorprendido pregunta, -¿no vamos al... asilo?



No padre, no quiero que el día de mañana mi hijo, llegara hacerme algo tan terrible, como yo pensaba hacer.



Cuando te haces viejo.



El tiempo, como el agua, que río abajo va



¡Nunca volverá a su origen materno!



El ayer recuerdo, siempre joven y bello.



¿Por qué no duró?



¡Sólo fue un momento!


¿Por qué nos parece el pasado mejor,

el presente aburrido, y futuro tan incierto?



Todo quedó atrás, se lo llevó el viento.



¿Qué pasa en mi piel?



¿Qué siente mis huesos?



¡Qué largo es el tiempo,

cuando te haces viejo!

La caja china - Juan Yanes, España


Colecciona literatura fractal, siempre ha sido un poco excéntrico. Pesca lagartijas por el rabo para que se muerdan la cola. Le gustan los textos que contienen referencias al propio texto, que se miran el ombligo. Textos autorreferenciales, espejos que multiplican las imágenes. Le gusta la narración tautológica, la escritura de la propia escritura, el escritor que escribe viéndose a sí mismo escribir sobre lo que escribe. El escriba Salvador Elizondo. La rosa es la rosa es la rosa es Gertrude Stein. Le gustan los ciclos, las repeticiones, esa recurrencia exasperante. Le gusta Escher. Pero un día, recibe un juego de cajas chinas. Abre el paquete y ve una caja de madera natural muy oscura, ébano seguramente. La toma en las manos, la mira. Está adornada con taraceas de marfil que hacen una especie de dibujo geométrico concéntrico. Cuando la abre no encuentra dentro otra caja que tenga otra y luego otra y otra, como esas historias que tienen dentro otras historias. Sólo encuentra un sobre cerrado con lacre. Una lágrima de lacre rojo. La rompe. Abre el sobre, pensando que será una felicitación o el agradecimiento por algo que no consigue recordar, pero no. Dentro del sobre hay una tarjeta. La lee en voz alta: «Esto no es un juego de palabras, dice. Está usted dentro de una caja china. La que tiene en las manos es la última».

Mulata de tal - Julia del Prado, Perú

Desde esa luna llena sale la mulata de tal, la marimba la recibe, estira su cuello, mueve su vientre, mira a la gente. Y luego corre al encuentro de Miguel Angel Asturias.

Y me dejó ... Carlos Adalberto Fernández - Buenos Aires, Argentina

Mañaña. Mañana, tené paciencia.
Me lo dijo el jueves. Lo recuerdo clarito porque el día anterior había sido miércoles.
"Prometo leerte mañana a la noche", me dijo.
Mojé la pluma en mis venas sangrantes, volqué palabras quemantes, hice de la vida un cuento.
Y entramos en mi tumba a esperarla, mi cuento y yo.
"Buscándose", se llamaba.
Buscando qué, si ni me muevo desde ese jueves
El sicomoro ya está crecido, sus raíces penetran el polvo que fue carne mía, comen mis huesos nutren mi memoria.
Pero no volvió.
Me quedé sin Amparo.

RIP

Loreto Silva, Chile


Estaba, como acostumbraba, mascullando mi resentimiento, ese que nació conmigo cuando me parieron. Me avisaron que morirías pronto y necesitabas pedirme perdón. Un destello de sonrisa triunfal cruzó mi rostro, esperé toda mi vida ese momento. Entré a tu habitación, vivías tan pobremente que me sorprendió. Siempre dijeron que eras rico y poderoso, mi odio se reavivó. Ahora que te tenía a mi merced tendrías que escuchar, cada palabra de mi discurso largamente meditado, te escupiría al rostro: el odio que recibí, la carencia de amor de madre, la envidia a mis hermanos cuando ella los acariciaba, te pasaría la cuenta de toda mi vida amargada de hija desamada e indeseada. A ella no la culpo, ¡pobrecita! bastante hizo con no abortarme y criarme a los catorce años, siendo yo la hija de un violador. Miré hacia tu cama, no vi a un hombre poderoso sino un bulto de huesos envuelto en pellejo, encogido por el dolor. Desestructurada e incapaz de insultar a un ser humano con esa implorante suplica de perdón, en las pupilas acuosas, atiné a preguntar. ―¿Le duele algo? Me respondiste con voz temblorosa.―La conciencia hija, me duele la conciencia.

