MANUEL CUBERO


“FANTASMON”

 

Durante toda la eternidad se arrepentirá de haber intentado imponer su  espectral autoridad ante  aquel diablillo incorregible.
 
Fue sólo un ensayo. Una caricia de aire en el rostro del muchacho y una sonrisa espectral lanzada desde la oscuridad. Desde aquella noche, el niño, armado de un tirachinas, lo persiguió incansable por todos los rincones de la mansión:
 
-Espera, espantajo. ¡Cuando te pille te vas enterar de lo que vale un peine!
 
Aún hoy, años después, sigue preguntándose qué pecado cometió para convertirse en el más desgraciado de los fantasmas que poblaban aquel caserón.

Mainak Adak


                                                          Pareja

 

“Me iré. No puedo vivir así.”

Me dice Maite sin titubeo. Maite----- mi pareja de vivir juntos.

Se pone la falda roja. Su pelo está volándose por el fresco. Se queda maravillosa.

El rojo se está rompiendo y volando en mi alma como un ciego:

“¡Qué! ¿Por qué? Estás muy emocional, mi amor.”

“Pero no puedo quedarme así. Me parezco a un pájaro . Sigo volando desde mi nacimiento y estoy errando interminablemente. No tengo ni casa, ni siquiera identidad…”

“Para ser liberado de la boda, quisiéramos vivir en esta manera. ¿No? “

“Pero nunca te he forzado a casarnos. Nunca. Me voy mi amor…”

 

Ella está yéndose. Desde el balcón estoy viendo su partida. Mientras me estoy moviendo hacia atrás, estoy enfrentándome a la tela de su pintura incompleta. Hay muchos colores brillando --- azul, verde, amarillo, blanco y entre ellos, el rojo,  se queda extendido aquí y allí con su brillo suave. El rojo es el favorito de Maite.

La pluma, la ala, el árbol, la cara de una chica, el cuerpo --- está flotándose todos de ellos. Siguen volando como hilos en una niebla excesiva de colores. Este flotar, este volar son pintados por Maite, los ha pintado hasta este día, ha participado en exposiciones y los ha vendido. Me ha puesto en esta flotar, este volar y se ha ido.

No deseaba flotar, ni flotar, ni volar nada más.

De extender su rojo favorito, se ha perdido en rojo…

---ºº---

 

 

 

 

 

 

Mainak Adak//Ciudad de Calcuta, India

 

Estrofa

 

Como siempre, los niños pobres están trabajando y haciendo ruidos en el túmulo de desechos. La mayoría de ellos tiene entre ocho a diez años. Sabemos la razón por la que ellos se juntan aquí. Pero, ese hombre de jeans y camiseta blanca queda mal metido en el equipo de estos pobrecitos. Su pelo está desarreglado; aún su pantalón está sucio. Para satisfacer mi curiosidad, voy al túmulo y le pido:

“¿Qué buscas?”

# “¡Dónde se ha perdido, no sé! Desde muchos días, sigo buscándolo.

“¿Qué es eso? ¿Qué estas buscando?”

Él no me da respuesta y se mueve.

# “¡Ah! ¡El poeta, usted mismo! Tengo todos sus libros.”

“Aun no he tocado la pluma hace mucho tiempo.”

# “Aunque usted es poeta. ¿Qué está buscando allí?”

“Las estrofas de esa poesía que aun no he podido escribir.”

 

STELLA MARIS TABORO


STELLA MARIS TABORO

 

Noche azabache

 

Volvió la noche azabache, las estrellas se ocultaron dentro de las nubes, mientras el viento juega en mis cabellos. Igual mueve los pétalos y el rocío hace equilibrio. Pero mis lágrimas ruedan, trasparentes por mis mejillas. Escucho a los árboles plateados de luna, buscando consuelo.

 

Y por el viento

 

En una callecita curva, una daga de viento llegó hasta los bolsillos de mi viejo abrigo. Mis manos se refugiaron en esos abismos. Descubrí que uno de ellos estaba descosido en su hondo fondo. Usé las pinzas de mis dedos para buscar un pequeño objeto que se deslizó por el agujero. Palpé un frío metal. Al rescatarlo, vi que era la medallita de comunión de mi madre.

 

Incienso

 

Era un atardecer de azahares. Su tapiz de aroma voló a mis manos. Se confundió con el incienso que emanaba del libro que estaba leyendo. Era de mi abuela. Antes de irse de este mundo me lo entregó para leerlo a mis hijos. Ella siempre me contaba las leyendas árabes que allí estaban. Sus hojas aún contenían el incienso que mi abuela usaba para no despertar, en mí, sueños terroríficos.

 

Salvada

 

Me pareció escuchar un sonido de cascos. Venía de lejos. La tierra retumbaba con esos corceles que al galope se acercaban relinchando. Cerré las puertas y me escondí debajo la cama. Una luz refulgente entró por la ventana, los jinetes estaban incendiando el galpón, pensado que allá estaba. Ni sospecha hubo. Yo escondida estaba temblando, mientras ellos se alejaban.

 

Silencio 

 

Está en calma el día, hay silencio de árboles. Sus hojas se mueven silenciosamente. Silencio hacen mis manos aunque sus dedos bailan. Silencio mi cuerpo que se contornea. Silencio el libro que estoy leyendo. Silencio hace mi soledad, que te extraña. Pero hay un silencio que es el que más me gusta, es cuando tu alma callada mira por tus ojos mansos. Silenciosamente se mueve tu alma hacia la mía.

 


Sin dudas...

 

Esa burbuja está en la piel de la noche hechizada.

Su aroma a jazmín es inconfundible. Ella llega dibujando vibraciones alrededor de un candil que emerge de la hondura del cielo. Un lenguaje de cortinas murmura su nombre.

Ella avanza como una melodía sin destino. Brillan sus ojos claros y camina con osadía sensual.

Fulgores de hoguera debajo de su falda plateada y un viento deseoso aviva su despertar. Y ella se vuelve luz, esplendor canta y danza. Sólo espera que el sol no esté…

 

Ely Weitzmann


A veces nos llevamos mucho por darle forma difícil a lo que hacemos y creemos que eso es profundidad, pero un buen escritor, puede ser profundo con palabras sencillas.

Patricia Schaefer Roder


5 MICRORRELATOS (V)
CERTEZA

“¡No puedo vivir sin ti!”, dijo rogando. “Así es”, respondió, mientras la bala le atravesaba el corazón.
...

FIN

Al abrir los ojos, el mundo ya no estaba.

OBSESIVO

Malasuerte por error se levantó del otro lado de la cama. Ese día todo le salió bien.

META

Cuando al fin alcanzó la perfección, sonrió y se dejó llevar al otro mundo.

ESPERA

Quince años preparándose para salir del suelo y cantar. Cuando llegó el momento, la chicharra estaba afónica.

JULIA DEL PRADO

En mi redondez naranja me acurruco para dar brillo a la pachamama y lucir mi pico que los dioses me dieron. Así luzco mi esencia y mis ojos color caramelo te miran para unir la curva del camino . No nos maltratemos. Vale la pena el trazo de ambos en consecuencia. Vale nuestro filtro en redondez. Trabajemos en versos de natural pluma Asi nuestro camino se elevará y la pachamama agradecida crecerá

    

Rolando José Di Lorenzo

Rolando José Di Lorenzo
 
 
El juego

Él tenia un juego con el tiempo: Este, le hacía creer que aquellas noches de juventud, que realmente, fueron iguales a otras noches iguales y que ...a la distancia parecían fabulosas: existieron y fueron únicas e irrepetibles. Que aquellos momentos, no se parecían a nada que hubiera pasado después, e insistía tanto en ello, que él comenzaba a creerlo. Le gustaba el juego, pero cuando éste terminaba, se daba cuenta de que lo único irrepetible había sido su juventud

Gabriela Rivero


En este tiempo líquido/donde la masa desea/ relojes derretidos/ que no indiquen horas/unos senos turgentes con cereza de postre/que la piel se mantenga tensa y tersa/al igual que las nalgas/envejeceré/escuchando el silencio/y adentrarme en el vórtice de la incertidumbre/perderé en un acto/ la prejuiciosa vergüenza/para tatuarme paisajes con manzanas y Adanes/o quizás la Gorgona/ que duerme en mi espejo//
Y si a un tiempo fecundo/mis tatuajes de sangre/no describen certezas de una vida completa/seguiré el canal de ese río/ que se agita y no muere//
Me transformaré en gota/la misma/ que no duda en ser nube/y en lugar de clavar guillotinas al cielo/ porque la piel se cae/ porque las nalgas mueren/regreso al polvo convertida en roble/que digno sería/ sentir/ que esta piel se ha estirado/desteñido/porque ha vivido/ con la ductilidad de la arcilla en un jarro/y la pasión del chorrillo que hasta su muerte/corre///

