CINCO ESCALONES
Un paso más, se dijo. Un paso más. No es fácil: el cuerpo duele, maltrecho. Uno más, insistió. Apenas faltan cinco escalones. Arriba alcanzaría la verdad última. Pero antes, debe llegar ahí. Ama ese lugar. La sabiduría cuesta, piensa. Cuesta una vida. Mide sus fuerzas. Sí, sus piernas aguantarán el peso. Tercer escalón, cuarto. Titubea, casi cae. Apoya el brazo derecho en el pasamanos. Los dedos se aferran, firmes. Sonríe. El último intento. Un impulso, el peldaño final. Lo ha logrado.
Cuando los hijos llegan, el anciano está reclinado en su sillón preferido. Los ojos, sin vida. El rostro, triunfal.
Historias para creer, 2006
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FIN DEL PRINCIPIO
Algo salado. Saboreo algo salado. ¿Así será la muerte? Por cierto que sí, qué pregunta. Me siento bien, confortable, como flotando, la vida que seguramente se está escurriendo de mi cuerpo todavía me da un último momento de placer. Salado. No sé si el gusto viene de adentro, o de mi piel. Recuerdo el último cigarrillo. Qué tontería, ya no hay tiempo para nada. Me voy, mi cuerpo se va yendo al final, desde donde no volverá. Ni cigarrillo ni alcohol, ni un orgasmo postrero que me recuerde la vida, ya no hay tiempo para volver atrás por un último goce. Es la muerte de todo. Pero en mi cuerpo hay satisfacción, un placer húmedo, ingrávido. ¿Un cigarrillo dije? Es que no creo haber fumado nunca. Hay un momento de duda. ¿Era yo hombre? Por momentos me recuerdo mujer. Siento que mi padre está aquí. No lo veo, sólo lo siento, sé quién es más allá de su cuerpo. Padre, me voy, me estoy yendo, mi vida se acaba, no puedo verte. Tu hija está aquí, se va, padre. Tu hijo. Escucho su voz, lo amo, amo a mi padre. Lo odio. No es su voz, es lo que piensa, madre. A ti te siento en mí. Algo me lleva hacia adelante, fuerte, directo. Se frena. Ahora continúa. Ya no estoy cómodo. Esto está terminando, mi vida se va. El hombre está de pie y piensa: un poco más hijo, aguanta un poco más. Un pequeño esfuerzo y estaremos juntos. Mi padre. Puedo leer su pensamiento. Llora y se dice, me dice: tan inocente en un mundo malvado. Desde aquí no puedo hablarle, convencerlo de que no, no padre, no te equivoques. No puedo hablar pero lo sé todo. No soy inocente, lo sé todo. Un manojo de negros cabellos asoma por el hueco de la vida, húmedo, viscoso. Un sabor salado. Siento un sabor salado y ahora la boca seca. ¿Ya estaré muerto, padre? Todo se me olvida, ya no recuerdo nada, sólo a ustedes. Madre, me voy, padre, no te preocupes. El hombre ve salir una pequeña forma humana, una nueva vida en un cuerpecito amado, y solloza. Oye una sinfonía surcando el aire, algo que no es triste ni risueño pero es enorme, no puede evitar las lágrimas. El doctor arropa al niño, lo seca. Un segundo médico le quita la manta. Al apoyar la carne flamante sobre la báscula, el niño siente frío. Grita y su grito ya no es de muerte. Es un grito nuevo.
Relatos en tres dimensiones, 2004
Susana Lizzi, Gualeguaychú, Entre Ríos.
Patito feo
- ¿Cómo te llamás m’hija?
- Luisa.
Luisa ojos bajos, cabeza gacha, corazón galopante.
Hubiera querido confesar su miedo, liberar la humedad de su mirada. Pero no. Levantó un poco la cara y miró de reojo a la mujer que se calzaba diestramente los guantes de látex.
-¿Qué edad tenés?
-Quince -mintió en un balbuceo casi agónico-. Quince– repitió.
Y se esforzó por comprender las frases que le susurraba la mujer tratando de tranquilizarla.
-¿Y quién te mandó acá, Luisa? –preguntó como distraídamente su interlocutora.
- Una...amiga mía- La voz apenas le obedecía. No podía apartar la mirada de esa boca casi grosera que se movía sin cesar detrás de una semisonrisa de grandes dientes, uno de ellos con metálico brillo.
-¿Cómo se llama tu amiga?
- Nélida. Nélida González.
- ¡Ah! Sí, Nélida- asintió con la cabeza en un reconocimiento mental-. Bueno, vení querida, acostate en la camilla que te voy a revisar. ¿Cuándo tuviste la última falta?
-¿Falta?
-Quiero decir, el “asunto”, ¿cuándo menstruaste por última vez? –Aclaró con afectada paciencia.
Luisa piernas flacas, cuerpo menudo. Sus pudores la apabullaban con un calor envolvente revelándole su indefensión.
Se desvistió tímida y se sentó en el borde, con vergüenza.
-Ponete de espaldas. Apoyá un pie acá y el otro acá, eso es, flojita, bien flojita- dedos conocedores palparon el vientre niño de Luisa niña-. ¡Casi dos meses, chiquita, eh! Si no lo hacemos enseguida puede ser peligroso. Vestite que ya está. Te habrá dicho Nélida que yo cobro barato…
Asintió con un leve movimiento de cabeza.
-Te coloco un “aparatito”, ¿entendés? Y vos te arreglás.
Luisa mira con ojos muy abiertos, sin entender.
-¿Cuándo vas a poder?
Luisa silencio.
-¿El martes a las ocho y cuarto te parece bien?
-Bueno.
Salió a la calle temblando, con ojos de animal asustado, buscando identificar sus sensaciones. Su mente parecía estar en blanco, pero su problema era un animal vivo que la apresaba con sus garras trastornándola. No lograba explicarse nada. Sin embargo sabía que una sola cosa la liberaría: volver atrás en el tiempo, y eso no se puede. Volver hasta esa noche cuando su amiga le decía:
- Luisa, este es tu traje ¿no es fabuloso? ¡Vas a ser una reina en la comparsa!
- Nunca voy a olvidar estos carnavales...
- ¡Vas a saber lo que es la alegría, el placer de que te aplaudan! Los muchachos te dicen piropos, la gente quiere fotografiarse con vos... ¡es tan maravilloso que te aturde!... Te va a gustar, Luisa.
- A mí lo único que me importa es Horacio. Por él salgo en la comparsa.
- Van bien las cosas entre ustedes, ¿no?
- Si, re-bien. Pero me preocupa que el tiempo pasa y tiene que irse a Buenos Aires.
- Bueno, pero puede volver...
- ¿Y si no vuelve?
- ¡Pavota! ¿Por qué no habría de volver?
Un viento fresco la trajo a la realidad y apuró el paso para llegar temprano. No podía esquivar el recuerdo del verano. Recordó la comparsa, (los pies me duelen), las luces de los flashes estallando en la calle (se hace de noche), la gente joven baila enfundada en trajes de colores rutilantes, (me incomodan los vecinos mirones), música y colorido en las carrozas, destellos de lentejuelas felices,(un charco de agua jabonosa), ritmo de locura carnavalesca,( no se sabe si es de verdad o de mentira esa alegría), y color, y turistas dispuestos a bailar y divertirse. (Y después...)
Era la última noche del desfile de comparsas en la ciudad “Capital del Carnaval” según aseguraban los afiches. Luisa nunca se había sentido tan bonita, maquillada dulcemente y con un tocado dorado adornando su cabecita, que arrojaba flecos danzantes en su frente tostada. La malla ceñía su talle realzando las formas incipientes. “No, mamá - pensó en ese momento- esta noche no soy el “patito feo”, como vos me llamás: esta noche soy reina. Una linda reina, como me dice Horacio”.
Horacio y sus manos blancas y suaves de “niño bien”, y sus cabellos sedosos cayendo en mechones brillantes sobre su rostro transpirado. Sedas, plumas, encajes. Luces, palmas y gritos. Algarabía.
Horacio y su idea de festejar solos.
Horacio dueño de su debut como mujer.
Si pudiera volver atrás ¿Qué haría?
Y ahora... ¿cómo la llamaría su madre?
Entró en su casa, consternada.
-¿Y vos dónde estabas? - preguntó su madre.
-En lo de Nélida.
-Ja. ¡Linda yunta!- masculló secando con el antebrazo su rostro sudado. De un manotazo apartó una mecha de pelo que le caía a los ojos y dio media vuelta para seguir lavando. Luisa se encerró en el baño, único lugar en la casa donde era posible estar sola.
- ¿Y si no vuelve?
- Pavota, ¿por qué no habría de volver?
Y no volvió.
Se miró en el espejito ovalado y triste que cuelga de la pared.
- ¿Vas a desocupar el baño o no? - le grita su madre.
- Voy...
- ¡Cabeza hueca!
Martes ocho y cuarto. Luisa sentada en un living extraño, espera. Siente olor a café con leche y tostadas. Sobre una mesita hay una foto de unos niños sonrientes. Alto, adornando un estante superior, un Cristo de madera tallada. Después fija la vista en sus pies apoyados en el suelo, bien juntitos.
-Acá estoy, mi querida. Pasá por aquí y acomodate como vos ya sabés, que en un segundito vuelvo.
Suerte que la mujer es tan amable ¿no?; sin embargo Luisa no se anima a decirle lo que siente, todo eso que se amontonó dentro de ella y que no sabe definir, pero que pesa como cien ladrillos de plomo; eso que hace días la persigue y la obliga a pensar y a llorar y a repetirse que quisiera que las cosas fueran de otra manera.
“Acomodate como vos ya sabés”. Permanece estúpidamente acostada, con las piernas separadas, alrededor de quince minutos. Tiembla convulsivamente.
-¿Tenés frío?
-No.
-Quedáte tranquila, tranquilita que todo va a salir bien.
Escucha el taparse y destaparse de un objeto de aluminio y el ruido de elementos sobre una bandeja de acero inoxidable. Dedos enguantados y expertos vuelven a examinarla y un objeto frío, metálico, se introduce en su bajo vientre.
-No te va a doler m’hija. Es una cosita de nada, en unos minutitos estamos listas - y como si le adivinara el pensamiento agregó - ¿Qué se le va a hacer? Antes que traer un hijo al mundo a sufrir y pasar privaciones... yo creo que lo mejor es evitarlo.
-Mis padres...
Luisa hizo un amago de confesión, pero la comadrona, que era ducha en estas lides, la atajó:
-Si no se enteran, mejor: te vas a ahorrar problemas, querida.
¿Por qué le diría “querida”? Preferiría que le dijera “cabeza hueca”, como le decía su madre, que al fin y al cabo tenía razón. La vio maniobrar con agujas y jeringas. Uno, dos, tres pinchazos. Miedo. Dolor. (Horacio).
-Nena, mañana tempranito te la sacás ¿sabés?, le pegás un tironcito y sale sola.
¿De qué habla?
-Cualquier cosa te venís para acá. Controlate la fiebre y que no haya demasiada hemorragia.
Cuando subió al colectivo parecía una sombra. Se veía mal y se sentía peor. Un repentino temblor le sacudía cada músculo del cuerpo. Sentía la lengua endurecida y la cara rígida. Un hormigueo le recorría la sangre. Debía ser efecto de la inyección. ¿A quién recurrir? ¿A quién decirle? ¿Cómo gritar su desgracia en un vehículo lleno de extraños?
Luisa pálida. Luisa asustada. Luisa patito feo otra vez.
Se queda de pie en medio de su mal iluminada habitación mirando las manchas de humedad. No llora. Se queda hundida en esa oscuridad mezcla de ignorancia e inocencia. Casi no entiende lo que ha hecho.
Luisa desamparadamente niña.
Esa noche palpa la humedad entre sus muslos. No duerme. Se toca. Mañana debe tironear esto...
Las horas se suceden. Da vueltas en la cama. Las sábanas son serpientes dolorosas, pero ellas no saben, no saben... Se prepara, no quiere manchar nada.
Las ocho.
Tiene miedo. ¡Está tan sola!
Un tironcito. Otro. Otro. Náuseas. No quiere pensar. (Horacio). Ya la tiene en la mano, temblorosa y tibia de sangre. La esconde y corre al baño. Algo caliente la acaricia desde adentro y cae al inodoro. Las ojeras la miran después desde el espejo. La desconocen. No saben por qué llora. ¿Por qué llora?
En un desfile febril ve de nuevo las luces. Los flashes. Escucha la música. Todo se borronea en lágrimas. Colorido. Brillo. Baile. Horacio. Ser reina, reina, reina, reina...
...Y una voz que todavía no alcanza a oír le dice que ese reinado será, para siempre, su cruz.
- ¿Cómo te llamás m’hija?
- Luisa.
Luisa ojos bajos, cabeza gacha, corazón galopante.
Hubiera querido confesar su miedo, liberar la humedad de su mirada. Pero no. Levantó un poco la cara y miró de reojo a la mujer que se calzaba diestramente los guantes de látex.
-¿Qué edad tenés?
-Quince -mintió en un balbuceo casi agónico-. Quince– repitió.
Y se esforzó por comprender las frases que le susurraba la mujer tratando de tranquilizarla.
-¿Y quién te mandó acá, Luisa? –preguntó como distraídamente su interlocutora.
- Una...amiga mía- La voz apenas le obedecía. No podía apartar la mirada de esa boca casi grosera que se movía sin cesar detrás de una semisonrisa de grandes dientes, uno de ellos con metálico brillo.
-¿Cómo se llama tu amiga?
- Nélida. Nélida González.
- ¡Ah! Sí, Nélida- asintió con la cabeza en un reconocimiento mental-. Bueno, vení querida, acostate en la camilla que te voy a revisar. ¿Cuándo tuviste la última falta?