Tolerancia Total//Loreto Silva-Chile



La señora Caracol era diferente a los de su especie, esto causaba escozor entre los miembros de su comunidad sobre todo entre las otras caracolas, como era simpática los machos le tenían cierto aprecio, pero ellos no lo reconocían delante de sus esposas, a los jóvenes les parecía valiente ella hacia lo que quería sin molestarse en dar explicaciones y la admiraban por ello; a los niños les parecía muy entretenida, claro, excepto cuando dormía.

Y ese era su pero, a diferencia de los de su especie, su herencia genética debía tener alguna información confusa o errónea porque insistía en ponerla a hibernar todos los otoños cuando las hojas caían, bastaba este simple fenómeno para que el sueño la consumiese y se enroscase en su concha, guardara su cola, cerrara la puerta y a dormir se ha dicho.

Quizás qué habría sido de ella si el amoroso señor topo no hubiese asumida su cuidado, él vigilaba a su amiga cual centinela leal y con los dedos de sus manos peludas le sacudía la caparazón y la protegía de los extraños. Durante el invierno, cuando llovía él la llevaba rodando al lado más alto del jardín y si nevaba se preocupaba de ponerla al interior de su madriguera para que no se congelara.Ella, ajena a todos los cuidados que su situación requería, obedecía a su naturaleza diferente y dormía profundamente al interior de su caracola, tan profundo era su sueño que a veces el señor topo se asustaba de su letargo, pero había descubierto que bastaba con sacarla al aire primaveral para que la luminosidad de los más largos y cálidos días le avisara a este ser extraño que era hora de despertarse.

El había visitado la biblioteca para investigar todo lo referido a enfermedades sicosomáticas y mentales y hasta estudió un tratado sobre hibernación, pero nada le daba luces para entender por qué su adorada amiga Caracol se dormía al llegar el invierno. El terminó por considerarla un "caso", todo un "caso" y finalmente la aceptó, entendió que la vida junto a ella era de sólo primavera y verano porque en cuanto el otoño llegaba ella caía presa de su profundo sopor. Y nada importaba sus deseos y soledad. Así pues, se tornaba nuevamente en su cancerbero.

Así Fue//Samuel Lijovitzky-Nazareth illit, Israel.


Y estaba allí tendida

La espalda tensa.

Gruesas gotas de transpiración cayendo desde su nuca.

Bajaban y se perdían en la humedad de la sabana


Jadeos

Sus ojos se abrían y cerraban

Apretaba las manos. Sus uñas hundidas en sus palmas


Jadeos

Respiración agitada

Temor

Dolor

Recuerdos

Todo su cuerpo vibraba


Jadeos....jadeos y más jadeos.


Abrió la boca

Surgió el grito ahogado

desde el fondo de su garganta

Sus ojos se abrieron inconmesurablemente

El liquido fluyó

Relajó su cuerpo...

Su hijo tan ansiado

Había ya nacido.

Suicidio//Andrés-Zamora, España


Iba, como siempre, ausente; pero el roce burdo de una piel en la mía me raptó del desenlace que ya soñaba feliz.
Eran diez mil arrugas en mi mano, eran cinco antiguos dedos, era una mano vieja que en mi mano joven se apoyaba.
La mano vieja y palpitante suplicaba de la mía vida que perdía.

Yo,receloso, aparté la mano y aquel cuerpo que sujetaba la mano comenzó a temblar hasta que cayó sin fuerza, como una mancha, sobre el asfalto negro.

Miré al monstruo que yacía y cargado de ira, loco, pisoteé unay otra vez sobre el asfalto negro aquella mancha vuelta negra.