Daniel Paredes

Día de pesca


Recién amanece, y mi padre prepara las cañas y los anzuelos. Debe de ser domingo, o a lo mejor sábado o feriado, porque no voy a la escuela.
Mi vieja calienta el agua del mate mientras corta mezquinas rodajas de pan para tostar. También es mezquina el agua de la pava, que ya está a punto de hervir. Le agrega un chorrito de la canilla y ceba el primer mate. Pero a ése hay que escupirlo porque hace mal, y entonces lo echa en la pileta de lavar los platos.
El silencio es un ahorcado que cuelga del techo. A veces mi padre me pregunta alguna tontería, para que yo no note que algo anda mal. Mi vieja, en cambio, ha decidido callarse. Tal vez no le interesa que yo me dé cuenta de que anoche pelearon, o quizá piensa que mi intuición de niño ya me ha puesto al corriente. Ha dejado una taza frente a mí. Ha mirado la taza sin verla. Ha gruñido la palabra "caliente".
Empiezo a tomar la leche de a sorbos cortos, cuidando de que no se me salga por la nariz. El último trago baja con esfuerzo. La nuez de mi garganta es un palo de mortero machacando el líquido que se empecina en volver.
Mi padre trajo una palangana y una toalla, y cambió la hoja de afeitar. Se pasa la brocha con espuma por la cara. Mi madre le alcanza un mate; después saca los panes del tostador y los unta con una finísima capa de manteca.
Yo ya preparé los riles y voy a juntar unas lombrices. Todavía no termino de dar la segunda palada, cuando mi padre irrumpe en el patio y agita un brazo por encima de la cabeza.
El mate vuela lentamente, y yo lo veo rebotar contra la pared del bañito viejo. Es un golpe seco, hiriente, el que se oye. A veces —ahora por ejemplo— me parece que vuelvo a oírlo.
Mi vieja no se atreve a quejarse, o acaso tantos años de convivencia la han resignado. Y por eso se calla y mira el piso y camina hacia el mate de lata, que en adelante tendrá un abollón más. Yo vuelvo la vista sobre mi pie que empuja la pala dentro de la tierra. Y estoy pensando que a lo mejor el mate estaría demasiado caliente o lavado o muy corto o muy largo. Pero no es fácil entender.
Mi padre ya ha puesto en marcha el 4L y pisa el acelerador, muy suave, como diciendo "el problema no es con el auto".
Levanto la caja de pesca y el mojarrero. Envuelvo el tarro de las lombrices con un diario y me acerco a mi vieja, que ya arregló el mate y está sorbiéndolo de pie, contra la cocina, de frente a los azulejos. Me despido tímidamente, y ella, sin mirarme, me suelta un "chau" ahogado. Oigo roncar dos veces la bombilla y cierro la puerta de calle.
No recuerdo si aquel día pescamos algo.

Flavio Crescenzi


Del arco iris el ojo es sutil flecha; la lluvia, el motivo en punto del disparo. Una estampida de aire y cromatismo evita todo acierto, todo impacto con la seda o con el hierro que la forja, deja al arquero definitivamente sin su blanco.

Humberto Manuel Botana

¡¡¡¡¡¡Qué nostalgia!!!!!!!!,
recuerdo los carnavales en el club San Lorenzo sobre la Avda. La Plata, donde
robé en los sesenta un beso bajo los tablones de la cancha de futbol. A veces
paso por el súper Carrefour que hoy ocupa ese predio y entro sólo para sentir
aquella emoción y me quedo absorto donde está hoy la panadería ( imaginando el
mismo lugar de entonces) viendo volar a mis dieciséis años llenos de adrenalina
y las voces Gigliola Cinquetti, Los Panchos, Charles Aznavour y tantos otros.

Hace nada más que cincuenta años!!!!!! que lo
parió mendieta, debió ser fuerte ésa emoción ya que la recuerdo como si fuera
ayer, la siento en la piel y por un segundo mejor dicho milésimas de segundo la
alegría llega a las más recónditas partes de mi cuerpo.

Eran quince minutos no más y volvíamos a las
pistas descubiertas, ella acomodándose el vestido para que la mirada
escrutadora de la madre notara lo menos posible las consecuencias de la
"chapada" y nos íbamos despidiendo con un "nos vemos
mañana?"que le decía con no disimulada ansiedad y la respuesta enmarcada
con una picara sonrisa " puede ser, si mi mamá me trae".

Ahí quedaba todo, no existía facebook,
celulares, twitter, todo quedaba librado a la suerte o al destino, era una
moneda al aire, que muchas veces me caía de canto. Te reunías con la
"barra" de amigos, risas anécdotas, y si te veían ensimismado porque
no participabas te entraban a cargar porque se daban cuenta que te habías
pegado un metejón. Y así desandábamos las cuadras a pie de Avda La Plata y
luego Caseros, para volver a la esquina del barrio.

Volvías al día siguiente con toda la emoción,
el corazón latiendo, con la mejor camisa, que siempre estaba gastada pero
limpia y planchada, afeitado con brocha y jabón, sin desodorante y solo algunas
gotas prestadas por un vecino de "Colonia La Franco-Inglesa), y ella no
iba................y el mundo se detenía y empezabas a dar vueltas y vueltas,
era una noche perdida, era un golpe de "nocaut", recién a la tarde
siguiente con el desafío al futbol sobre la calle empedrada, y la alegría
indescriptible de reventar con un palo de escoba una válvula de presión de agua
de los bomberos y disfrutabas por diez minutos bailando en el chorro que salía
de la vereda con fuerza y se elevaba al cielo, la sirena del autito policial
terminaba la fiesta y a correr...

El Sábado todavía con esperanza paseabas la
mirada buscando a la "Mary" que era lo único que sabías de ella, más
allá de haber sentido el corpiño armado con alambre, y el golpe final, la
descubrías al terminar la noche bailando los lentos en una baldosa con un flaco
al que odiarías por toda la eternidad, bah, no tanto, solamente hasta el
próximo carnaval que renovaría las esperanzas.

Milagros Rodríguez


Hoy la ciudad camina sobre brumas, una fina lluvia se agudiza hasta convertirse en púas, el viento juega en remolinos revolviendo los charcos que se forman junto al cordón de la vereda.
Todo dado vuelta en mi ciudad, igual que los paraguas, igual que las ideas, todo cambiante y cambiado. Soy parte del paisaje y aunque de repente saliera el sol, aún estaría dentro de la bruma con la ilusión a punto de claudicar, como este paraguas made in Hon-Kon...made in...made in… Con el cinturón de la angustia cada vez más ajustado a la garganta. Todo se achica, todo se esfuma, la única flor que crece y se multiplica es la INJUSTICIA .Soy parte del paisaje ¿soy parte de las decisiones políticas de nuestro país? Allá va otra persona, con el rostro más gris que este día gris, tiene el paso cansino de los que no saben a dónde van ni qué hacer, ahí dobla la esquina un perro esquelético, arrastrando una bolsa de polietileno, tratando de abrirla a dentelladas, un
gorrión lo sigue, queriendo picotear lo más pequeño, a pocos pasos, alguien manotea con avidez un tacho de desperdicios ¿dónde estará el reverso del hambre? ¿dónde la siembra cuando la siega nunca para? Camino en círculos, con una sensación de malestar parecida a la del insecto ante la sospecha del pie aniquilador, con un humor descompuesto de fiera acorralada.

Si la razón es la materia del universo, vale pensar que lo que está contaminado es el universo? Tenemos cara de muertos ¡ Oh Hamlet!, pero no estamos muertos aún.

Milagros Rodríguez


Hoy la ciudad camina sobre brumas, una fina lluvia se agudiza hasta convertirse en púas, el viento juega en remolinos revolviendo los charcos que se forman junto al cordón de la vereda.
Todo dado vuelta en mi ciudad, igual que los paraguas, igual que las ideas, todo cambiante y cambiado. Soy parte del paisaje y aunque de repente saliera el sol, aún estaría dentro de la bruma con la ilusión a punto de claudicar, como este paraguas made in Hon-Kon...made in...made in… Con el cinturón de la angustia cada vez más ajustado a la garganta. Todo se achica, todo se esfuma, la única flor que crece y se multiplica es la INJUSTICIA .Soy parte del paisaje ¿soy parte de las decisiones políticas de nuestro país? Allá va otra persona, con el rostro más gris que este día gris, tiene el paso cansino de los que no saben a dónde van ni qué hacer, ahí dobla la esquina un perro esquelético, arrastrando una bolsa de polietileno, tratando de abrirla a dentelladas, un
gorrión lo sigue, queriendo picotear lo más pequeño, a pocos pasos, alguien manotea con avidez un tacho de desperdicios ¿dónde estará el reverso del hambre? ¿dónde la siembra cuando la siega nunca para? Camino en círculos, con una sensación de malestar parecida a la del insecto ante la sospecha del pie aniquilador, con un humor descompuesto de fiera acorralada.

Si la razón es la materia del universo, vale pensar que lo que está contaminado es el universo? Tenemos cara de muertos ¡ Oh Hamlet!, pero no estamos muertos aún.

Susana Amoroso Scalone

Con el fondo de la música del Concierto de Aranjuez,
recuerdos turbulentos aparecen.
La primera mirada, intensidad de la búsqueda incansable cada vez más dulce, deseos, mirarse, entibiarse llegar al intenso calor de cuerpos apasionados, caricias,
labios y besos, y falta mucho. Ah... emociones que no se olvidan. Todo se
acrecienta como en un enorme mar lleno de sentimientos. Persiste toda la vida.
Cuando llegamos a la plenitud de lo que quisimos, amor y deseos sin límites,
maravillosos perfumes y sonidos nos invaden; no hay más barreras. Soñamos que
no habrá más. Dos seres embriagados en la vida, la realización perfecta, todos
los sentimientos en uno: AMOR

Amalia Zacoutegui

SOMBRAS

Jirones de piel, desasimientos, como de noche desgastada en la desmesura
naranja del fuego, que se asoma y nos canta.
Amanecer volviendo azules, aliladas, fantasmales las sombras sigilosas que
traman y me sueñan.
Volverlas puro incienso, el humo susurrado que escapa de la pira,
huyendo de la muerte su infinito destierro de ecos fugitivos.
Sombras que danzan tribales y remotas en el oleaje de todo el dormir,
acuciadas por todos los adentros, en la unísona molienda de la nada.
Serán sollozos, odios antiguos, fragilidades que en el aire, de pronto, se
suicidan.
Orquídeas de luz sangrarán sus corolas, sus mordiscos salvajes en esa tierra
incierta y brumosas, vueltas olvido, derrotadas, ellas, las sombras, caerán
como un diluvio de semillas sin fe entre las piedras.