-¿Falta?
-Quiero decir, el “asunto”, ¿cuándo menstruaste por última vez? –Aclaró con afectada paciencia.
Luisa piernas flacas, cuerpo menudo. Sus pudores la apabullaban con un calor envolvente revelándole su indefensión.
Se desvistió tímida y se sentó en el borde, con vergüenza.
-Ponete de espaldas. Apoyá un pie acá y el otro acá, eso es, flojita, bien flojita- dedos conocedores palparon el vientre niño de Luisa niña-. ¡Casi dos meses, chiquita, eh! Si no lo hacemos enseguida puede ser peligroso. Vestite que ya está. Te habrá dicho Nélida que yo cobro barato…
Asintió con un leve movimiento de cabeza.
-Te coloco un “aparatito”, ¿entendés? Y vos te arreglás.
Luisa mira con ojos muy abiertos, sin entender.
-¿Cuándo vas a poder?
Luisa silencio.
-¿El martes a las ocho y cuarto te parece bien?
-Bueno.
Salió a la calle temblando, con ojos de animal asustado, buscando identificar sus sensaciones. Su mente parecía estar en blanco, pero su problema era un animal vivo que la apresaba con sus garras trastornándola. No lograba explicarse nada. Sin embargo sabía que una sola cosa la liberaría: volver atrás en el tiempo, y eso no se puede. Volver hasta esa noche cuando su amiga le decía:
- Luisa, este es tu traje ¿no es fabuloso? ¡Vas a ser una reina en la comparsa!
- Nunca voy a olvidar estos carnavales...
- ¡Vas a saber lo que es la alegría, el placer de que te aplaudan! Los muchachos te dicen piropos, la gente quiere fotografiarse con vos... ¡es tan maravilloso que te aturde!... Te va a gustar, Luisa.
- A mí lo único que me importa es Horacio. Por él salgo en la comparsa.
- Van bien las cosas entre ustedes, ¿no?
- Si, re-bien. Pero me preocupa que el tiempo pasa y tiene que irse a Buenos Aires.
- Bueno, pero puede volver...
- ¿Y si no vuelve?
- ¡Pavota! ¿Por qué no habría de volver?
Un viento fresco la trajo a la realidad y apuró el paso para llegar temprano. No podía esquivar el recuerdo del verano. Recordó la comparsa, (los pies me duelen), las luces de los flashes estallando en la calle (se hace de noche), la gente joven baila enfundada en trajes de colores rutilantes, (me incomodan los vecinos mirones), música y colorido en las carrozas, destellos de lentejuelas felices,(un charco de agua jabonosa), ritmo de locura carnavalesca,( no se sabe si es de verdad o de mentira esa alegría), y color, y turistas dispuestos a bailar y divertirse. (Y después...)
Era la última noche del desfile de comparsas en la ciudad “Capital del Carnaval” según aseguraban los afiches. Luisa nunca se había sentido tan bonita, maquillada dulcemente y con un tocado dorado adornando su cabecita, que arrojaba flecos danzantes en su frente tostada. La malla ceñía su talle realzando las formas incipientes. “No, mamá - pensó en ese momento- esta noche no soy el “patito feo”, como vos me llamás: esta noche soy reina. Una linda reina, como me dice Horacio”.
Horacio y sus manos blancas y suaves de “niño bien”, y sus cabellos sedosos cayendo en mechones brillantes sobre su rostro transpirado. Sedas, plumas, encajes. Luces, palmas y gritos. Algarabía.
Horacio y su idea de festejar solos.
Horacio dueño de su debut como mujer.
Si pudiera volver atrás ¿Qué haría?
Y ahora... ¿cómo la llamaría su madre?
Entró en su casa, consternada.
-¿Y vos dónde estabas? - preguntó su madre.
-En lo de Nélida.
-Ja. ¡Linda yunta!- masculló secando con el antebrazo su rostro sudado. De un manotazo apartó una mecha de pelo que le caía a los ojos y dio media vuelta para seguir lavando. Luisa se encerró en el baño, único lugar en la casa donde era posible estar sola.
- ¿Y si no vuelve?
- Pavota, ¿por qué no habría de volver?
Y no volvió.
Se miró en el espejito ovalado y triste que cuelga de la pared.
- ¿Vas a desocupar el baño o no? - le grita su madre.
- Voy...
- ¡Cabeza hueca!
Martes ocho y cuarto. Luisa sentada en un living extraño, espera. Siente olor a café con leche y tostadas. Sobre una mesita hay una foto de unos niños sonrientes. Alto, adornando un estante superior, un Cristo de madera tallada. Después fija la vista en sus pies apoyados en el suelo, bien juntitos.
-Acá estoy, mi querida. Pasá por aquí y acomodate como vos ya sabés, que en un segundito vuelvo.
Suerte que la mujer es tan amable ¿no?; sin embargo Luisa no se anima a decirle lo que siente, todo eso que se amontonó dentro de ella y que no sabe definir, pero que pesa como cien ladrillos de plomo; eso que hace días la persigue y la obliga a pensar y a llorar y a repetirse que quisiera que las cosas fueran de otra manera.
“Acomodate como vos ya sabés”. Permanece estúpidamente acostada, con las piernas separadas, alrededor de quince minutos. Tiembla convulsivamente.
-¿Tenés frío?
-No.
-Quedáte tranquila, tranquilita que todo va a salir bien.
Escucha el taparse y destaparse de un objeto de aluminio y el ruido de elementos sobre una bandeja de acero inoxidable. Dedos enguantados y expertos vuelven a examinarla y un objeto frío, metálico, se introduce en su bajo vientre.
-No te va a doler m’hija. Es una cosita de nada, en unos minutitos estamos listas - y como si le adivinara el pensamiento agregó - ¿Qué se le va a hacer? Antes que traer un hijo al mundo a sufrir y pasar privaciones... yo creo que lo mejor es evitarlo.
-Mis padres...
Luisa hizo un amago de confesión, pero la comadrona, que era ducha en estas lides, la atajó:
-Si no se enteran, mejor: te vas a ahorrar problemas, querida.
¿Por qué le diría “querida”? Preferiría que le dijera “cabeza hueca”, como le decía su madre, que al fin y al cabo tenía razón. La vio maniobrar con agujas y jeringas. Uno, dos, tres pinchazos. Miedo. Dolor. (Horacio).
-Nena, mañana tempranito te la sacás ¿sabés?, le pegás un tironcito y sale sola.
¿De qué habla?
-Cualquier cosa te venís para acá. Controlate la fiebre y que no haya demasiada hemorragia.
Cuando subió al colectivo parecía una sombra. Se veía mal y se sentía peor. Un repentino temblor le sacudía cada músculo del cuerpo. Sentía la lengua endurecida y la cara rígida. Un hormigueo le recorría la sangre. Debía ser efecto de la inyección. ¿A quién recurrir? ¿A quién decirle? ¿Cómo gritar su desgracia en un vehículo lleno de extraños?
Luisa pálida. Luisa asustada. Luisa patito feo otra vez.
Se queda de pie en medio de su mal iluminada habitación mirando las manchas de humedad. No llora. Se queda hundida en esa oscuridad mezcla de ignorancia e inocencia. Casi no entiende lo que ha hecho.
Luisa desamparadamente niña.
Esa noche palpa la humedad entre sus muslos. No duerme. Se toca. Mañana debe tironear esto...
Las horas se suceden. Da vueltas en la cama. Las sábanas son serpientes dolorosas, pero ellas no saben, no saben... Se prepara, no quiere manchar nada.
Las ocho.
Tiene miedo. ¡Está tan sola!
Un tironcito. Otro. Otro. Náuseas. No quiere pensar. (Horacio). Ya la tiene en la mano, temblorosa y tibia de sangre. La esconde y corre al baño. Algo caliente la acaricia desde adentro y cae al inodoro. Las ojeras la miran después desde el espejo. La desconocen. No saben por qué llora. ¿Por qué llora?
En un desfile febril ve de nuevo las luces. Los flashes. Escucha la música. Todo se borronea en lágrimas. Colorido. Brillo. Baile. Horacio. Ser reina, reina, reina, reina...
...Y una voz que todavía no alcanza a oír le dice que ese reinado será, para siempre, su cruz.
Rubén Vedovaldi
MICROCUENTOS DE RUBÉN VEDOVALDI
MERCADO LIBRE
Envolver cualquier sorongo teñido en el mejor papel de regalo,
hacerle el mejor moño y arrojarlo por la ventana publicitaria al son del jingle.
La historia es un slogan publicitario.
La ciudad, el mundo, todo es un mercado cambiario de cualquier cosa
Hay que arruinar la producción de la competencia
No hay más dios que el mercado y la publicidad es su profeta.
La propaganda multiplica panes y peces en el desierto
La publicidad convierte a la piedra en pan y al agua podrida en el mejor vino.
La publicidad enceguece a los que tienen ojos para ver y ensordece a los que tienen oídos para oír
La publicidad mata a los vivos y resucita a los muertos.
Aún cuando todo lo que existe sea la Nada y no algo,
hay que envolver esa Nada en brillante y colorido papel de regalo,
cantar el jingle y arrojar esa Nada por la ventana publicitaria.
**************************
MINERALES
Un cascote le dice a una piedra: te amo.
Pero el corazón de piedra de la piedra no responde.
Loco de pena, el cascote se arroja al abismo y se hace añicos.
Otra piedra, de corazón loco, se enamora de un cascote,
pero el cascote no le corresponde y la deja dura.
MORALEJA EN PREGUNTA:
¿Qué vale más, una piedra preciosa o un ser humano precioso?
******************
MICROCUENTOS DE RUBÉN VEDOVALDI
DIARIO DE PÁJAROS
Un gato compra el diario de los pájaros y se entera de que una bandada pasará la noche en el bosque vecino.
El gato duerme la siesta y se relame en sueños por el frestín que se dará más tarde.
Al caer el sol el gato entra sigilosamente en el bosque. Ve pájaros durmiendo en la copa de un lapacho, trepa y caza uno mientras los otros huyen.
Luego se interna más y caza otro en la copa de un paraíso sombrilla y luego un tercero y un cuarto y un quinto
hasta que se llena el estómago con la bandada de pájaros.
Al otro día, manda poner un aviso en el diario de los hombres:
Vendo plumas para almohadas y colchones.
**************
LA GATA PIERDE EL PELO
Una gata se ofrece a lamer el sexo de los machos viejos a cambio de leche y comida
Por el mismo servicio un viejo gato le ofrece lecciones de danza.
La gata aprende la danza de los siete velos y la danza de los setenta y siete veces siete desvelos
y cuando no gana lo suficiente con su servicio de sexo oral, baila en la feria para que le tiren algo de comida.
Una noche de luna, un joven gato le hace el amor y en el éxtasis orgásmico la gata se transforma en princesa
y deslumbra a todos danzando en las cortes. Se casa con un príncipe y ya no tiene que hacer nada para conseguir su comida, pero
en secreto, algunas noches sale del palacio y va a lamerle el sexo a cuanto viejo gato se le cruza por ahí.
MICROCUENTOS DE RUBÉN VEDOVALDI
SUEÑOS ROBADOS
Un ladrón se gana la vida robándole sueños a los pobres para vendérselos a los ricos y a los creativos publicitarios que perdieron la capacidad de soñar por sí mismos..
Los pobres ahora sin sueño dejan de jugar al quini seis, dejan de votar en las elecciones y dejan de ir a misa.
Los ricos sueñan números y juegan en el casino y ganan fortunas
Apuestan a caballos y siempre ganan
Sueñan que sus amores siempre posibles se les vuelven inalcanzables y empiezan a vivir amores inalcanzables y ya no saben qué hacer con su dinero ni con sus cuantiosos bienes porque se los quieren regalar a los pobres y los pobres sin sueños ya ni dinero
quieren.
*********
LA LOCURA Y EL MURO DE LA RAZÓN
“La locura es una defensa contra la angustia.” Beatriz Medina
Un loco se arranca las orejas con las uñas y las pega contra el muro del silencio.
Del otro lado del muro están las notas del himno a la alegría
pero ninguna viene a sonar del lado del loco desorejado.
Del otro lado estaban los suspiros de amor pero ninguno vino.
El loco se arranca los ojos y los estampa contra el muro de la oscuridad.
Del otro lado arden los colores y lucen al sol todas las formas pero ni colores ni formas vienen al loco.
El loco se arranca la locura y la pega contra el muro de la Razón
y salta desesperado queriendo huir al otro lado del muro, pero muere rebotando, desangrándose,
sabiendo que para él ya no habrá otro lado.
MICROCUENTOS DE RUBÉN VEDOVALDI
IDÉNTICOS
En un cruce de calles peatonales se encuentran cien hombres tan parecidos entre sí en tamaño, en rostro y en vestir, que al verse a la cara cada uno olvida su nombre y apellido y su propia historia y comienza a preguntarle a otro y a otro:
¿Quién soy? ¿Quién es quién?
Pero nadie logra responder y todos huyen hacia los cuatro rumbos de la ciudad buscando a alguien diferente Y no encuentran a nadie y desesperan hasta que a uno se le ocurre preguntarle a otro:
- ¿Si no fueras quien eres, quién te gustaría ser?
Y todos piensan en otra persona hasta que se transforman en esa ora persona, pero esa otra persona es la misma en todos.
EL ARREGLADOR
Un muñeco se gana la vida arreglando hombres rotos. Le llevan un soldado roto por la guerra y lo recompone,
una mujer rota por amor y la arregla,
un borracho roto de pesadillas, una loca rota de pájaros celestes, un sillón de ruedas roto de niño triste y los repara.
Un mal día le trajeron un buen Dios roto en mil pedazos por la ingratitud eterna de sus hijos,
pero a ese todavía no lo pudo arreglar.