Diréis: ¿fue un crimen? No, mis queridos hermanos.
Fue un suicidio.

La Carrera- Ito Kasuro (Perú)



Ella me tomó de la mano y me arrastró con su huida. Me hizo girar por calles, pasajes y avenidas. Me hizo chocar con personas sin siquiera mirar atrás. Corrimos sin decir una palabra. Fue hermoso. Romántico. Pero me agotó con su energía. Entonces, en el callejón más oscuro del lugar, se detuvo para besarme y decirme emocionada: “Es la primera vez que robo” Y recordé por qué corríamos.

http://tierragramas.blogspot.com/2006/11/microcuentos.html

La Cena//Juan Yanes




Salían a cenar. Salían a cenar con relativa frecuencia y cada uno de ellos llevaba a su pareja. Bebían, recordaban cosas comunes, criticaban a los ausentes y hacían una breve incursión en la política para pellizcar al gobierno. Al cabo de unas semanas volvían a verse para cenar juntos, beber, recordar cosas comunes, poner de chupa de dómine a los ausentes, hablar mal de los políticos y quedar para la próxima cena donde beberían, recordarían cosas comunes, despotricarían de los ausentes y hablarían, de pasada, de las políticas neoliberales del gobierno. Hasta que un día se reunieron todos los ausentes vilipendiados, se tomaron unas copas, pusieron a parir a los que se reunían a cenar y los criticaban, censuraron moderadamente al gobierno y quedaron para salir otro día a tomarse unas copas... Hasta que el gobierno se enteró.

Metamorfosis - Luciano Ribero, Córdoba, Argentina

Siendo algo totalmente inevitable, vino a ser testigo de una tragedia que parecía flagelarle los ojos; y es que creyó cruel e injusta esa transformación de su silla en un almohadón roto, sus platos de vidrio en hojas de diario y la cama en una pila de cartones sobre el suelo, y en éste, los mosaicos que se vieron sustituidos por tierra.

Al frío no lo había notado, pero sucedida la secuencia de la metamorfosis supo que siempre estuvo allí, y que de haberse podido cubrir con algo nada hubiera cambiado. El frío fruto de la preocupación, el frío al escuchar el eterno llanto de la beba, el frío que le venía con el miedo. No, no era cuestión de abrigo.

Así, se dio prisa a poner en práctica su mejor solución. Volvió a cerrar los ojos, de nuevo el plato de vidrio, los mosaicos con florecitas y la silla de madera y la cama de dos plazas. Estaría cálida, hasta que se repita el rugido del estómago y todo se transforme otra vez.

Elisabet Cincotta - Juan de todos/de nadie, Berazategui, Baires, Argentina




Juan nació entre chapas y cartones. Chamuscó las hierbas con sus pies descalzos, roció el horizonte de soledad y hambre.
Vio los días sin sol y el oscurecer mendigo de pan.

Juan sueña que lo aman. Tiene tanta crudeza en las palmas que le es difícil abrazar.
Resiente su camino limpiando parabrisas para algún patrón. Pechito desnudo, tirita la garúa entre su piel. Arriesga la vida entre semáforos del malón ciudadano.

Juan, del hogar sin lumbre, del plato sin sopa, de la lágrima olvidada y la justicia que no ve.
Juan del mundo lloro tu risa... tu puteada me hace llorar.


La despedida - Lady López, México

Era viernes. Llevabas un pantalón de mezclilla vieja, la camisa de algodón a cuadros que te regalé y los cabellos sucios y revueltos. Habías llorado y yo no sabía porqué. Fumabas dejando una estela gris como constancia de tu desesperación. La música quedó atrás. Quise descansar mi cabeza en tu hombro pero separaste tu mundo del mío. Recuerdo la violencia de tus palabras, las manos encrespadas, la sequedad de tus labios cuando quise darte un beso. Te miré a los ojos y respondiste con el silencio más absoluto. Esa noche el árbol se despobló de sus hojas, los astros apagaron su luz en el leve rocío que nos envolvía. Oscureció para los dos. Te sentaste a la orilla de la ausencia y te despediste de mí. Llegó el final. Comprendí que todo terminaba: la vida en común, los amigos, la casa, los hijos. Esa sombra que se interpuso entre nosotros arrebató mi felicidad. Rompiste el pacto al amarlo. Sacaste del bolsillo el dictamen médico. Cuatro letras devastadoras. En la sentencia llevabas el pecado. Las hojas secaron tu cuerpo, eras naturaleza muerta.