Juan Carlos Lozano

Cada día....


Perece
extraño que soñemos con mañanas.... que recordemos pasados.... que tengamos la
cabeza en cualquier parte.... Los ojos mirando hacia otro lado.... Porque cada
día.... Es una pequeña muestra de nuestras vidas....
No vivimos
la meta de mañana.... no vivimos los buenos viejos tiempos.... no vivimos lo
que no tenemos y deseamos tener.... vivimos lo que somos.... cada día.... día a
día... instante a instante... segundo a segundo....
El pasado
ni siquiera es historia.... es apenas un rayón en la tela del recuerdo.... el
residuo que quedó después de haber vivido...... El mañana es una mentira......
quieren conformarte diciendo que si no lo lograste hoy... mañana lo
lograrás.... Pero tú estás aquí, ahora.... Eternamente presente en el presente
de cada día.
La
verdadera esperanza consiste en el hecho de que aún..... NO probaste todas las
opciones.... no mostraste lo mejor que tienes.... no lo hiciste todo.... No
agotaste todas tus fuerzas, tus energías, ni tus recursos.... Aun tienes
resto.... Tienes algo para hacer.... Algo para dar.... Algo que brindar....
Porque si ya hubieras dado todo, hecho todo, agotado todos los recursos que
posees..... Entonces no habría esperanza alguna....
La esperanza
no vive en el mañana...... La esperanza vive dentro de ti...... Nada vive en el
afuera... ni en ninguna otra parte..... Todo vive en lo que eres, y en este
especio al que le llamamos..... cada día...
De modo
que yo, tengo fundamentos sólidos para creer en tu persona..... quien quiera
que seas.... y estés donde estés.... No son las teorías de las ciencias, de la
razón o de la lógica quienes ofician de salvadoras..... Toda razón y toda
lógica, tiene su raíz en premisas o principios no debidamente comprobados.....
¿que diferencia hay entre la ciencia y la fe si todas las verdades son
transitorias, y con el tiempo caen siendo reemplazadas por otras nuevas?......
La diferencia es que ambas son partes de ti..... partes que se
complementan..... que se encuentran.... que interactúan... que te constituyen y
te construyen...... Cada día...
Porque lo
sepas o no......Estas siendo cread@ en este mismo instante...... Estas
aprendiendo, estas creciendo, estas cambiando, estas eligiendo..... No eres una
cosa muerta.... sino en ser viviente auto-desarrollándose..... Y en eso radica
toda esperanza..... Porque toda esperanza está puesta en ti...... No eres tu
pasado.... No eres tu información... no eres tu trabajo.... no eres tus títulos....
ni eres tus trofeos.... cualesquiera que ellos sean.... No te aferres a tu
atuendo.... porque tarde o temprano tendrás que mudarte de ropa......Se fiel a
ti mismo.... Se tu propio ser.... Porque eres un ser nuevo..... Y en eso radica
la esperanza.....Cada día...

Peumangen Felepe Awka


Ignoro, ignoro, ignoro.
-¿La amás?
Un silencio acude a sus palabras, las envuelve. Cierra el
grifo de las letras, apenas gotean algunas emes o puntos suspensivos, se podría
decir que está su razón en coma, en una coma, en un espacio de separación,
entre ambas tal vez, una explicación. Un silencio acude, silencio de lengua
estática, dedos comprimidos y labios secos.
-Yo no sé si la amé, sé que vivía para ella, que la
esperaba, que cada sacrificio me convertía en una especie de héroe, que los
proyectos eran un horizonte de reconfortantes momentos, una Paraíso prometido
entre nosotros, íntimo.
Había, habíamos hechos planes, tontos muchos, pero nos
gustaba jugar a pensar que era de otro modo, teníamos todo en nuestros deseos y
lo disfrutábamos con una enorme inocencia.
Luego, porque existen los luego, fuimos cumpliendo
metas, vivimos juntos y el dinero no alcanzaba, pero vivíamos juntos. Todos los
espacios gigantes en donde pensábamos felicidad se fueron estrechando a un
departamento, una pieza y la realidad de tener que adaptarnos.
El sacrificio se convirtió en obligación, el valor del
héroe se fue convirtiendo en un deber mundano. Sus desnudos, la cena, hacer el
amor, reír, se fueron convirtiendo en levantarse, comer, sexo y discutir; me
pregunto ¿Por qué? ¿Cómo?, la atención, la idea de eternidad, las promesas que
terminan en "Para siempre" se vuelven nada y te digo, cuando las
palabras que tienen demasiado sentido se vuelven nada es porque ya está todo
perdido.
Se asume la perdida, pero primero están los engaños,
luego de los engaños la indiferencia, luego las fantasías, los lamentos y por
último ningún recuerdo genera felicidad y el amor lo que se creyó amor se
vuelve temor, posesión, algunos hombres optan por simplemente conformarse con
estar con alguien como quién tiene un perro y le coloca una correa, a mí se me dio
por no hablar, dejé de contar mis cosas más comunes y dejé de escucharla. No sé
si fue amor, creo que fue un noviazgo que pudo haber sido bello de haber
quedado en una promesa inconclusa.
No sé si amé, no sé si fue amor del amor y de las
promesas de Paraíso forjado por dos, no sé si es un poco una exagerada
necesidad de sentirse único, no sé qué es. Podría decir que crecí, que la
inocencia se fue, que la más bella promesa es la que uno se hace a uno mismo,
que el amor cuando se cree como amor lastima y cuando se asume como palabra,
como experiencia, enseña.
Convencido de no saber se plantea su ignorancia, amar o
no amar, estar consciente de ello lo convertiría en fracasado, ya posee
demasiados fracasos, mejor no saber y ser ignorante y dejar la puerta abierta a
seguir aprendiendo y si es posible en algún momento poder decir -Si, amé.
Se acuesta, con sus manos dibuja corazones en el aire,
sonríe pensando en ella, sus ojos se humedecen, cuanto duele ignorar, duele por
ignorante o duele por saber que no saber está totalmente teñido de silencios
que duelen. Otro engaño más, otra verdad que se fuga en una noche de corazones
que se disuelven en el aire.
Gorrión de papel.

Ana Lucía Montoya Rendón

ÚLTIMA EN SABER...



He sentido los pies descalzos y mi alma brincando por paisajes pedregosos. He visto a la desolación tendida sobre bordes de eternos caminos. He vestido la desnudez de mi Ser, aún estando cubierto con un traje hecho de refulgentes hilos de fuego que al contacto con mi piel se hicieron denso llanto. He sentido que se diluyen mis ideas, que rebosan como copa de ansiedades infinitas. He sentido cómo se me va la vida en cada expiración y no puedo hacer nada. He sentido anudados mis puños, y mis dedos hechos garfios, se enredan y se pierden entre los deseos de un mágico encuentro. Me he vuelto mil veces torpe y mil veces he caído. He caído desde lo alto de mi ego derrotado. He caído sobre mis ilusiones hechas puntas de cristales rotos. Sí, mil veces he sentido que me elevo como ángel, y mil veces he caído desde un cielo que invento cada día hasta el fondo de mi infierno cierto. He querido ser agua de algún río corriendo libre entre las peñas, golpeando con brillos diamantinos la cara ruda de las piedras y de su archivo. He sentido el vértigo cuando me asomo desde el filo del aprisco hasta los oquedades de mi sino. Enloquezco en lo alto del Monte de la Soledad retando al vacío cuando intento cancelar mil historias echando al aire las páginas de mi libro de la Vida, tan magro, tan pueril. Y me impongo ante los fantasmas que he creado, y todos se vuelven hacia mí como ejército enemigo. He cabalgado mis miedos, fustigado a mis anhelos para que rompan las cadenas. Los he empujado hasta la celda donde vive lo que queda de mí. Así, siempre he estado suspirando, rogando algún abrazo. Y he gritado, llamando a alguna sombra de aquellas que cuidan a los niños para que arrope mis tormentos. Mas en medio de tanto intento he entendido que mi voz no tiene eco ni mi aliento tiene vaho, pues el espejo en que me miro siempre está brillante como lago. En él me miro, me observo y me veo tan gris, tan descolorida, tan desdibujada. Y me toco. Las yemas de mis dedos recorren los contornos de mi rostro, de mis senos, de mi vientre, de mi celo y me entero... Sí, me entero que hay una mano recorriendo una mortaja, que detrás de mil cortinas, un coro de dolientes canta algún réquiem... Sí, me entero que fue tanto lo que La he llamado ,que hace tiempo Me llevó y no me había dado cuenta.
LLUEVE