DE SUMA Y RESTA
El profesor le pregunta a la adolescente enamoradiza:
-¿Cuánto es un pájaro más una pájara menos un beso de amor?
-Un pájaro más una pájara menos un beso de amor …
no son nada.
***************
PESCA INSÓLITA
Un hombre arroja su caña de pescar al río y pesca una máscara idéntica a su rostro y se la pone y le queda tan bien que nadie se da cuenta.
Por la noche llega a su casa, cena y se va a dormir y se quita la máscara y la deja sobre la mesita de luz junto a la cama y se duerme boca abajo.
Entra su mujer y lo ve dormido. Ve la máscara en la mesita de luz y se muere del susto.
MICROCUENTOS DE RUBÉN VEDOVALDI
LA PREGUNTA Y SU CIENCIA
Un maestro siembra una pregunta en el campo fértil de los alumnos curiosos.
De la pregunta brota una ciencia que extiende ramas y frutos por todas partes.
La gente estira su mano y se sirve lo que quiere.
Viene un gran inversor y compra todo el campo de los alumnos curiosos
y pone alambrado en todo el campo y pone precio en moneda fuerte a la ciencia y a todos sus frutos.
No conforme con eso, ofrece comprarle al maestro todas las preguntas que de aquí en más se le ocurran,
Desde ese día al maestro ya nunca más se le ocurrió ninguna pregunta.
SACERDOTE DESMEMORIADO
Un perro memorioso se gana la vida como apuntador en las misas que da un sacerdote desmemoriado.
Un domingo se le cruza al perro en pleno sermón una perrita que tenía alzados a todos los perros de la parroquia.
El perro no se puede contener y le susurra:
-Putita, vení que te muerdo las tetitas y te sacudo un polvo de la san puta dentro del confesionario..
El sacerdote, confiado en su apuntador, oye y repite sin pensar el piropo del perro.
Esa fue la última misa.
El obispo lo expulsó de la diócesis.
Las feligresas no sabe si lo echaron por libidinoso o por pelotudo
**************
NÚMERO HUMANO
En el futuro cada número llevará un hombre a sus espaldas
Y ese hombre dirá quién es el número
y la aritmética se volverá humanística.
MERCADO LIBRE
Envolver cualquier sorongo teñido en el mejor papel de regalo,
hacerle el mejor moño y arrojarlo por la ventana publicitaria al son del jingle.
La historia es un slogan publicitario.
La ciudad, el mundo, todo es un mercado cambiario de cualquier cosa
Hay que arruinar la producción de la competencia
No hay más dios que el mercado y la publicidad es su profeta.
La propaganda multiplica panes y peces en el desierto
La publicidad convierte a la piedra en pan y al agua podrida en el mejor vino.
La publicidad enceguece a los que tienen ojos para ver y ensordece a los que tienen oídos para oír
La publicidad mata a los vivos y resucita a los muertos.
Aún cuando todo lo que existe sea la Nada y no algo,
hay que envolver esa Nada en brillante y colorido papel de regalo,
cantar el jingle y arrojar esa Nada por la ventana publicitaria.
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MINERALES
Un cascote le dice a una piedra: te amo.
Pero el corazón de piedra de la piedra no responde.
Loco de pena, el cascote se arroja al abismo y se hace añicos.
Otra piedra, de corazón loco, se enamora de un cascote,
pero el cascote no le corresponde y la deja dura.
MORALEJA EN PREGUNTA:
¿Qué vale más, una piedra preciosa o un ser humano precioso?
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MICROCUENTOS DE RUBÉN VEDOVALDI
DIARIO DE PÁJAROS
Un gato compra el diario de los pájaros y se entera de que una bandada pasará la noche en el bosque vecino.
El gato duerme la siesta y se relame en sueños por el frestín que se dará más tarde.
Al caer el sol el gato entra sigilosamente en el bosque. Ve pájaros durmiendo en la copa de un lapacho, trepa y caza uno mientras los otros huyen.
Luego se interna más y caza otro en la copa de un paraíso sombrilla y luego un tercero y un cuarto y un quinto
hasta que se llena el estómago con la bandada de pájaros.
Al otro día, manda poner un aviso en el diario de los hombres:
Vendo plumas para almohadas y colchones.
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LA GATA PIERDE EL PELO
Una gata se ofrece a lamer el sexo de los machos viejos a cambio de leche y comida
Por el mismo servicio un viejo gato le ofrece lecciones de danza.
La gata aprende la danza de los siete velos y la danza de los setenta y siete veces siete desvelos
y cuando no gana lo suficiente con su servicio de sexo oral, baila en la feria para que le tiren algo de comida.
Una noche de luna, un joven gato le hace el amor y en el éxtasis orgásmico la gata se transforma en princesa
y deslumbra a todos danzando en las cortes. Se casa con un príncipe y ya no tiene que hacer nada para conseguir su comida, pero
en secreto, algunas noches sale del palacio y va a lamerle el sexo a cuanto viejo gato se le cruza por ahí.
MICROCUENTOS DE RUBÉN VEDOVALDI
SUEÑOS ROBADOS
Un ladrón se gana la vida robándole sueños a los pobres para vendérselos a los ricos y a los creativos publicitarios que perdieron la capacidad de soñar por sí mismos..
Los pobres ahora sin sueño dejan de jugar al quini seis, dejan de votar en las elecciones y dejan de ir a misa.
Los ricos sueñan números y juegan en el casino y ganan fortunas
Apuestan a caballos y siempre ganan
Sueñan que sus amores siempre posibles se les vuelven inalcanzables y empiezan a vivir amores inalcanzables y ya no saben qué hacer con su dinero ni con sus cuantiosos bienes porque se los quieren regalar a los pobres y los pobres sin sueños ya ni dinero
quieren.
*********
LA LOCURA Y EL MURO DE LA RAZÓN
“La locura es una defensa contra la angustia.” Beatriz Medina
Un loco se arranca las orejas con las uñas y las pega contra el muro del silencio.
Del otro lado del muro están las notas del himno a la alegría
pero ninguna viene a sonar del lado del loco desorejado.
Del otro lado estaban los suspiros de amor pero ninguno vino.
El loco se arranca los ojos y los estampa contra el muro de la oscuridad.
Del otro lado arden los colores y lucen al sol todas las formas pero ni colores ni formas vienen al loco.
El loco se arranca la locura y la pega contra el muro de la Razón
y salta desesperado queriendo huir al otro lado del muro, pero muere rebotando, desangrándose,
sabiendo que para él ya no habrá otro lado.
MICROCUENTOS DE RUBÉN VEDOVALDI
IDÉNTICOS
En un cruce de calles peatonales se encuentran cien hombres tan parecidos entre sí en tamaño, en rostro y en vestir, que al verse a la cara cada uno olvida su nombre y apellido y su propia historia y comienza a preguntarle a otro y a otro:
¿Quién soy? ¿Quién es quién?
Pero nadie logra responder y todos huyen hacia los cuatro rumbos de la ciudad buscando a alguien diferente Y no encuentran a nadie y desesperan hasta que a uno se le ocurre preguntarle a otro:
- ¿Si no fueras quien eres, quién te gustaría ser?
Y todos piensan en otra persona hasta que se transforman en esa ora persona, pero esa otra persona es la misma en todos.
EL ARREGLADOR
Un muñeco se gana la vida arreglando hombres rotos. Le llevan un soldado roto por la guerra y lo recompone,
una mujer rota por amor y la arregla,
un borracho roto de pesadillas, una loca rota de pájaros celestes, un sillón de ruedas roto de niño triste y los repara.
Un mal día le trajeron un buen Dios roto en mil pedazos por la ingratitud eterna de sus hijos,
pero a ese todavía no lo pudo arreglar.
DE SUMA Y RESTA
El profesor le pregunta a la adolescente enamoradiza:
-¿Cuánto es un pájaro más una pájara menos un beso de amor?
-Un pájaro más una pájara menos un beso de amor …
no son nada.
***************
PESCA INSÓLITA
Un hombre arroja su caña de pescar al río y pesca una máscara idéntica a su rostro y se la pone y le queda tan bien que nadie se da cuenta.
Por la noche llega a su casa, cena y se va a dormir y se quita la máscara y la deja sobre la mesita de luz junto a la cama y se duerme boca abajo.
Entra su mujer y lo ve dormido. Ve la máscara en la mesita de luz y se muere del susto.
MICROCUENTOS DE RUBÉN VEDOVALDI
LA PREGUNTA Y SU CIENCIA
Un maestro siembra una pregunta en el campo fértil de los alumnos curiosos.
De la pregunta brota una ciencia que extiende ramas y frutos por todas partes.
La gente estira su mano y se sirve lo que quiere.
Viene un gran inversor y compra todo el campo de los alumnos curiosos
y pone alambrado en todo el campo y pone precio en moneda fuerte a la ciencia y a todos sus frutos.
No conforme con eso, ofrece comprarle al maestro todas las preguntas que de aquí en más se le ocurran,
Desde ese día al maestro ya nunca más se le ocurrió ninguna pregunta.
SACERDOTE DESMEMORIADO
Un perro memorioso se gana la vida como apuntador en las misas que da un sacerdote desmemoriado.
Un domingo se le cruza al perro en pleno sermón una perrita que tenía alzados a todos los perros de la parroquia.
El perro no se puede contener y le susurra:
-Putita, vení que te muerdo las tetitas y te sacudo un polvo de la san puta dentro del confesionario..
El sacerdote, confiado en su apuntador, oye y repite sin pensar el piropo del perro.
Esa fue la última misa.
El obispo lo expulsó de la diócesis.
Las feligresas no sabe si lo echaron por libidinoso o por pelotudo
**************
NÚMERO HUMANO
En el futuro cada número llevará un hombre a sus espaldas
Y ese hombre dirá quién es el número
y la aritmética se volverá humanística.
RONNY RANSENBERG
AMAPOLA
UNA COLORIDA FLOR DE TRANSPARENTE MIRADA,
YACIA MIRANDO EL ASFALTO DEL CAMINO, QUE CONDUCIA A MAR DEL PLATA
ERA UNA FRAGIL AMAPOLA , Y EL JARRON YA NO TENIA EL PLACER DE
DE SU COMPAÑIA.
EL VIENTO LA HABIA LLEVADO A LA VERA DE LA RUTA: SEGURO QUE
PERTENECIA A ALGUNA DE LAS CASAS ALEDAÑAS.
PERMANECIO TODA LA NOCHE SOBRE EL PAVIMENTO. MILAGROSAMEN-
TE NO SUFRIO EL MINIMO RAZGUÑO, DE LOS MOVILES QUE INCESANTEMENTE
PASABAN
EN EL AMANECER ABRIO SUS PALIDOS OJOS, ESBOZO UNA TENUE
SONRISA... Y MURIO.
EL JARRON YA NO TENIA EL PLACER DE SU COMPAÑIA.
**********************************************************
EL VERDUGO
EN UNA CALUROSA TARDE DEL MIL OCHOCIENTOS, EL VERDUGO LUEGO DE
CUARENTA AÑOS DE TRABAJO, SE JUBILO CON LA ULTIMA CABEZA; QUE
LENTAMENTE RODO SIN PAUSA NI PRISA.
SU TRABAJO FUE LIMPIO E IMPECABLE, EL HACHA MANEJADO CON GRAN
MAESTRIA CONTRIBUYO PARA QUE LOS CONDENADOS PASARAN AL OTRO
MUNDO SIN SUFRIMIENTO. CUANDO RECIBIO LA MEDALLA DE LAS AUTORIDADES
SE SINTIO FELIZ.
CONVENCIDO DE SU CONTRIBUCION A LA LIBERACION DE MUCHA GENTE
DE SU INCOMODA VIDA EN AQUEL IGNOTO PUEBLO DE FRANCIA....
SE CONVIRTIO EN UN PROCER.
UNA COLORIDA FLOR DE TRANSPARENTE MIRADA,
YACIA MIRANDO EL ASFALTO DEL CAMINO, QUE CONDUCIA A MAR DEL PLATA
ERA UNA FRAGIL AMAPOLA , Y EL JARRON YA NO TENIA EL PLACER DE
DE SU COMPAÑIA.
EL VIENTO LA HABIA LLEVADO A LA VERA DE LA RUTA: SEGURO QUE
PERTENECIA A ALGUNA DE LAS CASAS ALEDAÑAS.
PERMANECIO TODA LA NOCHE SOBRE EL PAVIMENTO. MILAGROSAMEN-
TE NO SUFRIO EL MINIMO RAZGUÑO, DE LOS MOVILES QUE INCESANTEMENTE
PASABAN
EN EL AMANECER ABRIO SUS PALIDOS OJOS, ESBOZO UNA TENUE
SONRISA... Y MURIO.
EL JARRON YA NO TENIA EL PLACER DE SU COMPAÑIA.
**********************************************************
EL VERDUGO
EN UNA CALUROSA TARDE DEL MIL OCHOCIENTOS, EL VERDUGO LUEGO DE
CUARENTA AÑOS DE TRABAJO, SE JUBILO CON LA ULTIMA CABEZA; QUE
LENTAMENTE RODO SIN PAUSA NI PRISA.
SU TRABAJO FUE LIMPIO E IMPECABLE, EL HACHA MANEJADO CON GRAN
MAESTRIA CONTRIBUYO PARA QUE LOS CONDENADOS PASARAN AL OTRO
MUNDO SIN SUFRIMIENTO. CUANDO RECIBIO LA MEDALLA DE LAS AUTORIDADES
SE SINTIO FELIZ.
CONVENCIDO DE SU CONTRIBUCION A LA LIBERACION DE MUCHA GENTE
DE SU INCOMODA VIDA EN AQUEL IGNOTO PUEBLO DE FRANCIA....