Espantapájaros - José Perpiñal, Israel

Parado, solo, con ropas raídas por el tiempo, la mirada perdida en el horizonte pero sin ver, mojado por la lluvia y sacudido por el viento, solo sin amigos ni los perros ni los pájaros se quieren arrimar, solo.
Que nos esta pasando que no tenemos valores o principios para ofrecer, el amor no se compra pero se paga al mejor postor, la amistad se encuentra envuelta en papel moneda, los sentimientos se guardan en un gotero para darlo en su mínima dosis. Y la palabra ya no vale como una firma.
Educar o adiestrar, esa es la cuestión. ¿ La libertad te da derechos sin obligaciones y lo viejo se tira o se guarda donde no lo veas.
Como al abuelo que no lo mandaron al asilo porque no se pusieron de acuerdo quien pagaba la cuenta si el que se quedaba con la casa ó los hijos varones ó las hijas ó. ó. ó.
Al abuelo le preguntaron y él contesto lo que ustedes crean que es lo mejor para ustedes ?
Al final en el cuartito trasero para que no lo molesten los chicos y solo con mandarle comida y las pastillas dos veces por día es mas que suficiente.
Al final solo, con la mirada perdida en el horizonte pero sin ver, sacudido por el viento, sin amigos, ni los pájaros ni los perros se le arriman.
La pregunta ¿cuál es LA DIFERENCIA?

Primera Vez/ Ito Kasuro-Chile


Me acarició la cara tiernamente. De sus ojos brotaban goterones negros, como pequeñas cascadas de carbón. Su pecho agitado subía y bajaba espasmódicamente, al ritmo de sus sollozos. La luz del poste nos iluminaba mientras yo la tranquilizaba. Mientras le decía que esas cosas pasaban. Que no tenía que sentirse culpable. Pero ella no paraba de llorar. Entonces la tomé de un brazo, la abrigué del frío de la madrugada y nos pusimos en marcha otra vez. Así dejamos atrás ese bizarro charco de vómito. El resultado de la primera borrachera de su vida.

Fotografía/ Luciano Ribero-Córdoba. Argentina


Quiso tomar la foto de la mesita de luz, esa donde estaban él y su esposa, en el parque, sonrientes. Cerró los ojos con fuerza, intentó alzar la mano. Movéte, carajo, movéte. Contorsionó los dedos como lombrices rabiosas y la hizo temblar levemente. ¡Ana, vení, me cago en Dio’! ¡Vieja inútil, ponéme de costado, ponéme de costado te digo! Ahora tenía la imagen enfrente.


El parque, las hojas de primavera. Niños corriendo en el fondo como para ambientar el paisaje. Un Edén, barriletes. Sol radiante y vivo, el pasto verde. Movéme más para este lado, Ana. Pegó la nariz contra la foto. Casi podía oler el perfume francés que le regaló alguna vez a su mujer, escuchar el sonido del agua bailando en la fuente mientras reposaba sobre el mantel a cuadros. Las palomas picoteaban migajas de pan en el suelo. El pelo le flameó casi tanto como la bandera que sostenía San Martín. El viento le acariciaba el rostro.



Y miró delante, con su mujer entre los brazos. Una señora sacudía inútilmente a un viejo postrado en la cama, mientras observaba asustada su sonrisa congelada de oreja a oreja.

Que ni pintado-Juan Yanes- Canarias. España



Pintaba cuadros. Pero cuadros sin tela, sin marco, sin dibujo alguno. Cuadros sin colores ni formas. Pintaba la esencia última de las cosas, decía y prescindía de los atributos accidentales.