Suave repiquetear de gotas en el techo. Llueve .Llueve y el golpeteo se vuelve mas fuerte, más intenso. Aguacero que cae sin previo aviso. Me sobresalta un trueno. Pero me quedo extasiada mirando la lluvia. Miro las gotas que chocan en la tierra, son dardos de agua que se estrellan y deshacen convirtiéndose en charcos.
La brisa ya es viento que agita las ramas como despertando el letargo de los árboles jóvenes que se balancean como esquivando las gotas de la lluvia que bañan sus troncos. Llueve y la tierra agradece con aromas de tierra mojada. Aspiro ese aroma. Ese peculiar perfume que emana de la tierra.-Llueve en mi barrio. Llueve en mi ciudad.-
El reencuentro


Perdoname mi entrada por sorpresa, no tenía cómo comunicarme. pero una circunstancia no iba a frustrar lo nuestro. Teníamos planes, sueños, es cuestión de adecuarlos y continuarlos.
Mirá hoy, charlamos como en los viejos tiempos. Fue una noche hermosa, quién diría, tan pacífica, a pesar de la multitud. Se pierde la sensación del tiempo.
Lo que llama la atención es la cantidad de perros sueltos. Todavía es apresurado pensar en quedarme, aunque quisiera, pero quién sabe cómo lo tomarán acá. Así que hoy tenemos que despedirnos. El sábado hay luna llena, podríamos salir a caminar un poco. Hasta entonces, querida. No hace falta que me acompañes, yo cierro.
El hombre le dio un beso, cerró, tomó la pala y volvió a tapar la fosa.

Sebastián Olaso

Catálogo de errores XXIII




Que el mal de muchos sea el mayor consuelo. Que el mal de muchos nos habilite lo absoluto. Digamos, pregonemos, postulemos, decretemos que nadie puede nada, que todos vamos a sufrir, a morirnos, a fracasar, a luchar sin recompensa. Entonces podré entrar en la burbuja, invitarte a dormir para ya no despertarme. Vamos. Vamos a matarnos de vida natural. Que siga tocándonos el número sin premio, el naipe más inútil, la taza rajada, el plato roto, el muñeco sin cabeza. Qué más da. Quién da menos. Dejemos que naufraguen todos los aviones, que los cantantes queden huérfanos de cordura vocal. Matémonos así, cobardemente, escapémonos del dolor físico, de la agonía moral, de la peste social, de las iras del amor y de los amores que se irán. Celebremos el insomnio a lágrima podrida, el temblor en el pecho, en las venas, en el epitafio de aquellas alegrías que no eran más que máscaras. Vamos, reparemos todo el absoluto bajándonos del barco, descarrilando el barco, haciendo el amor, la muerte, el escándalo, la traición con el barco. Cometamos desauxilio, eutanasia, infuturo, antilucha. Dejemos que nos tiren a la zanja porque así no se puede. No se puede seguir. No se puede empezar. No se puede hacer más que lo que no se perdona. Seamos los líderes de un movimiento sin danza. De una quietud sin ojos. Seamos los fantasmas que nadie quiere ver, ni mostrar, ni imitar, ni salvar. Dejemos que todos se arrinconen, se abracen, se enamoren de la vida. Dejemos que el absoluto nos deje sin boletos. Que el mundo nos deje sin maletas. Que la salida de emergencia sea la única salida. La única salida de muchos. Que nuestra rueda rota sea el mal de todos. Que nuestra palabra maloliente los espante. Los decida a latir. Los consuele por los ciclos de los ciclos. Que así sea. Y que así sean.

Sebastian Gabriel Barrasa

Tentaciones


Hay dos clases de personas. No; son tres clases de personas. No: cuatro. Cuatro clases de personas.
Están los que van por la vida sin darse cuenta de las tentaciones. Les pasan por delante y no las ven.
Están los que van por la vida, ven las tentaciones, pero las esquivan, y se dicen qué horror y se inventan religiones y esas cosas.
Están los que descubren las tentaciones, las aceptan y las aprovechan.
Y están, estamos, los que van por la vida buscando, inventando, descubriendo, mostrando las tentaciones. Invitándonos a jugar.

SEBASTIÁN BARRASA

QUIÉN SOSTIENE LA LÁMPARA


El genio sabe que Aladino va a frotar la lámpara. Lo sabe, porque es genio.
Y porque es genio, sabe también cuáles son los tres deseos que Aladino va a pedir.
Es más: no son deseos de Aladino; son los deseos del genio y él se los transmitió a Aladino para que los pida. El genio materializó a un muchacho llamado Aladino para satisfacer sus propios deseos. Hace lo que quiere y lo hace cómo quiere, porque para eso es el genio.
El genio es un hijo de puta.

Y vos… me hacés creer que soy yo el que maneja la relación.

MARITZA GOMEZ CRUZ

Mi viejo Chevrolet del 95 llegó renegando a una intersección de mucho tránsito, se paró y no hubo modo de que diera un solo paso adelante. Después de revisar cuidadosamente todo lo que pudiera ser reparable por mi inexperta mano y comprobar que no había solución, llamé a la grúa (el mecánico se había negado tajantemente a desplazarse hasta donde me encontraba). Una vez que ésta cargara con mi traste, comencé a llamar a familiares y amigos, en procura de un raid hasta mi casa; pero unos no podían, otros estaban trabajando, etc, etc. Desolado, constaté la vaciedad de mi bolsillo: definitivamente no tenía dinero suficiente para un taxi, y en la casa menos ( hasta el puerquito alcancía había sido alevosamente sacrificado en días de mucha agonía económica). Así que sólo me quedaba una opción, la más económica: el bus. Por suerte, tenía registrado en el celular, de épocas aún más difíciles, el número de Miami Dade Transit, que es la entidad que te brinda información acerca de los recorridos, los horarios, las tarjetas easy transit y todo lo que tenga que ver con el sistema de metrobuses de la ciudad. Así que llamé y recibí los datos que necesitaba para trasladarme hasta mi hogar en un flamante autobús de la red urbana. Qué calvario!! eran las cinco de la tarde cuando llegué a la parada, y a las 5 y 57 minutos fue que pude abordar la trepidante mole. Por suerte, siempre hay asientos vacíos y pude acomodar mis doloridos glúteos tan pronto me subí a éste. Con el sabroso airecito acondicionado, después de haberme "aterrillado' bajo el candente sol de la parada, me entró sueño y quedé medio adormilado, recostado a la ventanilla. El viaje prometía ser largo y la parada donde debía bajarme era la última, así que podía aprovechar. El chofer me despertó al rato con un "hey man, this is de last stop", y medio asustado por no saber bien dónde estaba, me bajé a trompicones. El bus se alejó demasiado rápido-me pareció. Entonces miré en derredor y no reconocí nada. Ya había comenzado a oscurecer, y el páramo donde me encontraba era súpersolitario, no veía casas, ni edificios, ni negocios, sólo árboles y muchísima vegetación rara. Comencé a caminar, buscando orientarme, pero al término de lo que me pareció una calle me di cuenta que me encontraba dentro de un cementerio y no pude evitar un desagradable erizamiento. Ya había anochecido del todo y yo me sentía cada vez peor. Ya no caminaba, sino que corría por todas las callejuelas de la necrópolis, pero estas sólo me llevaban a otras vías del camposanto, sin encontrar salida. Transpirado y anhelante por el terror que cada vez se hacía más intenso me parecía que estaba en una carrera de obstáculos, pues ya no solo corría por las calles, sino a campo traviesa, por encima de las tumbas, derribando jarrones llenos de flores. En eso vi lo que me pareció fuera un celador del lugar y corrí hacia él, esperanzado por la ayuda que podría representar, para darme cuenta, demasiado tarde que era... ! El chofer de la guagua me sacudió con fuerza y me gritó, un poco molesto: "hey boy, this is de last stop". Y yo aterricé en la acera, el bus partió demasiado rápidamente y yo me vi, de nuevo, en el comienzo del infernal recorrido.

Andrés Ruiz Segarra-España

La musa


Húmeda se propaga sobre mi piel tu sabia. Y me cubres con tu aroma, deslizándote en mi espalda, rezumando en mí tu esencia como sangre derramada, como gigantescas olas en mi manantial sin agua.
Susúrrame el frágil verso, en ese aliento que abrasa, y dejaré huir mi cuerpo, y sólo, tendrás mi alma.
Haz que de nuevo amanezca, como hiciste que temblara, como desgarraste el sueño de la noche envenenada, y si en tus dedos perezco, no me juzgues hasta el alba; hasta que el helor del viento me cubra de fría escarcha.

SEBASTIÁN BARRASA

Invaluables


Están los que valoran tus certificados de doctor o ingeniero, tus matrículas, tus licencias, tus títulos de propiedad.
Y están también, los que te valoran a vos.

