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Pablo Martínez Burkett, Argentina

LOCA OCURRENCIA

Después de tantos años juntos, aún la volvía loca con sus ocurrencias.

Esta vez, al salir del baño, se lo topó con una toallón anudado a la cintura, una camiseta calzada sobre las orejas y hechada para atrás a la usanza del Antiguo Egipto, rimmel en las pestañas, los brazos cruzados sobre el pecho y en cada mano un cepillo para el pelo.

- ¿Hoy quien sos ? - le preguntó divertida.

- Soy Sinué, el egipcio -le contestó apenas conteniendo la risa. Luego se miró el abdomen y agregó con cínico realismo: -Aunque si sigo criando panza voy a tener que representar mejor a Epaminondas, el eunuco...

Recobrando la regia apostura, le soltó: - Antes de que ello suceda, oh esclava nubia, póstrate de hinojos en señal de acato - y se abrió galanamente el toallón. - Entrega tu adoración al sol, hija mía.

Ella con devota unción se hincó las rodillas, feliz de que aún la vuelva loca con sus ocurrencias.

Pablo Martínez Burkett, Argentina

MADRUGADA TANGO

Son las cuatro de la mañana.

El tabletear del teclado, una copa de cristal de Bohemia rebosante de un cabernet franc de 10 años y un sahumerio de patchouli hindú (que resulta culto propicio a las deidades que moran en las madrugadas insomnes) lo acompañan en su irredenta soledad. La banda de sonido la provee la Orquesta de Tango de la Ciudad de Buenos Aires, haciendo en el Teatro Colón una versión de "Ojos Negros".


Y quizás sea el vino, quizás el aroma intercesor; tal vez sea la triste historia de amor en la que se ocupa, tal vez sea el melancólico llanto del bandoneón con el violín; pero de repente se encuentra asaltado por la silente presencia de su rostro. Y con los dedos índices oficiando de improvisados títeres, se pone a dibujar sobre el escritorio coreografías plagadas de sensuales cortes y quebradas, mientras se imagina su rostro perlado por el esfuerzo de sacarle viruta al piso. Un poco más y se pregunta cómo será el sabor de sus labios. Otro poco y las gotitas de sudor resbalan ya por las laderas de su cuello, anticipando el éxtasis de una cabalgata conmemorativa de la danza nocturna.

La libertad es deseo en acción, por eso la inesperada alucinación le recuerda su oprobiosa vida de celda. Y entonces sus manos se convierten en pájaros extraviados, desertores del presente, soñadores del mañana que no llega. Y se da en añorar el hueco de su grácil espalda ondulando al ritmo de un tango por madrugada.