Estaba muy cotizado, lo vendía todo, hasta su alma, que también era una esencia pura, apostilló con cierta envidia un pintor conceptualista que todavía no se había desprendido de la tela, ni vendido un cuadro.




de Bajo mínimos

http://mquinadecoserpalabras.blogspot.com/

Incapacitada- María Fischinger


Era sangre de su sangre y carne de su carne, tan pequeña, tan dependiente para satisfacer sus propias necesidades y ella estaba completamente incapacitada para darle los cuidados necesarios.
Las facciones y tez de la pequeña le recordaban a los asaltantes que encontró en una esquina sentados en una camioneta verde. Volvía a revivir los maltratos, los golpes que con mucho esfuerzo bloqueaba para no hundirse en la desesperación. Una mano le apretaba la boca del estómago y sollozante comenzaba a temblar incontrolablemente.
Su madre y su hermana se habían turnado para cuidar a la pequeña, pero hacia unos días que tuvieron que reanudar su vida y ahora ella se encontraba sola con la recién nacida. Se repetía que la pequeña era inocente de toda culpa, que su corazoncito había palpitado dentro de su cuerpo.
Se prometió que mañana la atendería. Hoy como ayer no podía hacerlo. Cerró la puerta para no escuchar el llanto y se metió en ducha. Estuvo mucho tiempo como acostumbraba desde aquel día del asalto. Quería que el agua se llevara sus recuerdos.

Tomó unas pastillas para ayudarla a dormir a pesar lloriqueo. La precaución ya no era necesaria, el llanto cesó para siempre.

LO MATÉ (CONFESIÓN)-Elba M. Bermúdez L.-Venezuela


Perdonarme:
Fueron años de tragedia.¡Lo tuve que matar!
Se me iba la vida esperando que funcionara.Cuando empezamos nuestra vida, pensé que había encontrado una aliadoQue me facilitaría la vida, que me haría sentir feliz a la hora de una reunión familiar;o por las noches, cuando quería calmar mi sed.Pero desde un principio fue un fracaso, nunca fue lo que esperaba…y con el tiempo fue de mal en peor.Me dejé deslumbrar por lo que decían los demás de el ¡todos lo admiraban!Por eso cambié al que fue antes mi compañero…Dios sabe cuánto pesar sentí el día definitivo de la separación, el pobre.Le arrojé a otra vida que quizás no merecía, supe que una desconocida le acogió en su hogar. Me alegré por él ya que yo había escogido a este otro llena de ilusión.La verdad en el fondo, la culpa, por dejarlo, me atormentaba, quizás por esa manía de aferrarnos al ayer o a lo que hemos vivido, he sabido que aún es útil en complacer a su nueva compañera. Pensar que él siempre fue estupendo conmigo y con todos los que me visitaban. No como este otro, que nunca me complació ni en los inicios.Y es que es un fraude, esperé que me dispensara con amor el remedio que calmaría mi sed, pero sólo podía saciarla atendiéndome yo misma. Y me cansé, dejé de quererlo y comencé a añorar el pasado y a mi ex compañero de antes y desear que el intruso desapareciera sin dejar rastro.Últimamente era más inútil que nunca y por eso empecé a planear como deshacerme de él, que me destruía todo, nada conservaba, todo se dañaba dentro de él y por ende me dañaba a mí. ¡Cuánto he perdido!¡Cuánto llegué a odiarlo! a veces soñaba que me desprendía de él por cualquier otro, el que fuera, cualquiera seria mejor que ese cercenador que todo lo pudría. Mira que lo consideré, era un asco.
¡Mírenlo! Tan bello que era y ahora está hecho un cadáver inútil que quizá nadie recogerá de la basura…a decir verdad, seguramente podría hacer feliz a alguien que se conformara con poco, yo ya le odio tanto que le condené a no vivir sin oportunidad o esperanza de otra vida, era él, o yo, la decisión se tomó
Soy yo!
COMPRÉ OTRO REFRIGERADOR!