MARITZA GOMEZ CRUZ

PARANOIA




Mi viejo Chevrolet del 95 llegó renegando a una intersección de mucho tránsito, se paró y no hubo modo de que diera un solo paso adelante. Después de revisar cuidadosamente todo lo que pudiera ser reparable por mi inexperta mano y comprobar que no había solución, llamé a la grúa (el mecánico se había negado tajantemente a desplazarse hasta donde me encontraba). Una vez que ésta cargara con mi traste, comencé a llamar a familiares y amigos, en procura de un raid hasta mi casa; pero unos no podían, otros estaban trabajando, etc, etc. Desolado, constaté la vaciedad de mi bolsillo: definitivamente no tenía dinero suficiente para un taxi, y en la casa menos ( hasta el puerquito alcancía había sido alevosamente sacrificado en días de mucha agonía económica). Así que sólo me quedaba una opción, la más económica: el bus. Por suerte, tenía registrado en el celular, de épocas aún más difíciles, el número de Miami Dade Transit, que es la entidad que te brinda información acerca de los recorridos, los horarios, las tarjetas easy transit y todo lo que tenga que ver con el sistema de metrobuses de la ciudad. Así que llamé y recibí los datos que necesitaba para trasladarme hasta mi hogar en un flamante autobús de la red urbana. Qué calvario!! eran las cinco de la tarde cuando llegué a la parada, y a las 5 y 57 minutos fue que pude abordar la trepidante mole. Por suerte, siempre hay asientos vacíos y pude acomodar mis doloridos glúteos tan pronto me subí a éste. Con el sabroso airecito acondicionado, después de haberme "aterrillado' bajo el candente sol de la parada, me entró sueño y quedé medio adormilado, recostado a la ventanilla. El viaje prometía ser largo y la parada donde debía bajarme era la última, así que podía aprovechar. El chofer me despertó al rato con un "hey man, this is de last stop", y medio asustado por no saber bien dónde estaba, me bajé a trompicones. El bus se alejó demasiado rápido-me pareció. Entonces miré en derredor y no reconocí nada. Ya había comenzado a oscurecer, y el páramo donde me encontraba era súpersolitario, no veía casas, ni edificios, ni negocios, sólo árboles y muchísima vegetación rara. Comencé a caminar, buscando orientarme, pero al término de lo que me pareció una calle me di cuenta que me encontraba dentro de un cementerio y no pude evitar un desagradable erizamiento. Ya había anochecido del todo y yo me sentía cada vez peor. Ya no caminaba, sino que corría por todas las callejuelas de la necrópolis, pero estas sólo me llevaban a otras vías del camposanto, sin encontrar salida. Transpirado y anhelante por el terror que cada vez se hacía más intenso me parecía que estaba en una carrera de obstáculos, pues ya no solo corría por las calles, sino a campo traviesa, por encima de las tumbas, derribando jarrones llenos de flores. En eso vi lo que me pareció fuera un celador del lugar y corrí hacia él, esperanzado por la ayuda que podría representar, para darme cuenta, demasiado tarde que era... ! El chofer de la guagua me sacudió con fuerza y me gritó, un poco molesto: "hey boy, this is de last stop". Y yo aterricé en la acera, el bus partió demasiado rápidamente y yo me vi, de nuevo, en el comienzo del infernal recorrido.

Sebastián Olaso,

Catálogo de errores XV



Es que son otros los protagonistas. Los otros. Cientos de otros que toman las riendas, colocan la carpa, venden los boletos, domestican las fieras, atraen al público. Cientos de miles de otros que hacen malabares, cruzan el aro de fuego, dominan la cuerda floja, reciben aplausos. Cientos de miles de millones de otros. Cientos de miles de millones que te dan la espalda. Cientos de miles de millones de ausentes. Todos hacen, pueden, crecen, avanzan, construyen, triunfan, revelan. Y mientras tanto, vos estás ahí, en un rincón que no parece ser parte de ninguna parte. Ahí. En la búsqueda de, en la resistencia contra, revolviendo entre, jugando a, luchando por. Cientos de miles de millones de cadáveres, de cuerpos, de embriones, de fantasmas, de historias y de mapas te aniquilan. Te arrinconan. Te sacan de la escena. Entonces la escena se vuelve incomprensible, inenarrable, irremontable, irremediable, indestructible, incómoda. Ya no hay ni intimidad ni intimación. Sólo un agujero en el mundo por donde cae todo menos el deseo. Todo menos los otros, todo menos los protagonistas, menos la escena, las fieras, la carpa, el público. Un agujero en el mundo por donde no cae casi nada. Por donde sólo cae el todo del deseo que hay en vos. Un deseo sólo tuyo que sólo desea un escenario sin tu escena.

Sebastian Gabriel Barrasa

Moebius


Se despertó desnudo. Pero esto no era algo que debía llamarle la atención: él siempre se dormía desnudo. Lo llamativo era que no estaba en el catre de su barco. Pero lo más extraño era que el nunca había sido capitán de navío y de hecho nunca había estado en un barco. Esto era así, básicamente porque en su mundo no existía el mar.
Entonces pensó en porque se había despertado con esa sensación de algo tan desconocido para él. Y pensó en por qué le había parecido extraño estar desnudo ya que en su planeta nadie usaba elementos para cubrir su piel.
Como los de su especie podían dominar los sueños, decidió volver a dormirse y soñar que era un hombre que vivía en un lejano planeta azul. Un hombre con dos piernas y dos brazos, que soñaba con ser astronauta y descubrir nuevos mundos habitados, por ejemplo, por unos extraños seres que vivían en la desnudez de su piel turquesa
Pero en medio de ese sueño lo despertó una gran ola que impactó contra su barco y quebró parte de la proa. La ola no era parte del sueño: era un recuerdo del naufragio. Porque él ya no estaba en su catre del barco Holandés que viajaba hacia el Caribe para comerciar especies y otras cosas. Estaba semidesnudo y mal herido en la playa de una isla perdida.
En la costa quedaban los restos de su nave. Probablemente era el único sobreviviente.

Susana Cattaneo

ALGUNAS PALABRAS


Si pienso en la palabra “sol” estoy en la ternura de todos los que amé: ladridos, sonrisas, trinos, mediodías que hacen jóvenes los sueños.
Si alguien me habla y me dice “mar” estoy en aquella playa donde la felicidad era cada destello de amarillo, donde las dunas eran un paseo por la dicha.
Si alguien conversa y me dice la palabra “noche” estoy en la libertad silenciosa de la creación de poemas.
Si leo “tristeza” estoy en el mundo de la nostalgia.
Si susurran “soledad”, en el misterio de la vida.
Si me hablan de los ojos del amor, entonces soy la visión del infinito.


Andrea Victoria Alvarez

CON LA BOCA SECA

AÑO 2035.


-Señor, ¿cuánto cuesta un vaso de agua?
-Eso depende-respondió el hombre con la boca pastosa-, si es un vaso de agua contaminada 5 dólares, si es un vaso de agua corriente 10 dólares, y si es un vaso de agua filtrada 30 dólares.
-Ahh!
El hombre revisa sus bolsillos y extrae algunas monedas.
-Entonces, sirva un vaso de la más económica, de la contaminada.
Y bébasela.

Senén Rodríguez Perini

La decisión de Arrecho Abreu



Llegó al Bar con muchas copas dentro, y a él el alcohól lo ponía agresivo.

El cuerpo le pesaba. Se detuvo en la puerta, mojó los labios con la lengua, afirmó el cinto.

Pestañando en camara lenta, a través del vidrio sucio vio cantidad de gente y abrió la puerta con fuerza, decidido.

Se hizo un silencio.

Todos lo miraron, algunos con odio, otros con miedo, ninguno con alegría.

Pese al alcohol, desde esa posición pudo ver al turco Abdul apoyado en el mostrador, de copas con el brasilero Carvalho, los dos contrabandistas de ganado. (Él sabía bastantes cosas de esos dos y tenían cuentas pendientes)

En la mesa contra la ventana estaba al judio Brunstein haciendo numeros con el pelusa Contreras, gaucho de casi dos metros y 130 kilos, su empleado y “cobrador personal” en casos de insolvencia del deudor, finiquitando entre ellos quien sabe cual de sus tantos negocios turbios.

Por las mesas del medio junó a la parda Manuela - “su” parda - subida en la falda del malevo Rosales – esto era demasiado - y solo con la mirada de furia que les tiró, casi le hace un barbijo en la frente. Ella sintió el odio clarito, y quedó temblando.

Lleno de bronca espesa, apretó los puños.

Para la izquierda del cafetín vio cantidad de gente y entre ellos bastantes elementos - figuritas conocidas - con los que tenia otros asuntos. “Tiempo al tiempo”, pensó.

Se palpó el facón con la derecha y acarició la Beretta en el sobaco, porque venía dispuesto a cualquier cosa y todos lo sabían.

Fueron vivencias lentas, degustadas, esperadas, fatales, que parecían horas pero duraron segundos.

Con dificultád comenzó a entrar al tugurio.

Al ver el movimiento Rosales se paró de golpe llevandose la mano a la cintura – utilizaba la faca agarrada en la espalda con el cinto - dejando a la parda desparramada en el piso. Brustein desesperado juntaba el dinero ayudado por Contreras que ponia los inmensos brazos en los bordes de la mesa controlando no se cayera ningun recibo. El gallego Manuel y el turco Abdul se dieron vuelta mirándolo de frente con desprecio. Manuel metió mano en la cintura y agarro el mango del facón. Abdul – zurdo perdido - coloco la mano izquierda en su sobaco derecho y la dejo apoyada en el Smith & Wesson 38.

Todo quedó en silencio.

El dueño del cafetín, el vazco Iñaky, se tiró de cabeza atrás del mostrador, jalando de abajo la poyera a su mujer para que hiciera lo mismo, pero ella estaba paralizada por el miedo, como estatua.

