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Ana Callegaris, Santa Fé, Argentina

CONFORMISMO

Se levantaba sin pensar. Besaba a su marido al despedirlo, como siempre. Iba a la oficina sin cuestionarse porqué. Sonreía por compromiso, al volver pasaba por el mercado, todos los días. Cenaba sola mirando el mismo programa de entretenimientos.
El llegaba cuando ella ya estaba dormida.

Los sábados salían con los matrimonios de siempre, al lugar de siempre, regresaban en silencio, como siempre.
Los domingos pasaban informes, silenciosos. Hasta el gato se aburría.
Pasaron viente años idénticos.
Una mañana la atropelló una moto al salir del mercado.

La sepultaron en el cementerio de su ciudad.
En poco tiempo comenzaron a olvidarla.

Ana Callegaris, Santa Fé, Argentina

OLOR A TANGO

Deambulé zombie entre espirales de humo en el centro de la calzada. Era noche y apenas llovía, como dice el tango. Levité con liviandad casi sin pisar el suelo mojado. Me mirabas pasivo desde la vereda norte, con un vaso de Old Smuggler en la mano. Miré hacia el sur y seguí girando.
Por la mañana todo había pasado: la calle era aplastada por mil vehículos rumbo al trabajo, el cielo blanco por las nubes y el semáforo de la esquina gritaba un verde esmeralda.
Ya no te extraño.

ANA CALLEGARIS, SANTA FE, ARGENTINA

Ojos claros


Compraba un bolso azul cuando pasaste. Charlabas y fumabas a la par de un amigo hacia el norte. Me abstraje con tu mirar, perdido en el horizonte con ese dejo de nostalgia tuyo.

La peatonal estaba vasta de gente pero aparentabas flotar sobre ellos, como levitando en esa brisa fresca de septiembre, con tus ojos color mar urgando el infinito y mi mirada clavada en ti.

No existo en tu mundo, no existo en tu vida. No existo en ti.

Sin embargo, todavía te deseo.