SE CONVIRTIO EN UN PROCER.
HÉCTOR COBAS
CONFESION NOSTÁLGICA
Creo que todo ser humano pensante alguna vez se planteó el suicidio como una posibilidad de salir de ciertos estados que lindan con la melancolía y la pérdida del sentido de la vida. Haciendo referencia a autores que escribieron al respecto son de los que conozco dos: Antonin Artaud y Albert Camús. Ambos lo plantearon desde el punto de vista existencial como una hipótesis, que en última instancia no era otra cosa que eliminar el absurdo de la existencia. En lo personal atravesé por esa etapa. Era una revuelta contra un mundo que se concebía como artificial y banal del burgués, instalado cómodamente en las poltronas del mero "bienestar económico" y encerrado en el pequeño mundo de un yo egoísta y superficial. En esa época los que presumíamos de intelectuales, nos regodeábamos con la "Nausea" de Jean Paúl Sartre o con el Mito de Sísifo o El hombre rebelde de Camús y porque no con el Lobo Estepario de Hermann Hessen. Rebeldía y nausea que embestían contra esos mundos prefabricados. Por un lado algunos de mi generación habíamos dejado de lado el proyecto de cambiar el mundo. Ese supuesto cambio que en su momento fue la reclusión en la utopía se fue desmoronando, atravesada con la violencia, con el agregado de un sufrimiento estéril y de la muerte sin sentido. Muerte, desolación, sufrimiento injusto y devastador nos mostraban el absurdo de vivir en un mundo carente de amor y de solidaridad. Es difícil cambiar cuando hay odio y arrebato de ira. Ese odio genera más odio y más violencia interna y externa. En fin como se puede vislumbrar la impronta de ese momento desesperado para algunos: suicidarse o huir a la espera de encontrar otros ámbitos del pensar más sosegados y libres de tanto horror fue el camino individual de muchos. En esos momentos el mar, un lugar bastante solitario, un bosque que flanqueaba cerca de mi casa, fueron un refugio de un exilio donde encontré nuevamente el ansia de vivir. Era una forma, tal vez poco heroica de huir de tanto nihilismo.
Sin embargo, la experiencia en su momento de sentirme un desertor y de renunciar a cierto protagonismo me acompañó durante mucho tiempo. Pero honestamente seguí en la lucha de otro modo y comprendiendo la vida de otro ángulo sin las fantasías del éxito y de la vana realización en mundos no queridos conscientemente. En última instancia la "experiencia del ser como una nada" es muy fuerte, es un disolverse en un vacío donde lo único que sale a la luz es solamente el ente. Si le quitamos a la vida el movimiento y el transcurrir creo que la vaciamos de su máxima expresión. Por eso quizá la poesía, la sana literatura y el retorno a pensarla como algo sacro (como misterio y no como algo divino exclusivamente) es lo único válido. Lo demás es sólo circunstancia y la alternancia de poder vivir más en un mundo posible que el mundo devaluado de aquello que nos han dicho que es el mundo "real". ¿Real con respecto a qué? En algún momento les diré como pienso esa "posibilidad". Creo que en esa clave del pensar ahuyentamos el sinsentido, el nihilismo devastador y la idea del suicidio queda debilitada por la vida.
(hectorco@infovia.com.ar)
Creo que todo ser humano pensante alguna vez se planteó el suicidio como una posibilidad de salir de ciertos estados que lindan con la melancolía y la pérdida del sentido de la vida. Haciendo referencia a autores que escribieron al respecto son de los que conozco dos: Antonin Artaud y Albert Camús. Ambos lo plantearon desde el punto de vista existencial como una hipótesis, que en última instancia no era otra cosa que eliminar el absurdo de la existencia. En lo personal atravesé por esa etapa. Era una revuelta contra un mundo que se concebía como artificial y banal del burgués, instalado cómodamente en las poltronas del mero "bienestar económico" y encerrado en el pequeño mundo de un yo egoísta y superficial. En esa época los que presumíamos de intelectuales, nos regodeábamos con la "Nausea" de Jean Paúl Sartre o con el Mito de Sísifo o El hombre rebelde de Camús y porque no con el Lobo Estepario de Hermann Hessen. Rebeldía y nausea que embestían contra esos mundos prefabricados. Por un lado algunos de mi generación habíamos dejado de lado el proyecto de cambiar el mundo. Ese supuesto cambio que en su momento fue la reclusión en la utopía se fue desmoronando, atravesada con la violencia, con el agregado de un sufrimiento estéril y de la muerte sin sentido. Muerte, desolación, sufrimiento injusto y devastador nos mostraban el absurdo de vivir en un mundo carente de amor y de solidaridad. Es difícil cambiar cuando hay odio y arrebato de ira. Ese odio genera más odio y más violencia interna y externa. En fin como se puede vislumbrar la impronta de ese momento desesperado para algunos: suicidarse o huir a la espera de encontrar otros ámbitos del pensar más sosegados y libres de tanto horror fue el camino individual de muchos. En esos momentos el mar, un lugar bastante solitario, un bosque que flanqueaba cerca de mi casa, fueron un refugio de un exilio donde encontré nuevamente el ansia de vivir. Era una forma, tal vez poco heroica de huir de tanto nihilismo.
Sin embargo, la experiencia en su momento de sentirme un desertor y de renunciar a cierto protagonismo me acompañó durante mucho tiempo. Pero honestamente seguí en la lucha de otro modo y comprendiendo la vida de otro ángulo sin las fantasías del éxito y de la vana realización en mundos no queridos conscientemente. En última instancia la "experiencia del ser como una nada" es muy fuerte, es un disolverse en un vacío donde lo único que sale a la luz es solamente el ente. Si le quitamos a la vida el movimiento y el transcurrir creo que la vaciamos de su máxima expresión. Por eso quizá la poesía, la sana literatura y el retorno a pensarla como algo sacro (como misterio y no como algo divino exclusivamente) es lo único válido. Lo demás es sólo circunstancia y la alternancia de poder vivir más en un mundo posible que el mundo devaluado de aquello que nos han dicho que es el mundo "real". ¿Real con respecto a qué? En algún momento les diré como pienso esa "posibilidad". Creo que en esa clave del pensar ahuyentamos el sinsentido, el nihilismo devastador y la idea del suicidio queda debilitada por la vida.
(hectorco@infovia.com.ar)
ROSA PÉREZ REPULLO
PREMONICIÓN
Laura José y el pequeño adrián de diez años, eran una familia muy
feliz, ella estaba embarazada de ocho meses esperaba su segundo hijo.
El padre era medico y tenia su consulta en su propia domicilio por lo
que pasaba mucho tiempo con su hijo jugando y ayudandole en sus
estudios.
Pero en este ultimo mes Laura tenia extrañas pesadillas en las que
veía como varios miembros de su familia morían en su propia casa, y
eso la inquietaba bastante.
Fue a su medico preocupada por lo que le estaba pasando, su doctor la
tranquilizo y le dijo que quizás seria del estres por su trabajo ya
que ella era periodista y aun trabajaba.
Llegó el día del parto y toda su familia estaba con ella, dos meses
después, una noche Laura fue a cenar con su marido y dejo al bebe con
su hermana.
Cuando llego la encontró muerta junto a su bebe, a las pocas semana
paso igual con la abuela de pequeño, falleció al final de la escalera,
intentando cojer el teléfono para llamar a alguien.
Por si fuera poco un mes después paso lo mismo con su niñera de toda la vida.
La policía detuvo al padre ya que en los cuerpos se habían detectado
restos de un potente medicamento que en dosis altas podía matar, y que
solo el tenia en su consulta.
Ella no podía creer todo lo que le estaba pasando era tan real como
sus pesadillas.
Pero lo peor estaba por venir, de repente escucho como lloraba su
bebe, fue hasta su habitación pero ya era tarde, ya estaba muerto de
la misma manera que los demás, y el asesino era su propio hijo mayor.
Laura lo agarro por los brazos gritandole y preguntándole porque lo
había hecho, Adrián la miro y le dijo, es solo un juego mama, papa me
enseño los medicamentos.
Ella se quedo sentada en la habitación esperando despertarse, aunque
sabia que lo que estaba viendo era real.
*****************
EL PARAÍSO DE JANA
Jana llevaba seis meses internada en un centro de salud mental, sus
padres murieron de niña y había estado muy unida a sus amigos,hasta el
accidente de coche.
Ellos eran como sus hermanos lo compartían todo, se sentía muy
culpable por no haber ido al viaje aquel día.
Y los echaba tanto de menos que su depresión y su estado de salud
empeoraba por momentos, tenia alucinaciones, o al menos eso decían los
médicos que la trataban.
Aunque ella sabia que no eran alucinaciones lo que veía cada noche en
su habitación.
Sus amigos venían a verla convertidos en zombie, ese era su mejor
momento del día, cuando estaban con ella.
El primer día que los vio así se asusto, pero se alegro tanto de
verlos, que esperaba la llegada de la noche como el que espera un
milagro.
Pero nadie la creía, y lo peor era que sabia que si seguía hablando de
ellos nunca la dejarían salir de aquel sitio,
Sus sueños le indicaban el sitio donde el coche callo, y de donde
nunca se recuperaron los cuerpos.
Jana izó un esfuerzo por aparentar estar bien para poder salir del
hospital en el que estaba, y cuando lo consiguió, fue hacia el lugar
donde le habían indicado sus amigos.
Una vez allí, aparecieron ellos, era tan feliz que no se lo pensó ni
un instante y se tiro por el puente, sabia que era la única manera en
la que estarían siempre juntos.
En su coche dejo una nota en la que decía, soy feliz estoy en mi paraíso.
****************************
ÁNGEL Y EL HADA QUE NO SABÍA VOLAR
Era Navidad y el pequeño Ángel pasaba las fiestas con sus padres en la
ciudad de París,ellos le habían llevado hasta allí por una semana, él
estaba tan contento y emocionado por estar en esa ciudad tan hermosa
que no podía dormir.
-Un ruido como si alguien llorase le llamo la atención, Ángel se
levando y corrió hacia la ventana de aquel viejo hotel y cual fue su
sorpresa cuando vio en el suelo una pequeña hada llorando.
-¿Que te ocurre porque lloras le pregunto el niño? no se volar,
respondió la pequeña hada, no te preocupes le contesto Ángel yo te
enseñare.
-Ángel cogió al hada y la metió en uno de los cagones de su ropa. dejo
el cajón un poco abierto para que pudiera respirar y fue corriendo a
buscar unas chocolatinas que había comprado para dárselas a el hada.
-Yo tengo una amiga hada como tu que vive en el bosque,¿Quieres tu
también ser mi amiga? le pregunto el niño a la pequeña hadita, si le
contesto.
-Cada mañana Ángel se levantaba algo más temprano que sus padres y
cogía con cuidado a su mágica amiga y con las manos la impulsaba hacia
arriba, momentos antes de hacer esto había colocado algunos cojines en
el suelo de su habitación para evitar que se hiciera daño al caer, lo
cual causaba extrañeza en su madre cada vez que iba a verlo.
-De repente Ángel se dio la vuelta y encontró frente a él a cinco
hadas más que lo miraba muy enfadadas señalando a su pequeña amiga.
-Como has podido mostrarte ante este humano le decían, no os preocupes
respondía la joven hada, es mi amigo.
-Ángel sonrió y les dijo, no voy a haceros daño yo tengo una amiga
como vosotras en el bosque donde vive mi abuelo.
-Las hadas se miraron entre si, y aunque desconfiaban le permitieron
ser su amigo,
él se ha ofrecido a ayudarme a volar, le contaba el hadita.
-Sólo quedaban dos días para que Ángel tuviera que irse, pero él
estaba empeñado en que su pequeña amiga aprendiera a volar y fingió un
dolor de estomago para no salir de su habitación y así poder ayudar a su hadita.
-Una y otra vez el niño la impulsaba con sus manos hacia arriba, para
que ella cogiera fuerzas y así pudiera volar.
-La noche antes de irse Ángel seguía en su empeño por ayudar a su
joven amiga, entonces entro su padre para darle el beso de buenas
noches y el niño le pregunto.
-¿Papa como puedo ayudar a una amiga para que consiga volar? El padre
sonrió y le dijo, si deseas algo con tu corazón y cierras los ojos
podrás conseguirlo todo.
-Gracias Papa eso haré le respondió el niño, y cuando salió de la
habitación le pidió a el hada que hiciera lo que había dicho su Padre,
su joven amiga cerro los ojos y deseo con todo su corazón poder volar,
Ángel la impulso hacia arriba con sus manos y por fin lo consiguió.
-A la mañana siguiente el niño se despidió de su pequeña amiga y de la
mágica ciudad en la que había vivido otra maravillosa aventura.
Laura José y el pequeño adrián de diez años, eran una familia muy
feliz, ella estaba embarazada de ocho meses esperaba su segundo hijo.
El padre era medico y tenia su consulta en su propia domicilio por lo
que pasaba mucho tiempo con su hijo jugando y ayudandole en sus
estudios.
Pero en este ultimo mes Laura tenia extrañas pesadillas en las que
veía como varios miembros de su familia morían en su propia casa, y
eso la inquietaba bastante.
Fue a su medico preocupada por lo que le estaba pasando, su doctor la
tranquilizo y le dijo que quizás seria del estres por su trabajo ya
que ella era periodista y aun trabajaba.
Llegó el día del parto y toda su familia estaba con ella, dos meses
después, una noche Laura fue a cenar con su marido y dejo al bebe con
su hermana.
Cuando llego la encontró muerta junto a su bebe, a las pocas semana
paso igual con la abuela de pequeño, falleció al final de la escalera,
intentando cojer el teléfono para llamar a alguien.
Por si fuera poco un mes después paso lo mismo con su niñera de toda la vida.