Inocencia Incomprendida- Samuel Lijovitzky- Nazareth illit,Israel



Encontró la puerta abierta. Espió hacia afuera. Al ver que no habia nadie, salió sin mirar atrás.
Levantó la vista. El sol bañó su rostro.
Sin saber que rumbo tomar siquiera sus pasos lo llevaron lentamente hacia la plaza.
Había niños jugando en los distintos juegos. Se sentó en un banco a observarlos.
Su mirada se centró primero en la cabeza de ellos, luego en sus rostros infantiles, inocentes, ajenos de toda maldad.
Quiso en ese momento recordar su infancia. Había algo dentro de su mente que le impedía hacerlo.
De repente y sin darse cuenta de lo que hacia se paró.
Caminó hacia ellos. Lo miraron con asombro. Tendió sus manos.
Acompasadamente se movían hacia un lado y hacia otro agitando sus cabecitas.
De sus gargantas surgían distintos tipos de sonidos estridentes mientras cantaban todos juntos:
Manuelita.,,,,,Manuelita....Manuelita a dónde vas, con su traje de malaquita y su paso.....
De repente dos fuertes manos sujetaron sus brazos y lo inmobilizaron.
Déjenme jugar, déjenme jugar con los chicos... por favor
Gritaba a brazo partido, mientras los hombres lo arrastraban y le colocaban la camisa de fuerza y lo introducían en la ambulancia.
Los niños observaban atónitos sin entender lo que estaba sucediendo.
Instantes después continuaban con sus juegos, sin prestar atención siquiera del vehículo que se perdía a la distancia rumbo al hospital psiquiátrico.

El Malo-Jesús Alejandro Godoy-Argentina



Había un hombre que era malo.
No era malo por que no compartía sus cosas.
Era malo por que todos decían que no compartía lo mejor que tenía.
Era malo por que a todos les había dado sus posesiones, pero no la voluntad de obtenerlas.
Era malo por que a todos les había otorgado su tiempo, pero no las vivencias que se encerraba en él.
Era malo, por que a todos les había regalado el arte que hacía con sus manos, pero no les había dado el don que poseía.
Era malo por que les había otorgado los castillos que había construido piedra por piedra, pero no, el conocimiento para erigirlos.
Era malo por que les había regalado varias fotografías donde se lo veía en todas las partes del mundo por donde había viajado, pero no les había dado la pasión por hacer cosas.
Era malo, por que les había mostrado a uno y a varios maestros sabios, pero no les había dado la comprensión para llegar a sus palabras.
Era malo, por que les había regalado sus inventos, pero no la curiosidad para generar nuevos sueños.
Era malo, por que les había regalado la forma de morir en paz, pero no les había explicado como hacerlo.
Un día conocí a un hombre que era malo.
En su tumba dejé una rosa y hablé con él.
Y supe por qué era malo.
Por que en silencio y luego de visitarlo miles de veces, me había regalado el secreto de la inmortalidad; pero no me había dado, la forma de llegar a ella.

La Mascota-Carlos Adalberto Fernández, Argentina

Cruzando casualmente la vidriera, sus miradas se encontraron.
Fue un flechazo.
El perro se aproximó, agitando caderas y cola, como un rito africano.
El hombre hizo el cuchi-cuchi de siempre con el que creía imitar a un bebé.
Siguieron un rato.Ya estaba decidido.

Entró al negocio.
Cuando el empleado se acercó, le dijo:
-Una pregunta, ¿A cuánto está el humano?

Perfecto Crimen-Liliana Varela. Argentina



Hoy lo haré... estoy decidida.
Tomo el cuchillo y lo afilo bien. Nadie notará que lo he hecho yo, nadie sabrá que yo he penetrado ese blando cuerpo con el filo tajante de este instrumento.

Nadie me descubrirá.

Allí está, ni se ha percatado de mi presencia. No lloraré: lo juro; demasiado me ha hecho sufrir ya. Años y años de sufrimiento acabaran en unos segundos.