Arrecho Abreu tenia problemas personales con varios de los presentes y esa noche los iba a arreglar por las malas o por las peores tambien. (Se acordó por un instante de unos cantores del pueblo y casi penso la frase con el mismo tono y ritmo de la canción)

Todos los músculos de todos se tensaron.

Avanzó.

Tropezó en una rebarba de la madera de piso, quiso recuperar el equilibrio pero el alcohol no lo dejó, trastabilló dos pasos y cayó pesadamente hacia adelante haciendo el cuerpo una pirueta extraña partiéndose la frente contra la mesa del malevo Rosales, quedando difunto ipso facto con la sangrante cabeza abierta apoyada en la falda de la parda Manuela que se desmayó con un suspiro.

En cierta manera, logró lo que quería, aunque debemos reconocer que no en una forma convencional. Ya no le afectarían más sus malas relaciones con todos esos malandros despreciables.

Sus problemas quedaron resueltos.

Julia del Prado

Secreto de luz


Cada noche la luz se desvanece dentro de una mochila cargada de años. Sin embargo todos los cuatro de setiembre desde el año de 1939, a las siete de la noche en punto Lola y Juan la ven con una luz intensa, en todo su apogeo. Sonríe sin efectos especiales y les hace sólo a ellos un guiño gatuno.

NEDDA

Los extraños


En la tenebrosa región de los que no están vivos ni tampoco muertos, las criaturas vagan sedientas por conocer su origen. Están furiosas y tristes a la vez, avergonzadas por no encajar en ningún lado.
Temidos y odiados por sus vecinos (nada acrecienta más el odio que el miedo) descansan de día bajo un manto de tierra fría, para erguirse aturdidos con las primeras sombras. A veces, sus sentidos pueden llegar a confundir un día muy nublado con el atardecer, y entonces terminan apaleados, o heridos con las armas más mortales que posean los hombres.
Pero cada anochecer deben retomar su extraña existencia y, babeando, caminan balanceándose en busca de raíces y pequeñas alimañas que sigan manteniendo su no-vida, su no-muerte.
Yo los he visto a veces desde mi ventana, confundidos con el ramaje que puebla el campo. Se agitan oscuramente bajo la lluvia o las estrellas, mientras sollozan por lo bajo. Ya no les temo, y algunos llegan hasta el cobertizo para buscar frutas, queso o miel.
Después, antes de que amanezca, desaparecen bajo las ramas de los nísperos y paraísos, mientras el viento arrastra muy lejos sus gemidos.

Emilio Medina Muñoz

Una preciosa criatura, caminaba por la acera de lo superfluo, mirando los envoltorios de fina seda, que se asomaban a los escaparates de la abundancia. Unos zapatos de doce centímetros, hacían equilibrios, para no derribar a tan bella portadora.
Distraídamente, vio las lágrimas del animal, reflejadas en los brillos de un carísimo bolso, mientras la indumentaria de pulido brillo blanco, envolvía la silueta de un relleno de porespan.

En la esquina, un hombre pobre, un paria, un deshecho de la sociedad, tomaba del suelo la punta de un cigarro, lo encendía con gran ceremonia, y sonreía de su buena suerte. Tenía tabaco y el Sol alumbraba. ¿Para que más?

Pascual Marrazzo

La Ventana



Las ventanas de mi barrio no sólo se adornaban con glicinas y malvones. Algunas, eran verdaderos marcos del arte cotidiano. Otras, famosas por las bellezas de las muchachas, aumentaban el tránsito por sus veredas y la barra de las esquinas.
Yo solía frecuentar una de balconcito bajo y barandas de bronce, donde brillaban las caritas traviesas de las hijas de Casimiro.
Era tan joven que no puedo precisar ahora, si a mi paso lo obligaba el amor o la vanidad de mi cabecita engominada.
Lo que sí recuerdo bien, es que a pesar de los rumores de la época, podía recibir esas muecas cómplices que duraban por días dentro de mi corazón.
Un día el viejo Casimiro aprisionó la ventana con una pesada reja y no contento con ello, la enlutó con unas cortinas negras. Había inutilizado la ventana y por ende, despoblado de muchachos la vereda y la esquina.
Tal vez, si se hubieran medido las consecuencias, nadie hubiese osado robar. Lo cierto es, que la macana estaba hecha y a una de las hijas de Casimiro, le faltaba un beso.

Liliana Díaz Mindurry

LA ABANDONADA

Ahí mesmo me despedí / de mi infeliz compañera. / Me voy –le dije-,andequiera/ aunque me agarre el gobierno, /pues infierno por infierno, / prefiero el de la frontera.
JOSE HERNANDEZ


Hubo una vez o había una vez o es un eterno, miserable presente en el que marchan, marcharon o marcharán por el desierto (si es que eso es un desierto), ambos a caballo (si es que eso es un caballo), él, los ojos cortados a tijera de escritorio, colocados a golpes de maza sobre el cráneo chato, ojos donde bailan los perros pero los perros de escenografía (él, si es que él existe), ella, ojos aguados con barcos que no se amarran a ningún puerto –porque la llanura es un mar verde donde nadie llega a ninguna parte- barcos deshechos (ella, si es que ella existe), él, nublado o avanzando en humaredas, como si tuviera el cuerpo hecho de letras, versos, estrofas, o quién sabe, frases, cara de papel y tinta, ella, algo más corpórea en su neblina, pero también hecha de la sustancia deleznable de las palabras, el caballo que se hace cada vez más fantasmagórico, incluso a veces deja de existir y su relincho es apenas una brizna de silencio o un ruido de hojas ejecutado por cualquier mano más o menos aburrida, la noche, la tremenda noche del desierto, apenas un lienzo negro esbozado a lápiz, el desierto, una sábana verde y una línea interminable que termina sin embargo en un falso horizonte trazado con regla, hubo una vez, habrá una vez o hay una vez en la que el caballo se mueve en un movimiento ficticio hacia ninguna parte, donde hay recuerdos, pero pertenecen al presente, un entierro en el pajonal, y después el hambre, el hambre hecho de tristeza o la tristeza hecha de hambre, sobre todo el miedo de ella, la de ojos aguados, miedo del indio que acecha o de otra cosa muy solapada más temible que las tolderías, comen a veces carne cruda o raíces de sueño, carne cruda y raíces sin gusto ni consistencia, son guiados por estrellas, vientos y animales imaginarios, animales que son ruidos o insectos pequeños entrelazados de collares que entran en la retina de Alguien que lee en algún escritorio, y es una noche o es un día, o son días y días que son como una sola noche, qué llanura, qué noche, qué caballo, qué animales, vientos y estrellas, qué hombre, qué mujer, qué entierro, qué pajonal, qué alimentos, pero hay tristeza y hambre en alguna parte, hambre de existencia, el hombre –Martín Fierro lo llaman- le habla a la mujer –cautiva le dicen- le habla con palabras huecas como suspiros de muerto: que han alcanzado la estancia, la tierra sin salvajes, que debe irse, le habla en verso de infiernos y de fronteras, y entonces ella le contesta con otra voz, hueca también, pero diferente a la de antes, que por favor no se vaya, que no la deje sola, por favor, por Dios, si es que hay un Dios más allá de las cadenas de escritorios, él con voz siempre hueca, pero diferente a la de antes, se enoja, le dice que no lo distraiga, que ya no puede responder en verso, que José Hernández ha dispuesto que debe encontrarse con sus hijos y que ése es el destino, José Hernández dispone, no hay otro Dios que no sea José Hernández en su teología y no es posible escapar a sus designios, ella, aterrada, le explica que entonces desaparecerá para siempre, se hundirá en la nada, no te hundirás, responde él siempre airado y con la voz diferente, prosaica, sin palabras gauchescas, será el eterno retorno, volverás cada vez que alguien te convoque, así le dice y ella: volverá el indio y mi dolor, volverá a morir mi hijo, así ladra la mujer o aúlla o ruge con voz de cartones y silencios, volverás a pelear, a bailar en la sangre, pero él ya se ha ido como si no hubiera estado nunca, como si jamás hubo una vez no hay ni habrá ni la más ínfima vez, los ojos aguados lloran lagos, mares, océanos de tinta con la suavidad del odio, a lo lejos hay una luz de amanecer, una diminuta luz, una luz que no es luz, una luz enmascarada, disfrazada, con antifaces, ella deja de llorar y observa asombrada que todavía existe, que Martín Fierro ha partido hacia su destino encuadernado, pero ella todavía existe, soy, piensa, no me han hecho de letras, de palabras, de giros gramaticales, soy, piensa, soy, y tiene ganas de torcerse de alegría, se ha escapado de su eterno retorno con el indio y el hijo muerto, aunque el indio y el hijo están hecho de la misma sustancia apalabrada, entonces, no la rodea un campo dibujado, no mira un caballo fantasmagórico, mis ojos aguados son reales, los barcos de mis ojos se amarran a un puerto, estoy hecha de carne y sangre, no soy vació disfrazado, hay un Dios fuera de los dioses de escritorio, ladra la mujer o aúlla o ruge con voz de cartones y silencio, destinada no obstante a desaparecer cuando termine la interminable frase en ese excremento de mosca fantaseada, en esa brizna, en esa nada del punto.
(De "Ultimo tango en Malos Ayres", 2º edición, Ruinas Circulares, 2008)

SUSANA CATTANEO

ELLA



Ella camina sobre las puertas del bosque. Encierra la luz entre follajes y liebres. Detiene su sombra sobre mi rostro. Saluda campanarios y flota sobre el mediodía que se cubre de magia.
Sigue caminando de espaldas al tiempo con una cesta cargada de jade. Tiene, también, la liviandad del azogue, de los navíos amarrados al último arcoíris.
Tanto esperó para soñar la realidad del fuego. Tanto para vestirse de niebla y rubíes de agua.
Ella, ahora, llega a la llave de todos los misterios. Entra en mi corazón. Lo llena de infinito y me regala la eternidad.