La policía detuvo al padre ya que en los cuerpos se habían detectado
restos de un potente medicamento que en dosis altas podía matar, y que
solo el tenia en su consulta.
Ella no podía creer todo lo que le estaba pasando era tan real como
sus pesadillas.
Pero lo peor estaba por venir, de repente escucho como lloraba su
bebe, fue hasta su habitación pero ya era tarde, ya estaba muerto de
la misma manera que los demás, y el asesino era su propio hijo mayor.
Laura lo agarro por los brazos gritandole y preguntándole porque lo
había hecho, Adrián la miro y le dijo, es solo un juego mama, papa me
enseño los medicamentos.
Ella se quedo sentada en la habitación esperando despertarse, aunque
sabia que lo que estaba viendo era real.
*****************
EL PARAÍSO DE JANA
Jana llevaba seis meses internada en un centro de salud mental, sus
padres murieron de niña y había estado muy unida a sus amigos,hasta el
accidente de coche.
Ellos eran como sus hermanos lo compartían todo, se sentía muy
culpable por no haber ido al viaje aquel día.
Y los echaba tanto de menos que su depresión y su estado de salud
empeoraba por momentos, tenia alucinaciones, o al menos eso decían los
médicos que la trataban.
Aunque ella sabia que no eran alucinaciones lo que veía cada noche en
su habitación.
Sus amigos venían a verla convertidos en zombie, ese era su mejor
momento del día, cuando estaban con ella.
El primer día que los vio así se asusto, pero se alegro tanto de
verlos, que esperaba la llegada de la noche como el que espera un
milagro.
Pero nadie la creía, y lo peor era que sabia que si seguía hablando de
ellos nunca la dejarían salir de aquel sitio,
Sus sueños le indicaban el sitio donde el coche callo, y de donde
nunca se recuperaron los cuerpos.
Jana izó un esfuerzo por aparentar estar bien para poder salir del
hospital en el que estaba, y cuando lo consiguió, fue hacia el lugar
donde le habían indicado sus amigos.
Una vez allí, aparecieron ellos, era tan feliz que no se lo pensó ni
un instante y se tiro por el puente, sabia que era la única manera en
la que estarían siempre juntos.
En su coche dejo una nota en la que decía, soy feliz estoy en mi paraíso.
****************************
ÁNGEL Y EL HADA QUE NO SABÍA VOLAR
Era Navidad y el pequeño Ángel pasaba las fiestas con sus padres en la
ciudad de París,ellos le habían llevado hasta allí por una semana, él
estaba tan contento y emocionado por estar en esa ciudad tan hermosa
que no podía dormir.
-Un ruido como si alguien llorase le llamo la atención, Ángel se
levando y corrió hacia la ventana de aquel viejo hotel y cual fue su
sorpresa cuando vio en el suelo una pequeña hada llorando.
-¿Que te ocurre porque lloras le pregunto el niño? no se volar,
respondió la pequeña hada, no te preocupes le contesto Ángel yo te
enseñare.
-Ángel cogió al hada y la metió en uno de los cagones de su ropa. dejo
el cajón un poco abierto para que pudiera respirar y fue corriendo a
buscar unas chocolatinas que había comprado para dárselas a el hada.
-Yo tengo una amiga hada como tu que vive en el bosque,¿Quieres tu
también ser mi amiga? le pregunto el niño a la pequeña hadita, si le
contesto.
-Cada mañana Ángel se levantaba algo más temprano que sus padres y
cogía con cuidado a su mágica amiga y con las manos la impulsaba hacia
arriba, momentos antes de hacer esto había colocado algunos cojines en
el suelo de su habitación para evitar que se hiciera daño al caer, lo
cual causaba extrañeza en su madre cada vez que iba a verlo.
-De repente Ángel se dio la vuelta y encontró frente a él a cinco
hadas más que lo miraba muy enfadadas señalando a su pequeña amiga.
-Como has podido mostrarte ante este humano le decían, no os preocupes
respondía la joven hada, es mi amigo.
-Ángel sonrió y les dijo, no voy a haceros daño yo tengo una amiga
como vosotras en el bosque donde vive mi abuelo.
-Las hadas se miraron entre si, y aunque desconfiaban le permitieron
ser su amigo,
él se ha ofrecido a ayudarme a volar, le contaba el hadita.
-Sólo quedaban dos días para que Ángel tuviera que irse, pero él
estaba empeñado en que su pequeña amiga aprendiera a volar y fingió un
dolor de estomago para no salir de su habitación y así poder ayudar a su hadita.
-Una y otra vez el niño la impulsaba con sus manos hacia arriba, para
que ella cogiera fuerzas y así pudiera volar.
-La noche antes de irse Ángel seguía en su empeño por ayudar a su
joven amiga, entonces entro su padre para darle el beso de buenas
noches y el niño le pregunto.
-¿Papa como puedo ayudar a una amiga para que consiga volar? El padre
sonrió y le dijo, si deseas algo con tu corazón y cierras los ojos
podrás conseguirlo todo.
-Gracias Papa eso haré le respondió el niño, y cuando salió de la
habitación le pidió a el hada que hiciera lo que había dicho su Padre,
su joven amiga cerro los ojos y deseo con todo su corazón poder volar,
Ángel la impulso hacia arriba con sus manos y por fin lo consiguió.
-A la mañana siguiente el niño se despidió de su pequeña amiga y de la
mágica ciudad en la que había vivido otra maravillosa aventura.
HÉCTOR COBAS, Miramar, Argentina
LOS SENDEROS CIRCULARES
LOS SENDEROS CIRCULARES Y LABERÍNTICOS
AHORA ESTARÉ COMO MI HIJO: EL HIJO QUE HE ENGENDRADO ME ESPERA Y NO EXISTIRA SI NO VOY.
"Las ruinas circulares" J.L.Borges.
Cuando alguien se decide a leer a Borges se encuentra en un mundo donde lo a priori es un encuentro profundo con lo esencial de la existencia. Entonces Borges pasa a ser uno de los escritores preferidos. En particular permanentemente leo y releo sus cuentos que me impulsan a saltar en el pensamiento. Con un decir sutil nos invita a transitar los caminos de un pensar que nos lleva por círculos y laberintos. Borges rompe con la concepción de concebir una linealidad del tiempo y compone espacios lindantes como los que concebimos en los sueños.
Una pregunta se hace indispensable y que a veces se torna incontestable ¿Qué es lo real? ¿Dónde encontramos su esencia? ¿Cuál es su verdad? ¿Es acaso lo que percibimos por los sentidos o es aquello que tiene un ser sustancial y que reposa fuera de nuestro pensamiento? ¿Es la imagen que mediatiza a la cosa convirtiéndola en objeto para un sujeto? ¿Qué papel juega la imaginación en todo esto? ¿Acaso no es todo aquello que concebimos como algo que se patentiza en el sentido de definirlo como realización o concretización en un tiempo presente? ¿Acaso no será un obrar de nuestra mente y un albergar las proyecciones o pensamientos de otros que han tomado posesión de nosotros? Y ya con todas estas preguntas nos metimos en el meollo de la metafísica. Por eso, tal vez amigo lector no seas otra cosa que una invención mía y yo no sea otra cosa que una invención tuya. ¿Que es toda esta magia de encuentros fantasmales a través de una computadora o del escrito de una revista o periódico que está concretada en una abstracción de ondas que se han desplegado a través del cosmos por cientos de Km. de distancia? ¿Acaso no estaremos creando seres fantasmales que nunca se independizaran de nosotros? Yo siempre tuve esa obsesión. Tal vez me faltó eso que se llama estar convencido o tener la certeza de que es lo verdadero. ¿Acaso los productos de lo que pienso no serán elucubraciones sobre el ente más bien conectados con lo deforme y falto de coherencia lógica? ¿Y pensar como equivalente al término LOGOS no es acaso por definición "juntar, relacionar, unir lo que está disperso" en este caso en nuestras mentes como los retazos de nuestros pensamientos que aún no tienen una forma determinada? ¿No es ese el laberinto borgeano que se produce en el sueño y que nos impulsa a seguir durmiendo para seguir soñando y no dejar pendiente algo inconcluso que no será otra cosa que nuestros hijos fantasmales y no como individuos ahora independientes y que a su vez pueden en algún otro momentos soñarnos como los seres irrealizados de sus propias mentes?
Por eso creo que es el momento de liberar condicionamientos y habitar decididamente en los laberintos y en el pensamiento circular. La linealidad y el delimitar las cosas por el principio de las causas y efectos no son otra cosa que el pensar en una dirección determinada que yo llamo "el pensamiento calculante" o que todo lo resuelve en el cálculo y en su estimulación para el dominio y la consecución del poder. (Fundamentalmente el pensamiento pragmatista). Creo que hay que intentar otra vía alternativa para completar aquél con el cual nos piensan desde el ámbito del poder y de cómo nosotros a su vez pensamos aquello que llamamos lo real como lo otro. Es una tarea a la cual tenemos que esforzarnos para ir consiguiendo espacios de libertad interior para recuperar el ser auténtico que por múltiples barreras nos impiden abordarlo.
(hectorco@infovia.com.ar)
LOS SENDEROS CIRCULARES Y LABERÍNTICOS
AHORA ESTARÉ COMO MI HIJO: EL HIJO QUE HE ENGENDRADO ME ESPERA Y NO EXISTIRA SI NO VOY.
"Las ruinas circulares" J.L.Borges.
Cuando alguien se decide a leer a Borges se encuentra en un mundo donde lo a priori es un encuentro profundo con lo esencial de la existencia. Entonces Borges pasa a ser uno de los escritores preferidos. En particular permanentemente leo y releo sus cuentos que me impulsan a saltar en el pensamiento. Con un decir sutil nos invita a transitar los caminos de un pensar que nos lleva por círculos y laberintos. Borges rompe con la concepción de concebir una linealidad del tiempo y compone espacios lindantes como los que concebimos en los sueños.
Una pregunta se hace indispensable y que a veces se torna incontestable ¿Qué es lo real? ¿Dónde encontramos su esencia? ¿Cuál es su verdad? ¿Es acaso lo que percibimos por los sentidos o es aquello que tiene un ser sustancial y que reposa fuera de nuestro pensamiento? ¿Es la imagen que mediatiza a la cosa convirtiéndola en objeto para un sujeto? ¿Qué papel juega la imaginación en todo esto? ¿Acaso no es todo aquello que concebimos como algo que se patentiza en el sentido de definirlo como realización o concretización en un tiempo presente? ¿Acaso no será un obrar de nuestra mente y un albergar las proyecciones o pensamientos de otros que han tomado posesión de nosotros? Y ya con todas estas preguntas nos metimos en el meollo de la metafísica. Por eso, tal vez amigo lector no seas otra cosa que una invención mía y yo no sea otra cosa que una invención tuya. ¿Que es toda esta magia de encuentros fantasmales a través de una computadora o del escrito de una revista o periódico que está concretada en una abstracción de ondas que se han desplegado a través del cosmos por cientos de Km. de distancia? ¿Acaso no estaremos creando seres fantasmales que nunca se independizaran de nosotros? Yo siempre tuve esa obsesión. Tal vez me faltó eso que se llama estar convencido o tener la certeza de que es lo verdadero. ¿Acaso los productos de lo que pienso no serán elucubraciones sobre el ente más bien conectados con lo deforme y falto de coherencia lógica? ¿Y pensar como equivalente al término LOGOS no es acaso por definición "juntar, relacionar, unir lo que está disperso" en este caso en nuestras mentes como los retazos de nuestros pensamientos que aún no tienen una forma determinada? ¿No es ese el laberinto borgeano que se produce en el sueño y que nos impulsa a seguir durmiendo para seguir soñando y no dejar pendiente algo inconcluso que no será otra cosa que nuestros hijos fantasmales y no como individuos ahora independientes y que a su vez pueden en algún otro momentos soñarnos como los seres irrealizados de sus propias mentes?
Por eso creo que es el momento de liberar condicionamientos y habitar decididamente en los laberintos y en el pensamiento circular. La linealidad y el delimitar las cosas por el principio de las causas y efectos no son otra cosa que el pensar en una dirección determinada que yo llamo "el pensamiento calculante" o que todo lo resuelve en el cálculo y en su estimulación para el dominio y la consecución del poder. (Fundamentalmente el pensamiento pragmatista). Creo que hay que intentar otra vía alternativa para completar aquél con el cual nos piensan desde el ámbito del poder y de cómo nosotros a su vez pensamos aquello que llamamos lo real como lo otro. Es una tarea a la cual tenemos que esforzarnos para ir consiguiendo espacios de libertad interior para recuperar el ser auténtico que por múltiples barreras nos impiden abordarlo.
(hectorco@infovia.com.ar)
Guillermo Iglesias
La pensión
Contame una historia donde él acaba de cumplir veinticuatro y ya hace diez que trabaja en la construcción. Una donde lo contrató un tal Corradini porque sabe que trabaja duro y no mira el reloj.
A él ponele un nombre que apenas suene, algo neutro incapaz de concitar una imagen que perturbe mi propia idea: Un tipo que todavía se asombra, sobre todo con los ojos, tiene manos grandes que lo incomodan un poco cuando no está trabajando. Dale algún color de esos que se mimetizan con todo el espectro, tierra sombra o siena tostado y, si es invierno, algún pudoroso azul en el abrigo que le queda chico.
Me parece que tiene que ser invierno, así cuando entra a la pensión que le recomendó Corradini, lo desazona una tibieza que huele a querosén y entonces vacila, pero ni se entera que es porque ese olor y ese calor tienen que ver con su infancia, apurada en alguna provincia. Que al final se decida y pague por adelantado sin preguntar nada. La pensión es limpia y, por favor, sin malvones. En la pieza hay una cama de hierro un poco corta; un ropero de dos puertas y una mesa con mantel y todo. Hay un calentador.