Me he instruido en el arte del asesinato sin pruebas, en las técnicas orientales de la disociación mente- cuerpo.
Estoy con el control absoluto de mis dominios corporales y mentales.

Aquí va… sin salpicar una gota de su esencia vital, continuo inmaculada…. Jajajaja!!!! Es mi gloria …. ¡¡Lo he logrado!!...Dos, tres tajadas, bravo!!! Es mi Cenit!!!!...


¡¡Maldita cebolla… está vez he podido contigo!!

Quiero respuestas - Patricia Ortiz, Buenos Aires, Argentina

Llegué dispuesta a enfrentarte, a mirarte de lleno a los ojos. Te busqué en silencio. Un rayo de sol asomó tímido entre las abigarradas nubes cargadas de grises. Te busqué entre las flores mustias, tras las lágrimas, en el eco del trinar de aquéllos pájaros. No aparecías. Te busqué – te invoqué- en la despedida, mientras gruesos terrones caían a paladas, condenando a otra de tus víctimas la más cruda oscuridad. No apareciste, perra. Sabías que tenía preguntas para hacerte, pero vos no estabas - ni estás- dispuesta a contestar a mis porqués.
Cuando crucé la gran puerta y volví al caos de la ciudad, mostraste la cola, te reíste de mi inocencia, de mi lentitud. ¡Claro! El sonido de la sirena de una ambulancia me trajo a la realidad. Es por aquí que estás, entre nosotros, a la vuelta de cada esquina, acechando. En el cementerio sólo quedan vestigios de tus presas. Tus trofeos.
Sigo atragantada con preguntas para vos. Te aseguro que nos vamos a cruzar, antes de que decidas que definitivamente ha llegado mi hora. Quiero respuestas.










Libertad - Liliana Varela

El cordón umbilical fue cortado al nacer transformándome en un ser libre , por eso no entiendo por qué no puedo gozar esa libertad .

Me encuentro preso en una cárcel fría, pequeña. No sé si mi delito merecía esto; igualmente el castigo es inhumano.

Ni puedo comer esas comidas que me dejan en la puerta ¿porqué me tratan como un perro?

El carcelero es cruel conmigo, ni me habla, sólo me mira fríamente.

Allí viene; voy a rogarle que me deje ser libre, salir…



-YA te dije Matías que hasta que no limpies tu pieza no salís a jugar.

Plaza de Cuadernos - Gonzalo Torres, Chile.


Estuve en la plaza de hojas de cuaderno, estaban escritas como árboles que se enredaban en los cordones de mis zapatos y se pegaban como chicle a mis suelas.

Estuve en la plaza de hojas de cuaderno como un msm natural abejas y moscas con alas versos y niños sonriendo con sus rostros bellas sonrisas también estaban los viejos boludos y las señoras torcuatas y nadie era idiota si no que se miraban como que si lo fueran…

Estuve en la plaza de hojas de cuaderno y millones de soles de prosa y limones pepones en un museo imaginario y llueve y las gotas son una gran banda blue que golpea los techos de esta tarde triste…podría ser peor.

Carlos Adalberto Fernández - Buenos Aires, Argentina.



I

¡Vuelo! ¡Vuelo!
El aire le golpeaba el rostro, mientras el pavimento se acercaba vertiginosamente. Justo antes de chocarlo, se acordó. ¡Puta, me olvidé de bajar el tren de aterrizaje!




II

¡Cortala de una vez! ¡Cortala! El verdugo dejó caer la guillotina sobre madame Pompadour.


TESTIGOS - ISSA MARTINEZ LLONGUERAS


Ya es brisa ofreciendo sus pezones de espuma, jadeo de ola que se despliega en la playa, grano de sal entre las dunas de arena…
Nadie asalta ya, con violencias ni mentiras, el profundo misterio de su sexo, no más surcos morados ni costras en los labios…
A su sonrisa no le faltan ya dientes ni zurce nadie su dignidad a puntapiés.
Es cierto, la carne es débil: así lo confirmaron las rocas que recibieron el impacto de su cuerpo.