Arrugaba entre sus manos la carta que minutos antes había retirado del correo.
Abrió el sobre con mucha ansiedad. Leyó lo escrito. Se le nublaron los ojos por las lágrimas.
La gente pasaba apurada a su lado, sin tener en cuenta su estado emocional.
Tenía dos palabras grabadas en su retina: LO SIENTO.
No podía creer que se haya ido de su vida. Sin el su vida ya no era la misma.
Sentía pena y angustia. Una y otra vez se lo repetía a si misma: "no es cierto, no puede ser, el va estar allí esperándome cuando regrese a casa"
Preparó la maleta, reservó un pasaje para el próximo vuelo, se dirigió hacia el aeropuerto.
Horas después abría la puerta de su casa, todo estaba sumido en un profundo silencio.
Sin pasos, sin ruidos, sin nada.
Recorrió todas las habitaciones buscándolo en vano.
Al no encontrarlo, cayó abatida sobre el sofá.
Sobre la mesa pequeña había un retrato, allí estaba su foto. Las lágrimas le brotaron al instante, apretó muy fuerte contra su pecho el marco.
Pobre Bobby, pensó, dieciséis años juntos.
Su más fiel compañero.
Lo había recibido de regalo del que fuera su esposo, en el día de su cumpleaños.
Lo crió. Lo cuidó con mucho esmero. Hoy ya no está junto a ella. A él también lo perdió.
El veterinario no le había dado ninguna esperanza de poder salvarlo de la enfermedad que lo acuciaba.
En ese momento, escuchó el timbre de la puerta de calle.
Al abrir vio a dos niños que llevaban en sus manos dos cachorros de color café
- Señora, nos quiere comprar usted uno?
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Así Fue//Samuel Lijovitzky-Nazareth illit, Israel.
Y estaba allí tendida
La espalda tensa.
Gruesas gotas de transpiración cayendo desde su nuca.
Bajaban y se perdían en la humedad de la sabana
Jadeos
Sus ojos se abrían y cerraban
Sus ojos se abrían y cerraban
Apretaba las manos. Sus uñas hundidas en sus palmas
Jadeos
Respiración agitada
Respiración agitada
Temor
Dolor
Recuerdos
Todo su cuerpo vibraba
Jadeos....jadeos y más jadeos.
Abrió la boca
Surgió el grito ahogado
desde el fondo de su garganta
Sus ojos se abrieron inconmesurablemente
El liquido fluyó
Relajó su cuerpo...
Su hijo tan ansiado
Había ya nacido.
Inocencia Incomprendida- Samuel Lijovitzky- Nazareth illit,Israel

Encontró la puerta abierta. Espió hacia afuera. Al ver que no habia nadie, salió sin mirar atrás.
Levantó la vista. El sol bañó su rostro.
Sin saber que rumbo tomar siquiera sus pasos lo llevaron lentamente hacia la plaza.
Había niños jugando en los distintos juegos. Se sentó en un banco a observarlos.
Su mirada se centró primero en la cabeza de ellos, luego en sus rostros infantiles, inocentes, ajenos de toda maldad.
Quiso en ese momento recordar su infancia. Había algo dentro de su mente que le impedía hacerlo.
De repente y sin darse cuenta de lo que hacia se paró.
Caminó hacia ellos. Lo miraron con asombro. Tendió sus manos.
Acompasadamente se movían hacia un lado y hacia otro agitando sus cabecitas.
De sus gargantas surgían distintos tipos de sonidos estridentes mientras cantaban todos juntos:
Manuelita.,,,,,Manuelita....Manuelita a dónde vas, con su traje de malaquita y su paso.....
De repente dos fuertes manos sujetaron sus brazos y lo inmobilizaron.
Déjenme jugar, déjenme jugar con los chicos... por favor
Gritaba a brazo partido, mientras los hombres lo arrastraban y le colocaban la camisa de fuerza y lo introducían en la ambulancia.
Los niños observaban atónitos sin entender lo que estaba sucediendo.
Instantes después continuaban con sus juegos, sin prestar atención siquiera del vehículo que se perdía a la distancia rumbo al hospital psiquiátrico.
Levantó la vista. El sol bañó su rostro.
Sin saber que rumbo tomar siquiera sus pasos lo llevaron lentamente hacia la plaza.
Había niños jugando en los distintos juegos. Se sentó en un banco a observarlos.
Su mirada se centró primero en la cabeza de ellos, luego en sus rostros infantiles, inocentes, ajenos de toda maldad.
Quiso en ese momento recordar su infancia. Había algo dentro de su mente que le impedía hacerlo.
De repente y sin darse cuenta de lo que hacia se paró.
Caminó hacia ellos. Lo miraron con asombro. Tendió sus manos.
Acompasadamente se movían hacia un lado y hacia otro agitando sus cabecitas.
De sus gargantas surgían distintos tipos de sonidos estridentes mientras cantaban todos juntos:
Manuelita.,,,,,Manuelita....Manuelita a dónde vas, con su traje de malaquita y su paso.....
De repente dos fuertes manos sujetaron sus brazos y lo inmobilizaron.
Déjenme jugar, déjenme jugar con los chicos... por favor
Gritaba a brazo partido, mientras los hombres lo arrastraban y le colocaban la camisa de fuerza y lo introducían en la ambulancia.
Los niños observaban atónitos sin entender lo que estaba sucediendo.
Instantes después continuaban con sus juegos, sin prestar atención siquiera del vehículo que se perdía a la distancia rumbo al hospital psiquiátrico.
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