-Para el mate -le dice la mujer, que piensa en algún guiso improvisado. No sabe que para él la orden es terminante.
Ahora que se quede solo en la pieza y no tantee el colchón, que abra el bolso y saque con cuidado la ropa, incluso una camisa sin estrenar; todavía envuelta en celofán que cruje. El equipo de mate en una caja de metal y nada mas, para no agigantar el bolso.
Que se instale con algún gesto meticuloso que delate su costumbre de estar solo; dejalo ahí, calentando el agua que sacó de la canilla del baño. El mate preparado.
Ahora mostrame la pensión desde arriba para que yo vea que del otro lado del tabique, donde está la cama, hay otra. Y que esos diez centímetros de mampostería son una frontera ínfima y ambigua, que las separa y al mismo tiempo las une. De hierro la de él, todavía intacta, y la otra también de hierro, pero con alguna blandura de flores pálidas en el cubrecamas y quizá otro detalle mínimo (pero definitivo) como una hebilla.
Dejame ahí arriba, abismado, convertido en un dios impaciente, esperando que ya estén los dos, acostados pero despiertos; separados pero juntos.
Hablame del frío y de la cal. Decime que a ella el frío le marca los pezones en la remera que se puso para dormir y a él la cal le parte las manos. No digas más. El se acuesta sintiendo sus palmas hambrientas de suavidad y ella se demora en el espejo, los pechos ávidos de calor y el gesto detenido porque acaba de oír un gemido metálico al otro lado del tabique. Con eso es suficiente: ella va a terminar de cepillarse el pelo y cuando deje caer el cepillo, él va a mirar el tabique por primera vez y hasta quizá lo toque con el dorso de la mano.
Ahora contame cómo va elaborándose ese diálogo secreto, ese código de golpecitos y de toses. Cómo en la noche sin luna el chasquido de un fósforo y el roce de unos dedos, inventan un idioma que pone en fuga la soledad y aniquila el frío.
Mañana ella va a atreverse a una pizca de carmín y él va a desgarrar el celofán sin pesadumbre.
Que duerman. Pero contame que los dos siguen atentos, para que las pesadillas fracasen. Los dos vueltos hacia el tabique cada vez más delgado.
Que duerman, sí.
Y que la palabra amor ni figure, de puro innecesaria.
Julia del Prado, Perú
Prosa (cuento) breve
Cuando la lámpara se prende las ilusiones no mueren y Evagrio - el fantasma- no se presenta para robarnos trozos de vida y traernos en su corroído espíritu inevitables ausencias.
Cuando la lámpara se prende las ilusiones no mueren y Evagrio - el fantasma- no se presenta para robarnos trozos de vida y traernos en su corroído espíritu inevitables ausencias.
Bernardo Marroquín - Bernardo - Costa Rica
LA BODA
Felices estaban los novios, entrelazando sus manos en la iglesia.
Las últimas palabras del sacerdote, eran escuchadas por los
invitados, En aquella congregación.
_ Y los declaro marido y mujer, hasta que la muerte los separe.
Bailaron el vals, recibieron regalos, y gratas felicitaciones, en
aquella esplendida fiesta.
La luna esplendorosa, bella llena de dulce miel.
Esa noche fulmino el amor, ella dormía plácidamente con una sonrisa,
él, hacia lo mismo a su lado.
Un paro cardiaco hacían la diferencia.
************
La sombra.
Había una vez,
Una sombra que acompañaba siempre a su amo,
Que moría cuando llegaba la noche,
Que vivía cuando llegaba el sol.
*******************
El Lobo
Había una vez,
Un lobo que en las faldas de una loma,
Aullaba y aullaba, y por mas que el lobo
Se esforzaba pegando el grito al viento,
La Luna resplandeciente brillaba.
*************************
EL RIO.
En el manantial de una cascada,
en una posa de agua cristalina,
Ahí se bañaba una rana desnuda.
Un sapito que por ahí merodeaba
Se puso a cantar de alegría al ver a la rana.
Tanta fue la emoción del sapito que quiso
Dar su mejor nota de aquella canción,
Pero reventó de amor.
Felices estaban los novios, entrelazando sus manos en la iglesia.
Las últimas palabras del sacerdote, eran escuchadas por los
invitados, En aquella congregación.
_ Y los declaro marido y mujer, hasta que la muerte los separe.
Bailaron el vals, recibieron regalos, y gratas felicitaciones, en
aquella esplendida fiesta.
La luna esplendorosa, bella llena de dulce miel.
Esa noche fulmino el amor, ella dormía plácidamente con una sonrisa,
él, hacia lo mismo a su lado.
Un paro cardiaco hacían la diferencia.
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La sombra.
Había una vez,
Una sombra que acompañaba siempre a su amo,
Que moría cuando llegaba la noche,
Que vivía cuando llegaba el sol.
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El Lobo
Había una vez,
Un lobo que en las faldas de una loma,
Aullaba y aullaba, y por mas que el lobo
Se esforzaba pegando el grito al viento,
La Luna resplandeciente brillaba.
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EL RIO.
En el manantial de una cascada,
en una posa de agua cristalina,
Ahí se bañaba una rana desnuda.
Un sapito que por ahí merodeaba
Se puso a cantar de alegría al ver a la rana.
Tanta fue la emoción del sapito que quiso
Dar su mejor nota de aquella canción,
Pero reventó de amor.
Eduardo Mancilla, Rosario, Argentina
Crimen pasional.
Ella lo vio, le clavó los ojos y el murió de amor a primera vista.
**********
Confesión del alcohólico anónimo.
El trago me acompaño hacia él, estaba armado, me apuntó, al mismo tiempo hice lo mismo, cerré los ojos y comencé a disparar hasta que el tambor quedó vacío y girando, mientras el humo de pólvora invadía el momento. Él debió haber muerto, yo quedé mutilado por las esquirlas del espejo.
*********
Los espermatozoides
El banquete del aprendizaje estaba listo para ser devorado por los ingenuos que, desprendiéndose uno a uno de la selva de lo desconocido, no tardarían en sufrir la primer y única lección: el orgasmo.
Ella lo vio, le clavó los ojos y el murió de amor a primera vista.
**********
Confesión del alcohólico anónimo.
El trago me acompaño hacia él, estaba armado, me apuntó, al mismo tiempo hice lo mismo, cerré los ojos y comencé a disparar hasta que el tambor quedó vacío y girando, mientras el humo de pólvora invadía el momento. Él debió haber muerto, yo quedé mutilado por las esquirlas del espejo.
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Los espermatozoides
El banquete del aprendizaje estaba listo para ser devorado por los ingenuos que, desprendiéndose uno a uno de la selva de lo desconocido, no tardarían en sufrir la primer y única lección: el orgasmo.
Nedda González Núñez
Guerra
La guerra nos ha golpeado, y no por previsible es más fácil de enfrentar. No importan la fecha ni la hora; para mantener la cordura, me aferro a mi nombre. El sol parece irreal a través del humo, y el olor a muerte es penetrante.
A pocos pasos, entre cadáveres, yace un soldado herido. Lleva el uniforme del enemigo, y distingo su cara perfectamente.
“Maldita guerra” ––pienso–– “Es casi un niño”
Me acerco, y arranco tiras de mi camisa para taponar la fea herida de su costado. Le tomo la mano y, aunque nunca fui devoto, rezo para pedir que termine esta locura.
Se escuchan sirenas. Aún no sabemos quien fue el vencedor, ni quién el vencido. Pero... ¡a quien le importa! Si solamente somos dos puntos insignificantes, a la orilla de un pueblo destruido.
Sin embargo, a un lado del camino, y como símbolo insolente de la esperanza, unas flores amarillas se mecen intactas.
La guerra nos ha golpeado, y no por previsible es más fácil de enfrentar. No importan la fecha ni la hora; para mantener la cordura, me aferro a mi nombre. El sol parece irreal a través del humo, y el olor a muerte es penetrante.
A pocos pasos, entre cadáveres, yace un soldado herido. Lleva el uniforme del enemigo, y distingo su cara perfectamente.
“Maldita guerra” ––pienso–– “Es casi un niño”
Me acerco, y arranco tiras de mi camisa para taponar la fea herida de su costado. Le tomo la mano y, aunque nunca fui devoto, rezo para pedir que termine esta locura.
Se escuchan sirenas. Aún no sabemos quien fue el vencedor, ni quién el vencido. Pero... ¡a quien le importa! Si solamente somos dos puntos insignificantes, a la orilla de un pueblo destruido.
Sin embargo, a un lado del camino, y como símbolo insolente de la esperanza, unas flores amarillas se mecen intactas.
Rubén Vedovaldi
YO Y EL OTRO*
Al otro, a Rubén Vedovaldi, es a quien le trabaja el nombre o su eco. Yo camino por la vieja casa y me doy a ver como crece el lapacho rosado que me regalaron como bonsái y puse en libertad en la tierra del lote. De Vedovaldi tengo noticias por el correo, por Internet, por teléfono, y leo sus versos publicados en tal libro, en tal periódico, en tal otra revista. Me gustan las tetitas de las quinceañeras en flor, las piernas de las locas perdidas, el cine de Polansky, las canciones de los Betales y Almendra, el olor de una tira de asado en la parrilla, y la voces de Gelman y Galeano; el otro comparte o no comparte esas preferencias, pero de un modo vanidoso que las convierte en atributos de un actor. Nuestra relación no es hostil, yo sobrevivo, yo despierto del sueño, para que Vedovaldi pueda estrofar su obra más o menos literaria y eso más o menos me justifica.
Ha logrado ciertas páginas más o menos válidas, entre montañas de hojarasca prescindible, pero esas páginas no me pueden salvar, quizás porque lo aprobado ya no es de nadie, ni siquiera del otro, sino del lenguaje y del siglo. Yo estoy destinado a perderme, y sólo algún instante de mí podrá trascender en el otro. Poco a poco voy cediéndole todo, aunque me consta su viciada costumbre de juguetear con la lengua y el habla.
Heráclito entendió que todo cambia; la piedra antes no era piedra y después dejará de ser piedra; el río antes no era río y, si el planeta se calcina, dejará de ser río.
Yo he de quedar en Vedovaldi, no en mí (si es que alguien soy), aunque me reconozca menos en sus libros que en los de otras y otros o que en un solo salvaje de saxo.
Traté de liberarme de él, y pasé del delirio surrealista a la búsqueda de una síntesis, al ejercicio del estrato fónico y del significante, pero esos ejercicios y piruetas de estilo son de Vedovaldi ahora y tendré que idear otras para mi, para el estilo de mi muerte.
Mi vida es una estrella más o menos roja, más o menos difusa. Ni Dios ni el Diablo creen en mi. Todo lo pierdo en los basurales del mercado. Todo es del olvido o de la AFIP, o del otro.
Uno es descendiente de campesinos italianos, el otro se tiene que inventar su propia patria e historia.
Uno siembra y canta en el desierto, el otro recoge placer y dolor del cuerpo; desaciertos, desconciertos, melancolías y malentendidos. No sé cuál de los dos está más solo, más lejos.
Al otro, a Rubén Vedovaldi, es a quien le trabaja el nombre o su eco. Yo camino por la vieja casa y me doy a ver como crece el lapacho rosado que me regalaron como bonsái y puse en libertad en la tierra del lote. De Vedovaldi tengo noticias por el correo, por Internet, por teléfono, y leo sus versos publicados en tal libro, en tal periódico, en tal otra revista. Me gustan las tetitas de las quinceañeras en flor, las piernas de las locas perdidas, el cine de Polansky, las canciones de los Betales y Almendra, el olor de una tira de asado en la parrilla, y la voces de Gelman y Galeano; el otro comparte o no comparte esas preferencias, pero de un modo vanidoso que las convierte en atributos de un actor. Nuestra relación no es hostil, yo sobrevivo, yo despierto del sueño, para que Vedovaldi pueda estrofar su obra más o menos literaria y eso más o menos me justifica.
Ha logrado ciertas páginas más o menos válidas, entre montañas de hojarasca prescindible, pero esas páginas no me pueden salvar, quizás porque lo aprobado ya no es de nadie, ni siquiera del otro, sino del lenguaje y del siglo. Yo estoy destinado a perderme, y sólo algún instante de mí podrá trascender en el otro. Poco a poco voy cediéndole todo, aunque me consta su viciada costumbre de juguetear con la lengua y el habla.
Heráclito entendió que todo cambia; la piedra antes no era piedra y después dejará de ser piedra; el río antes no era río y, si el planeta se calcina, dejará de ser río.
Yo he de quedar en Vedovaldi, no en mí (si es que alguien soy), aunque me reconozca menos en sus libros que en los de otras y otros o que en un solo salvaje de saxo.
Traté de liberarme de él, y pasé del delirio surrealista a la búsqueda de una síntesis, al ejercicio del estrato fónico y del significante, pero esos ejercicios y piruetas de estilo son de Vedovaldi ahora y tendré que idear otras para mi, para el estilo de mi muerte.
Mi vida es una estrella más o menos roja, más o menos difusa. Ni Dios ni el Diablo creen en mi. Todo lo pierdo en los basurales del mercado. Todo es del olvido o de la AFIP, o del otro.
Uno es descendiente de campesinos italianos, el otro se tiene que inventar su propia patria e historia.
Uno siembra y canta en el desierto, el otro recoge placer y dolor del cuerpo; desaciertos, desconciertos, melancolías y malentendidos. No sé cuál de los dos está más solo, más lejos.
Fernando Iwasaki
PETER PAN - De Ajuar Funerario -
CADA VEZ QUE hay luna llena yo cierro las ventanas de casa, porque el padre de Mendoza es el hombre lobo y no quiero que se meta en mi cuarto. En verdad no debería asustarme porque el papá de Salazar es Batman y a esas horas debería estar vigilando las calles, pero mejor cierro la ventana porque Merino dice que su padre es Joker, y Joker se la tiene jurada al papá de Salazar.