Pascual Marrazzo

Quebranto

Desde el Infierno puedo percibir el golpe de los pétalos, como si éstos al caer dejaran de ser besos, para transformarse en chapitas de cerveza. Tomo la música y, en mis manos, recibo el azote salvaje de sus cuerdas, .el mar me calma las heridas aquí en el horizonte, donde toca el cielo. Mis quebrantados sentidos, escuchan la luz por primera vez, oigo la voz azul del amarillo atardecer, hasta que sangra el crepúsculo. No sé si es tristeza, melancolía o tal vez el límite de la resistencia ¡Me duelen las rodillas del alma! ya no puedo caminar. Esto no sería tan grave, pues el cielo comienza bajo mis pies ¡Me duelen los hombros! y no puedo volar...

Romy Sosa

Después de hacer un viaje por la vida.... he vuelto. Los pies están sobre la tierra. Mi alma... esta en su lugar.

Karina Isabel Roldán

‎"Iluminar el camino por donde vamos y aquellos tramos que florezcan con la FE del corazón. No hay que temer a lo nuevo, desconocido y extraño. Tantas puertas se abrirán o cerrarán con la misma cadencia de los vientos mientras las percepciones galopan serenas asomando del escote, despertando un claro sentido extraviado. La naturaleza comprende el sentido de ubicar las piezas en un orden especial, luego nosotros nos adaptaremos o no al hermoso juego en el arte de vivir"

Luis Erker Ercolano

ahora nosotros
buscando un lugar que nos guarde cruzamos la noche, y no hay nada más que sitios sin riesgo, cómodos y complacientes. Aptos para hembras ligth, reservados para el insípido, inoloro, incoloro y vulgar muchacho de las inteligentes decisiones...el nervio del amor vibra en nuestras manos, no hallamos paredes que contengan nuestras inquietudes. no hay un puto ambiente de sana bravura donde la salvaje sensualidad de nuestro sexo pueda soltar sus perros y actuar...construir historias. ahora nosotros, nos toca, somos nosotros, ¿lo entenderemos? la música rebota en la cabeza como bala de vida que al explotar tapara por fin la fría sinfonía de todos los ringtones.

Sebastián Olaso

Catálogo de errores V



No: no van a admitir nada. Sin embargo, los adjetivos para el amor que pregonan son precario, tibio, ingrato, descartable. Los verbos para el amor que demuelen son traicionar, mentir, exprimir. Para ellos, el amor y el desprecio tienen las mismas cicatrices, quizás las mismas letras, quizás los mismos métodos. No van a admitir nada, no van a asumir su deriva. Golpean, destruyen, toman rehenes. Y después callan, porque hablar es un riesgo. Matan para teñirse de muerte, porque teñirse de vida los aturde. Y hoy, que no puedo distinguir entre el frío del invierno y el frío de sus ojos, me resisto al contagio. Trabajo para darles un sentido. Los salvo de mi furia y de mi lágrima. Les ofrezco otra mejilla. Me permito otras ruedas.

M Milagro Sena

Horas bajas...


Cansancio.., mucho cansancio, un humo gris envuelve el cuerpo,
un triste lamento, retumba en el alma invadiendo el pensamiento.
Es uno de esos vientos, que se cuelan a traición,
sin un leve sonido, en nuestros sentimientos, entonces...
El cansancio y la angustia ¡ de toda una vida ! se enseñorean, sin dilación
en tus atropellados y cansados, razonamientos.
Te golpea, azotando tus sentimientos más tiernos.
Te esquilma la vida, el silencio, el aliento, hasta..,el pensamiento.
Se adentra asfixiando los bellos momentos.
Te agarra por el pelo ..,
¡ Te arrastra por los infiernos !
Mientras.., escuchas los quejidos angustiosos,
de aquellos que fueron hermosos sentimientos.
Quieres auxiliarles, pero no encuentras asidero, intentas agarrarte a algo,
y.., te encuentras con las manos llagadas, por las ascuas de tus pensamientos.
Arrastrando los pies, pretendiendo avanzar, ¡ fallido intento!
Pruebas a gritar, pero... tu voz no esta dentro,
te esfuerzas, más.., es inútil tu lamento.
Así te debates en la noche de tus sufrimientos, solo y... desolado.
Cerrar los ojos al verse en los últimos momentos y...vislumbrar...
¿Por azar?, un rayo de luz , allá en lontananza, lejos, en el tiempo.
¡ Renace la esperanza.., resurgen los ensueños...!
Te aferras a ese resplandor, que vislumbras a lo lejos.
Con una furtiva esperanza, avanzas a su encuentro...
¿ Lo hallaras, será...o es otro...vano sueño?
¿ Quien lo sabe,?
¡ Es la vida, sueños, lamentos, fragmentos gozos y esperpentos!
¡ Hojas..., que pronto se secan, y se las lleva el viento !
¡¡¡ La vida solo son... unos momentos..!!!

HÉCTOR COBAS

SUEÑO


Oigo una voz: “Sígueme, te mostraré lo que está preparado para ti, para que puedas pasar de las tinieblas a la luz”. Aparece un reloj. Las manecillas giran rápidas. Detrás del reloj se dibujan unas figuras semejantes a monjes budistas tibetanos frente a una computadora y al costado unos gruesos códices manuscritos, un libro de Arthur Clark y otro de Baudrillard. Las caras de los monjes se descubren atónitas. Toda esta escena rodeada de un cielo nocturno, donde las estrellas se van apagando lentamente.
El sueño rápidamente se esfumó y el estado de vigilia me devolvió a esa dura cama en que cada noche encomendaba mi cuerpo. Traté por todos los medios de mantener las imágenes del sueño en mi mente despierta, ya que su espejismo me había dejado bastante consternado, vislumbrando en esas imágenes un profundo simbolismo, más rayano a una visión, que a un simple sueño. Era evidente que la lectura de Baudrillard, el día anterior, me había dejado bastante pensativo. Los nueve mil millones de nombres de Dios, tarea que los monjes budistas, durante siglo habían asumido escribir en los códices, se adherían a un anuncio que profetizaba, de que al completarlos, el fin del universo estaría sellado. El tiempo real en que se consumaría la tarea se extendería indefinidamente, por la lentitud del procedimiento y con ello también la duración del universo. Pero el cuento de Arthur Clark le destinó una computadora, con técnicos de IBM bastantes incrédulos de las opiniones de los monjes budistas. Los nombres de Dios surgieron vertiginosamente en la pantalla del ordenador y en un corto lapso de tiempo, la nómina se completó. Y los consternados monjes y técnicos empezaron a observar como las estrellas se iban apagando una a una. Toda esta historia se había adueñado de mis pensamientos que surgieron a borbotones desde mi inconsciente, dispuestos en imágenes que fui recomponiendo en una ardua tarea, tratando de ordenarlos en un todo coherente. Pero me surgía una pregunta ¿qué fondo oscuro ocultaba el sueño? ¿Qué otra cosa querría decirme? ¿Tendría que recurrir a un analista para qué lo interpretara? Como sigo siendo abstemio al psicologismo, traté de darme yo mismo una explicación. Varias ideas se encontraban ocultas y me empeciné en descifrar esas imágenes-signos. La idea primordial fue la de tiempo. El tiempo era un rasgo invisible en que se movió silenciosamente la construcción del sueño, aunque sabemos que la experiencia del tiempo no se hace manifiesto en los sueños. Es algo que rescato desde mi conciencia del sueño. La otra idea que atisbo es el pasaje de las tinieblas a la luz. Y por último rescato, la idea de término y de fin, apareada a la idea de caducidad de los cuerpos y por qué no a la extinción de mi propio cuerpo, se compendiaban en esa concepción apocalíptica, en la cual descubriendo el último nombre del Ser absoluto, como lo abarcador y ordenador del universo, los entes individuales se desvanecerían sumergidos en esa totalidad. Esas nociones explicativas fueron bastante tranquilizadoras para mí. Eran los devaneos del pensamiento filosófico abstracto transpuesto en imágenes y ficciones literarias arrancadas de la mística.
Me propuse darle forma de cuento o narración escrita, que llevaría por título
LOS SUEÑOS QUE OTROS CREAN, DESOCULTAN MIS PROPIOS SUEÑOS.

También me pedirían que escriba una sucinta biografía:
El autor nació en un apartado pueblo de la Provincia de Bs. As. , fue llevado desde muy pequeño a vivir en un barrio del Gran Buenos Aires, donde pasó toda su juventud y que a pesar de los grandes esfuerzos que realizó, nunca alcanzó plenamente la madurez. Trató de estudiar filosofía en forma sistemática en las sedes oficiales destinados a tal efecto, pero nunca llegó a concretar un título que lo habilitara como filósofo pensante. Las causas se ignoran, pero según algunos se debieron a su mente poco práctica, mientras que otros se lo adjudican por haber seguido el camino de malgastar el precioso tiempo de estudio, en construir fantasías utópicas en sombríos bares del suburbio bonaerense. Lo que sí, queda establecido, que se refugió en Miramar y en la actualidad emplea sus ocios, alternando sus quimeras con prolongados períodos contemplando el mar, teniendo la sospecha, que el nombre del Espíritu absoluto permanecerá oculto y que el afán de los humanos por revelarlo será infructuoso, y que tendrán que conformarse con perseguirse a sí mismos, a través de sus propios sueños.