Todos los papás de mis amigos son superhéroes o villanos famosos, menos mi padre que insiste en que él sólo vende seguros y que no me crea esas tonterías. Aunque no son tonterías porque el otro día Gómez me dijo que su papá era Tarzán y me enseñó su cuchillo, todo manchado con sangre de leopardo.
A mí me gustaría que mi padre fuese alguien, pero no hay ningún héroe que use corbata y chaqueta de cuadritos. Si yo fuera hijo de Conan, Skywalker o Spiderman, entonces nadie volvería a pegarme en el recreo. Por eso me puse a pensar quién podría ser mi padre.
Un día se quedó frito leyendo el periódico y lo vi todo flaco y largo sobre el sofá, con sus bigotes de mosquetero y sus manos pálidas, blancas blancas como el mármol de la mesa. Entonces corrí a la cocina y saqué el hacha de cortar la carne. Por la ventana entraban la luz de la luna y los aullidos del papá de Mendoza, pero mi padre ya grita más fuerte y parece un pirata de verdad. Que se cuiden Merino, Salazar y Gómez, porque ahora soy el hijo del Capitán Garfio.
CADA VEZ QUE hay luna llena yo cierro las ventanas de casa, porque el padre de Mendoza es el hombre lobo y no quiero que se meta en mi cuarto. En verdad no debería asustarme porque el papá de Salazar es Batman y a esas horas debería estar vigilando las calles, pero mejor cierro la ventana porque Merino dice que su padre es Joker, y Joker se la tiene jurada al papá de Salazar.
Todos los papás de mis amigos son superhéroes o villanos famosos, menos mi padre que insiste en que él sólo vende seguros y que no me crea esas tonterías. Aunque no son tonterías porque el otro día Gómez me dijo que su papá era Tarzán y me enseñó su cuchillo, todo manchado con sangre de leopardo.
A mí me gustaría que mi padre fuese alguien, pero no hay ningún héroe que use corbata y chaqueta de cuadritos. Si yo fuera hijo de Conan, Skywalker o Spiderman, entonces nadie volvería a pegarme en el recreo. Por eso me puse a pensar quién podría ser mi padre.
Un día se quedó frito leyendo el periódico y lo vi todo flaco y largo sobre el sofá, con sus bigotes de mosquetero y sus manos pálidas, blancas blancas como el mármol de la mesa. Entonces corrí a la cocina y saqué el hacha de cortar la carne. Por la ventana entraban la luz de la luna y los aullidos del papá de Mendoza, pero mi padre ya grita más fuerte y parece un pirata de verdad. Que se cuiden Merino, Salazar y Gómez, porque ahora soy el hijo del Capitán Garfio.
Nanim Rekacz
Última voluntad
Cuando vengan a visitar mis restos, no me traigan flores, sino libros. Muchos libros. Libros con paisajes, con cuadros, con dibujos. Con cuentos maravillosos y novelas intrigantes. Déjenlos abiertos dentro del mausoleo y cuando los vean cerrados, cámbienlos. Será que ya los he mirado. Y si quieren quedarse un rato, léanme en voz alta.
Sé que podré soportar la soledad, pero no la ausencia de palabras...
Cuando vengan a visitar mis restos, no me traigan flores, sino libros. Muchos libros. Libros con paisajes, con cuadros, con dibujos. Con cuentos maravillosos y novelas intrigantes. Déjenlos abiertos dentro del mausoleo y cuando los vean cerrados, cámbienlos. Será que ya los he mirado. Y si quieren quedarse un rato, léanme en voz alta.
Sé que podré soportar la soledad, pero no la ausencia de palabras...
Graciana Petrone - Rosario, Santa Fé
Supe encontrar una tarde un poema enterrado en e fondo de un espejo y con sorpresa descubrí que tan sólo hablabla de tu prisa. De tu deseo de no envejecer leyendo en el rincón más oscuro de la casa, mientras con placer matemático yo sirviera la cena y el parpadear de la luna acrencetase nuestro deseo de volar.
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Y qué de sus voces asegurándome amor al oído y de sus celos y su sabiduría, si de sólo imaginar el escombro que aprisionan sus pupilas un frío de sable me perfora las vértebras.
Curvas extrañas deliberando álabes, mármoles, tinieblas. Palmas tendidas al espanto.
¿Cómo no haber presentido el silencio que dejarían al cerrarse? Si el humo pues, la delgadez extrema de quienes no regalan misericordias ni auguran porvenires, han podido ganarles jamás, alguna que otra jugada.
Misticismo entonces sobre ellos. Y amor. Amor esparcido como sangre. Mensajes aterradores de quien nuca pudo más que estas visiones que emergen como ruinas.
Del color del barro apostado en las esquinas, al borde de las aceras o en los escaparates, una noche me topé con sus miradas.
¡Y sí que amé esos ojos por las tardes y en las noches! Esos que embebidos de secretos no hacían más que horadar caminos en perfecta paz con las ausencias y los dioses.
Como labios besaban levemente al abrirse... y al cerrar (mejor no recordarlo), demolían mi piel entre caricias y espasmos.
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Y qué de sus voces asegurándome amor al oído y de sus celos y su sabiduría, si de sólo imaginar el escombro que aprisionan sus pupilas un frío de sable me perfora las vértebras.
Curvas extrañas deliberando álabes, mármoles, tinieblas. Palmas tendidas al espanto.
¿Cómo no haber presentido el silencio que dejarían al cerrarse? Si el humo pues, la delgadez extrema de quienes no regalan misericordias ni auguran porvenires, han podido ganarles jamás, alguna que otra jugada.
Misticismo entonces sobre ellos. Y amor. Amor esparcido como sangre. Mensajes aterradores de quien nuca pudo más que estas visiones que emergen como ruinas.
Del color del barro apostado en las esquinas, al borde de las aceras o en los escaparates, una noche me topé con sus miradas.
¡Y sí que amé esos ojos por las tardes y en las noches! Esos que embebidos de secretos no hacían más que horadar caminos en perfecta paz con las ausencias y los dioses.
Como labios besaban levemente al abrirse... y al cerrar (mejor no recordarlo), demolían mi piel entre caricias y espasmos.
Joan Mateu, España
El hombre se dio de alta tres cuentas de correo Correo electrónico, participó en los chats más seductores, abrió una cuenta de jabber, una de messenger y una de Gtalk; se registró en todas las webs de envío de SMS y lanzó mensajes a todo el mundo. Participó en innumerables foros, contrató varios números de telefonía fija, compró una palm con acceso a Internet y se dio de alta en Skype, se inscribió en toda web social que encontró: Facebook, MySpace. Hi5, etc. Se hizo una web personal, se registró en YouTube, se apuntó a cuatro listas de correo, colaboró en un servidor de noticias y en proyectos colaborativos como Wikipedia, se instaló un MMORPG para jugar en comunidad a través de Internet, se hizo un blog... pero todo fue inútil. Siguió sintiéndose tan solo como antes.
HÉCTOR COBAS, Miramar, Argentina
DESPERTAR EN LA PLAYA
Despertó en la playa. Ladeó la cabeza de un lado al otro y se encontró solo. El murmullo de las olas llegó a sus oídos y sus ojos miraron la lejanía, contemplando el vacío del horizonte. En un instante tuvo el acertado sentimiento de que había sido abandonado y la experiencia súbita de la soledad absoluta, ante la pérdida de su entorno tan familiar hasta ese momento. El amo de siempre que había jugueteado con él innumerables veces y que tantos mimos le había ofrecido, ya no estaba a su lado; se había ido quien sabe adónde, para no regresar a buscarlo. Esa sensación de desconcierto duró algunos minutos y aunque no estaba en su esencia el contabilizar el tiempo y que tal vez, la naturaleza solamente los había dotado para merodear por el espacio, lo llevó de improviso a la experiencia, de que el sitio en que estaba, de un lugar apacible y placentero, el paisaje se le había tornado arisco, lejos de ser hospitalario y poco favorable en donde arraigarse. Se levantó, miró hacia todos lados y comenzó la ardua tarea de caminar lentamente por una de las calles centrales de la ciudad, que para él era solamente un sendero más y que no tenía un nombre, ni número, y que esa caminata tampoco significaba ahora un paseo como cuando salía a correr con su amo y recordaba el sonido con que lo llamaba y que aparentemente en el lenguaje humano significaba algo, pero que para él no era nada más que el eco de una vaga letanía, al cual respondía con gestos de obediencia y alegría con espectaculares saltos que realizaba, alrededor de piernas conocidas y de aquella mano que sujetaba una correa que terminaba en algo así como una cadena arrollada a su pescuezo. Siguió caminando, observando cada cosa que se interponía en su camino. De pronto se dio cuenta que tenía hambre y sed. ¡Qué fácil resultaba antes el tener esas sensaciones y lo rápido con qué le suministraban esos elementos cuando los necesitaba! ¿Cómo haría ahora? Miró a su alrededor y vio un charco con agua. Al principio dudó pero la sed era muy grande, así que se precipitó rápidamente en el charco, que a él le pareció un oasis y sorbió esa estancada agua con ganas, una y otra vez, hasta saciar la sequedad áspera de su garganta. También y un poco más adelante vio un bulto tirado en la calle, lo rompió y con sorpresa comprobó que contenía comida que alguien había escondido en esa bolsa. Engulló con rapidez esos restos hasta terminarlos. Los humanos dicen, que sólo ellos son capaces de rumiar cosas en su cerebro pero él evidentemente rompía con esa regla. Y se le ocurrió cavilar que aquello que le ocurría ¿no sería acaso el precio que había que pagar por no contar con un dueño que le proporcionara el alimento y cierta protección, a cambio de soportar sus cambios de humor y las quejas que a veces tenía que sufrir y por qué no algún castigo corporal, cuando algo que hacía no estaba dentro de sus planes? Se sintió anímicamente un poco mejor y se alegró de poder ir libremente por donde deseara, sin que lo condicionaran con la cadena y le indicaran con golpes de soga el camino a seguir. También sospechó que surgirían inconvenientes y nuevos peligros y que el mundo que ahora se abría ante sus ojos no sería un lecho de rosas, pero experimentar lo que era ser libre y sin ataduras, era eso lo que en estos momentos importaba. Y ese súbito despertar lo embargó de una inmensa alegría y husmeando ávidamente el sendero, se alejó calle abajo hacia otro destino para él desconocido.
EMILIO REY Rosario, Santa Fé
El rito de Ícaro
Era hora.
La luna realizaba su mejor esfuerzo por brillar más que nunca. El despejado cielo, violeta y ámbar, parecía expectante de la proeza que pronto se realizaría.
Ícaro miró a su padre, que experimentaba en su interior mezclas de ansiedad e incertidumbre. No sabía si su hijo estaba preparado.
—¿Estás seguro de que lo quieres hacer? —había cuestionado Dédalo muchas veces a su muchacho, ensimismado días y noches en su ambicioso proyecto.
-—¡Oh, padre! Estoy tan cerca de alcanzar las estrellas…
Desde la cúspide del dolmen, Ícaro extendió sus brazos hasta sentir sus propios huesos, mientras se desplegaban por primera vez las alas que con tanta emoción y paciencia había desarrollado durante semanas. Respiró profundo como si el aire inhalado lo tornase más ingrávido. Apuntó la mirada hacia la cima de la colina, cuya silueta se erguía a la distancia en la difusa luz de la noche. Era su meta y el joven alado dejó de un salto, su humanidad y alas en manos del vacío.
Dédalo, absorto e inmóvil, podía tan sólo mover sus ojos y seguir con ellos el aleteo frenético de su hijo, que de a ratos brillaba con el reflejo que sobre las alas le regalaba la luna.
Ícaro sentía correr por su sangre el vértigo que tanto había anhelado. Al principio su cuerpo vibraba descontrolado. Luego aprendió a estabilizarse.
Poco a poco empezó a animarse a girar, ascender, a hacer cabriolas. Finalmente, cuando aterrizó sobre la cima de la colina, una lágrima de satisfacción le rodó por su emplumado pecho.
Dédalo, henchido de orgullo, desplegó sus viejas alas y voló al encuentro
de su hijo, quien se había convertido en adulto.
Era hora.
La luna realizaba su mejor esfuerzo por brillar más que nunca. El despejado cielo, violeta y ámbar, parecía expectante de la proeza que pronto se realizaría.
Ícaro miró a su padre, que experimentaba en su interior mezclas de ansiedad e incertidumbre. No sabía si su hijo estaba preparado.
—¿Estás seguro de que lo quieres hacer? —había cuestionado Dédalo muchas veces a su muchacho, ensimismado días y noches en su ambicioso proyecto.
-—¡Oh, padre! Estoy tan cerca de alcanzar las estrellas…
Desde la cúspide del dolmen, Ícaro extendió sus brazos hasta sentir sus propios huesos, mientras se desplegaban por primera vez las alas que con tanta emoción y paciencia había desarrollado durante semanas. Respiró profundo como si el aire inhalado lo tornase más ingrávido. Apuntó la mirada hacia la cima de la colina, cuya silueta se erguía a la distancia en la difusa luz de la noche. Era su meta y el joven alado dejó de un salto, su humanidad y alas en manos del vacío.
Dédalo, absorto e inmóvil, podía tan sólo mover sus ojos y seguir con ellos el aleteo frenético de su hijo, que de a ratos brillaba con el reflejo que sobre las alas le regalaba la luna.
Ícaro sentía correr por su sangre el vértigo que tanto había anhelado. Al principio su cuerpo vibraba descontrolado. Luego aprendió a estabilizarse.