Senén Rodríguez Perini

En ese hueco oculto a todos, detrás de la pequeña y gruesa puerta de madera maciza, el cuerpo mantenía una postura encorvada con la piel negruzca pegada a los huesos formando arrugas lineales irregulares que lo hacían especialmente dantesco. El cráneo aún se mantenía en su sitio sostenido por restos de cuero cabelludo con algo de pelo blanco en las sienes y la nuca. Las cuencas vacías parecían morbosamente decoradas con algo de cejas y piel putrefacta mientras la desencajada quijada estaba a punto de caerse.

Llamaban la atención esas manos como garras negruzcas sin uñas – se notaban arañazos en las paredes del cubículo que sugerían intentos desesperados de libertad - seguramente se las había arrancado rascando la madera y el cemento al quedar atrapado.

La luz de la linterna apenas lograba ver esa momia, no había sido fácil llegar hasta ese alejado rincón en medio de infinidad de otros objetos abandonados en el pequeño cubículo. Era fácil ver que hacía mucho que nadie pasaba por el sitio. Un típico aroma de humedad acompañaba cada movimiento. Más allá de la sorpresa, el hallazgo revivió en cierta forma su pasión por lo antiguo que de joven lo había llevado a estudiar arqueología.

Asombrado miraba el descubrimiento que jamás hubiese pensado encontrar en esa zona, mirando todo lentamente, intentando guardar en la retina cada detalle, cada pequeño signo.

Increíblemente por fin vio ese anillo grueso de oro en el anular de la mano izquierda junto con otro de plata, más grueso, coronado por una piedra de obsidiana blancopálida en el meñique de la misma mano.

Fue el dato fundamental que permitió datar el hallazgo con total seguridad, incluso ahora podría definir la identidad de la momia.

Solo para confirmar las sospechas dio vuelta el cuerpo momificado y en lo que había sido la cintura pudo ver restos de ropa atados con una simple cuerda anudada con triple nudo, lo que era una típica costumbre de ese sujeto en su tiempo.

Lo que intuía, contra todo pronóstico, estaba confirmado.

Con gran dificultad retrocedió por donde había venido, buscando aire fresco.

Se detuvo y respiró profundamente.

Ya repuesto de tanta emoción gritó a su compañera con toda la fuerza de sus pulmones:

-¡Martaaaaa! ¡Martaaaa! ¿Dónde estás? – la voz rebotando en las paredes generaba un eco lúgubre –

- ¡Estoy aquí afuera, de donde me estas gritando, apenas te escucho!

- ¡Arriba, aquí arriba, en el galpón viejo, en la buhardilla!.

- ¿Qué querés?

- Fijate que siempre estuvo aquí, no se había ido de vacaciones ni salió con nadie… ¡con razón la policía nunca supo nada!

De abajo la mujer le preguntaba a los gritos porque no entendía demasiado:

- ¿De que hablas... qué me estas diciendo?

- ¡Que tenemos que limpiar más seguido... ¡encontré al abuelo carajo, encontré al abuelo!

Pascual Marrazzo

No permitas que nos alcance

El mañana llega y se suicida a las doce de la noche. Como un tren que se tropieza con el tiempo, arrasa las horas que escapan de los rieles desnudos. Una boca que traga la luz y la oscuridad, el ruido y el silencio. No esperes a que nos devore, regálame unas horas sin minutos, que se puedan expandir en la fantasía. Donde el mañana siga siendo hoy, porque es hoy que tu perfume me entra por los poros y lo oigo pasar. Es ahora que tu aliento encadena nuestros labios y escucho caer una de tus sandalias y la otra... El momento exacto en que tus piernas me abrigan hasta el final de las vías, sin más estaciones donde parar.

Senén Rodríguez Perini

Una madrugada, un carbonero


En una madrugada fresca - no fria, apenas fresca - la primavera de 2011 en Calella, pequeño pueblo costero de Catalunya, Nación ocupada por España hace mas de 500 años, me despertó una voz juvenil, carrasposa, una voz “de vino”, que rebotaba en los techos de todas las casas, en los edificios, en los muros de los apartamentos, en los árboles, en todo, y se agotaba en el infinito, una voz que yo conocía por su tono, por la pronunciación de determinadas letras, por el dolor y la soledad que contenía su canto, una voz claramente uruguaya que cantaba-gritaba-reclamaba: “Peñaroooooolllllll Peñarooooolllll... que grande sossssss, como te quieroooooo, co-mo-te-quie-ro.... Peñaroooooolllll” y repetía el canto aurinegro por las calles vacías esa madrugada fresca cuando el reloj marcaba cinco menos cinco y alli recordé que el aurinegro jugaba un partido importante por la Libertadores y como teníamos una diferencia horaria de cinco horas, en Montevideo era casi media noche y seguramente el viejo Peñarol había ganado y la mitad del pais oriental estaria festejando en la propia tierra o desparramados por el mundo como estornudo de mellado - que asi estamos desde hace tantos años - y este paisano era uno de esos del medio pais desparramado que venía de festejarlo en la casa de algun otro uruguayo o argentino o boliviano, que en el exilio la patria latinoaméricana es una sola, se puede sentir en las tripas sin necesidad de ningún discurso, porque los “sudacas” de todos los colores somos uno, nos sentimos naturalmente uno en la vida del exilio y él lo seguía festejando por el medio de esa calle catalana solitaria, fresca, absolutamente silenciosa, atronando con su canto a capela “Peñarolllllll, Peñarooooolllll que grande sosssssss, como te quiero, como te quiero Peñaroooooollll Peñaroooooolll” subiendo y bajando los decibelios y afirmando la voz con cada pisada - porque se sentían claramente las pisadas de este solitario cantor de la noche al que no precisaba ver para saberlo con altos niveles de alguna bebida espirituosa en sus entrañas - y asi llegaron la voz y las pisadas hasta la esquina y pasaron y siguieron y se fueron alejando y alejando y “Peñaroool, Peñaroool, Peñarooooollll como te quiero Pe-ña-rooolll” quedó resonando en las calles vacías de la pequeña ciudad mediterranea en la costa catalana donde la mayoría de los vecinos no podia saber cual era el motivo para que ese hombre fuera despertando a todos con sus cantos y gritos de alegria, más aún, seguramente muchísimos ni siquiera entendieran el castellano, solo escuchaban a otro ser humano alegre y pasado de alcohol que vociferaba sus asuntos mientras cataratas de puteadas y maldiciones en catalan, en castellano, en dialecto mandinga y otros idiomas africanos, en voces latinoamericanas variadas, en voces europeas variadas, en voces asiáticas variadas – que Catalunya es un crisol de nacionalidades - una lluvia inmensa de groserias salia de todas las casas, de todos los edificios, de todos los balcones, maldiciones que yo imaginaba como invisibles papelitos de colores dando vida a las calles solas, acompañando el paso del solitario hincha en su festejo, algo dificil de entender para los otros humanos mal dormidos, algo inesperado, realmente surrealista, un imbecil despertando a todo el mundo en plena madrugada con ese grito que para mi sí era descifrable, porque era el sonido del dolor que conocemos los que por este o aquel motivo tuvimos que exilarnos de nuestra tierra, ese grito de “Peñaroooooollll Peñaroooollll, que grandee sooooossss, que grande sooooooss, Peñaroooool Peñarooooll co-mo-te-quie-ro Peñaroooollll”, que podia ser Nacional o Defensor o cualquier otro equipo latinoamericano, pero esa noche era Peñarol, ese grito de alegría mentirosa, porque en realidad es un inmenso aullido de soledad, un himno al desarraigo, al dolor que se lleva muy adentro, a la rabia contenida, a la soledad impresionante que no se puede trasmitir ni transferir ni abandonar y que nos tiene siempre abrazados casi hasta la asfixia y por eso el grito de “Peñaroool que grande sos como te quiero Peñaroool”, ese lamento disfrazado nace en las vísceras del hombre y retumba al salir por la garganta rompiendo misteriosamente por unos instantes esas inexistentes cadenas que nos parece sentir en el tobillo anclándonos a una tierra que aunque podemos quererla muchísimo, no es aquella y con esa misteriosa magia tambien transforma la realidad mientras dura el canto y la euforia y nos permite sentir en el alma casi como si estuvieramos entre todos, con los nuestros, en la Plaza del Entrevero, en pleno centro de Montevideo, en el frio del otoño del sur, entre la niebla que oculta los plátanos que pierden sus hojas, sintiendo el revolotear de las palomas asustadas por el bullicio, empujadas por el viento salitroso, fresco, con ese inconfundible olor a puerto tan integrado a nuestro Ser, mientras la nostalgia y los recuerdos nos invaden y el “Peñaroooll, Peñarooooll, como te quieroooo Peñarooooll” se va haciendo cada vez mas inaudible a la distancia, pero no cesa, jamás cesa porque sigue resonando en nuestra cabeza como toda la vida lo ha hecho, como lo hace hoy y lo hará con toda seguridad mañana.