Poco a poco empezó a animarse a girar, ascender, a hacer cabriolas. Finalmente, cuando aterrizó sobre la cima de la colina, una lágrima de satisfacción le rodó por su emplumado pecho.
Dédalo, henchido de orgullo, desplegó sus viejas alas y voló al encuentro
de su hijo, quien se había convertido en adulto.
EMILIO REY Rosario, Santa Fé
Nictálope
Desde los techos, desde la noche, todo es más claro y más fresco. Sus sentidos se exaltan y todo comienza, ahora.
Fibrosos los músculos que harán proezas. Una y otra vez, las acrobacias tan difíciles de repetir. Salto tras otro: aquí sobre las tejas, allá por las cornisas... Dueña de la gravedad, se ríe del vértigo. Es algo que ignora.
Un maullido, un llamado que araña el encanto del mero movimiento. Se escuchan otros y otros maullidos.
La noche está llena de ojos que ven lo que yo no veo. En la negra noche bien negra, ella ve mejor que antes, cuando yo la hubiera buscado, quizás, con la mirada. Pero sólo la oigo, o la huelo, o la intuyo. Ya no está donde recién estaba. Allá va, creo...
Más maullidos y pequeños cuerpos que brotan de otros mundos: chimeneas, paredes, canaletas. Espectros peludos de cuatro patas, con potentes miradas en el oscuro sólido de la oscuridad.
Mi mundo está aquí abajo, no es ese. Debajo de las azoteas, donde se acatan las reglas nocturnas del letargo. Allí está mi rincón y me espera. Cuando mañana yo haya descansado, ella se acurrucará recién entonces, en el suave almohadón (querido almohadón) que antes era mío.
Pasos sigilosos, lomos tensos.
Aullidos. Carreras frenéticas. Encuentros, gruñidos, encuentros, alaridos, encuentros, zarpazos. Desgarros de un silencio que no se impone.
Jugar a cazar, acechar y ser acechado. Contraer tendones y luego saltar en saltos imposibles, ensayando incansablemente el acto noctámbulo y felino. El rito ancestral está en marcha.
Yo ya casi duermo, a pesar del ruido y el retumbar sobre mi cabeza de los galopes en miniatura. Estoy acostumbrado a esto, aunque quisiera correr por los techos y callarlos, asustarlos. Ella y los demás saben que no iré, que no podría. Lo que sí haré será ladrarles, de tanto en tanto, entre sueño y sueño; para que recuerden que estoy aquí, debajo de ellos, vigilante.
Sí, eso es lo que haré.
Desde los techos, desde la noche, todo es más claro y más fresco. Sus sentidos se exaltan y todo comienza, ahora.
Fibrosos los músculos que harán proezas. Una y otra vez, las acrobacias tan difíciles de repetir. Salto tras otro: aquí sobre las tejas, allá por las cornisas... Dueña de la gravedad, se ríe del vértigo. Es algo que ignora.
Un maullido, un llamado que araña el encanto del mero movimiento. Se escuchan otros y otros maullidos.
La noche está llena de ojos que ven lo que yo no veo. En la negra noche bien negra, ella ve mejor que antes, cuando yo la hubiera buscado, quizás, con la mirada. Pero sólo la oigo, o la huelo, o la intuyo. Ya no está donde recién estaba. Allá va, creo...
Más maullidos y pequeños cuerpos que brotan de otros mundos: chimeneas, paredes, canaletas. Espectros peludos de cuatro patas, con potentes miradas en el oscuro sólido de la oscuridad.
Mi mundo está aquí abajo, no es ese. Debajo de las azoteas, donde se acatan las reglas nocturnas del letargo. Allí está mi rincón y me espera. Cuando mañana yo haya descansado, ella se acurrucará recién entonces, en el suave almohadón (querido almohadón) que antes era mío.
Pasos sigilosos, lomos tensos.
Aullidos. Carreras frenéticas. Encuentros, gruñidos, encuentros, alaridos, encuentros, zarpazos. Desgarros de un silencio que no se impone.
Jugar a cazar, acechar y ser acechado. Contraer tendones y luego saltar en saltos imposibles, ensayando incansablemente el acto noctámbulo y felino. El rito ancestral está en marcha.
Yo ya casi duermo, a pesar del ruido y el retumbar sobre mi cabeza de los galopes en miniatura. Estoy acostumbrado a esto, aunque quisiera correr por los techos y callarlos, asustarlos. Ella y los demás saben que no iré, que no podría. Lo que sí haré será ladrarles, de tanto en tanto, entre sueño y sueño; para que recuerden que estoy aquí, debajo de ellos, vigilante.
Sí, eso es lo que haré.
Pascual Marrazzo
En la arena
Escribí en la arena para que se lean, en tus pechos para que se graben y en tus pies para que caminen, todos los te amo que tenía en mis labios.
En la arena blanda que guarda mi mente modelé tu imagen para retenerla y cuando la marea subió amenazante espumé mis manos, las convertí en puntillas para acariciarte.
Los pilares de tu indiferencia fueron escapando detrás de tu puerta, dejando el vacío con ese perfume que atrapó mi cuerpo… Sin poder besarnos.
Muchos días enteros sin poder tocarnos, pude conformarme con unas miradas, mas quiero que sepas, debo confesar, muchos días crueles… Sin poder amarte.
Escribí en la arena para que se lean, en tus pechos para que se graben y en tus pies para que caminen, todos los te amo que tenía en mis labios.
En la arena blanda que guarda mi mente modelé tu imagen para retenerla y cuando la marea subió amenazante espumé mis manos, las convertí en puntillas para acariciarte.
Los pilares de tu indiferencia fueron escapando detrás de tu puerta, dejando el vacío con ese perfume que atrapó mi cuerpo… Sin poder besarnos.
Muchos días enteros sin poder tocarnos, pude conformarme con unas miradas, mas quiero que sepas, debo confesar, muchos días crueles… Sin poder amarte.
Eduardo Francisco Coiro
Cumpleaños
Ahí va el hombre caminando por su barrio con las manos en los bolsillos. La cabeza en nada o pensando en que se acerca la fecha inexorable de su cumpleaños.
Y no cualquier cumpleaños, sino uno con decimales, el número 50. Camina y camina sin destino fijo, es la terapia del caminante que aplica cuando las cosas lo abruman y estar adentro de su casa lo angustia.
El hombre vive con su madre y el gato en una humilde casa suburbana. A pesar de sus esfuerzos en algunos arreglos de mantenimiento, la casa no esta presentable para festejar allí su cumpleaños.
Su madre actualiza una sensación antigua que el hombre seguramente ha heredado: "mira esos sillones rotos y las paredes sin pintar"
-Somos los pobres de la familia. Se lamenta una y otra vez. Actualiza a sus casi 80 la sensación que vivió en su infancia, sin casa propia, sin padre y con parientes de buen pasar económico. Una desvalorización antigua que se proyecta como una sombra perenne cuando cada ocasión lo demanda.
Así va el hombre remontando sus pensamientos como si escalara montañas. Camina ahora bordeando las paredes del enorme hospital que ocupa un cuadrado de tres manzanas por tres.
Hasta que llega a la puerta y lee el pasacalle tendido por los aires y los afiches pegados por todas partes.
"El 27 de septiembre cumplimos 100 años" "venga a festejar en familia con nosotros esta fecha única para la institución de su barrio"
"con baile de disfraces y música hasta el amanecer" "Entrada: un alimento no perecedero para ser distribuido en los comedores populares". Estaba la lista de conjuntos que amenizaran el baile: y hay los de cumbia, y los de rock, y hasta Los Auténticos Decadentes dijeron que allí estarían.
El hombre se queda ahí parado asombrado, no sabe si reír o llorar:
Justo el día de su cumpleaños 50 el hospital de su barrio cumple 100, dos veces su edad y lo festeja... con música, baile y hasta con disfraces.
El hombre sigue caminando, aunque la idea ya esta germinando en su cabeza.
Es una audacia. El es un hombre mediocre, sin iniciativas, posiblemente sin ilusiones en la vida.
Y festejar su cumpleaños adentro del cumpleaños del hospital e invitar a sus pocos amigos allí "Y que vengan disfrazados" es una audacia suprema, que lo supera.
¿Pero por que no?
Por que no darse un ratito de alegría, confundirse en ese pequeño carnaval de disfraces, sólo avisar a último momento de que esta disfrazado y que quien quiera festejar con él y saludarlo que lo busque allí en ese festejo que no le pertenece, que él tomara como propio por unas horas, casi viendo desde un rinconcito. De última, cuantas historias ajenas que no nos pertenecen nos son arrojadas por la cabeza en el transcurso de una vida. Cuantas frases que no eran para uno fueron escuchadas y dolieron como suele doler la injusticia.
¿Por que no? dice el hombre, que ya camino mas de 20 cuadras y comienza a emprender el regreso a su casa. No lo piensa más. Entra a su casa, prende la computadora y redacta la invitación:
"Queridos amigos, el 27 de septiembre cumplo los cincuenta ( ¿ya tengo que empezar a escribirlo como los sincuenta? )
Pensé un modo original y espero que les guste: ese mismo día una institución barrial cumple 100 años y organiza un baile de disfraces, la entrada es llevar un alimento no perecedero, el lugar queda en la calle Boulevard De La Armonía Nº 1836 entre San Jorge y Querandíes. Temperley Oeste. -Allí mismo hay una playa de estacionamiento- La cosa arranca a las 21.00 hs pero yo estaré a las 22.00 cerca de la entrada, todavía no pensé en el disfraz, confirmen que pueden venir antes del viernes y les cuento cual será mi disfraz -se supone que no me van a reconocer si no les aviso¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡
El hombre obedeció por una vez en la vida a la idea que le surgió como primer impulso.
Hacer un festejo , aun sea en un festejo de prestado, que la melancolía le haya permitido este año invitar amigos era de por si un gran paso. Pero esto le planteaba nuevos problemas, como el disfraz debería afrontar en menos de una semana.
También empezó a sentir alguna incomodidad por un detalle que omitió decir en la invitación.
Pues la institución que cumple 100 años el mismo día en que él cumple los 50. Es un Hospital Psiquiátrico.
-Será un día de locos¡¡¡¡.
Ahí va el hombre caminando por su barrio con las manos en los bolsillos. La cabeza en nada o pensando en que se acerca la fecha inexorable de su cumpleaños.
Y no cualquier cumpleaños, sino uno con decimales, el número 50. Camina y camina sin destino fijo, es la terapia del caminante que aplica cuando las cosas lo abruman y estar adentro de su casa lo angustia.
El hombre vive con su madre y el gato en una humilde casa suburbana. A pesar de sus esfuerzos en algunos arreglos de mantenimiento, la casa no esta presentable para festejar allí su cumpleaños.
Su madre actualiza una sensación antigua que el hombre seguramente ha heredado: "mira esos sillones rotos y las paredes sin pintar"
-Somos los pobres de la familia. Se lamenta una y otra vez. Actualiza a sus casi 80 la sensación que vivió en su infancia, sin casa propia, sin padre y con parientes de buen pasar económico. Una desvalorización antigua que se proyecta como una sombra perenne cuando cada ocasión lo demanda.
Así va el hombre remontando sus pensamientos como si escalara montañas. Camina ahora bordeando las paredes del enorme hospital que ocupa un cuadrado de tres manzanas por tres.
Hasta que llega a la puerta y lee el pasacalle tendido por los aires y los afiches pegados por todas partes.
"El 27 de septiembre cumplimos 100 años" "venga a festejar en familia con nosotros esta fecha única para la institución de su barrio"
"con baile de disfraces y música hasta el amanecer" "Entrada: un alimento no perecedero para ser distribuido en los comedores populares". Estaba la lista de conjuntos que amenizaran el baile: y hay los de cumbia, y los de rock, y hasta Los Auténticos Decadentes dijeron que allí estarían.
El hombre se queda ahí parado asombrado, no sabe si reír o llorar:
Justo el día de su cumpleaños 50 el hospital de su barrio cumple 100, dos veces su edad y lo festeja... con música, baile y hasta con disfraces.
El hombre sigue caminando, aunque la idea ya esta germinando en su cabeza.
Es una audacia. El es un hombre mediocre, sin iniciativas, posiblemente sin ilusiones en la vida.
Y festejar su cumpleaños adentro del cumpleaños del hospital e invitar a sus pocos amigos allí "Y que vengan disfrazados" es una audacia suprema, que lo supera.
¿Pero por que no?
Por que no darse un ratito de alegría, confundirse en ese pequeño carnaval de disfraces, sólo avisar a último momento de que esta disfrazado y que quien quiera festejar con él y saludarlo que lo busque allí en ese festejo que no le pertenece, que él tomara como propio por unas horas, casi viendo desde un rinconcito. De última, cuantas historias ajenas que no nos pertenecen nos son arrojadas por la cabeza en el transcurso de una vida. Cuantas frases que no eran para uno fueron escuchadas y dolieron como suele doler la injusticia.
¿Por que no? dice el hombre, que ya camino mas de 20 cuadras y comienza a emprender el regreso a su casa. No lo piensa más. Entra a su casa, prende la computadora y redacta la invitación:
"Queridos amigos, el 27 de septiembre cumplo los cincuenta ( ¿ya tengo que empezar a escribirlo como los sincuenta? )
Pensé un modo original y espero que les guste: ese mismo día una institución barrial cumple 100 años y organiza un baile de disfraces, la entrada es llevar un alimento no perecedero, el lugar queda en la calle Boulevard De La Armonía Nº 1836 entre San Jorge y Querandíes. Temperley Oeste. -Allí mismo hay una playa de estacionamiento- La cosa arranca a las 21.00 hs pero yo estaré a las 22.00 cerca de la entrada, todavía no pensé en el disfraz, confirmen que pueden venir antes del viernes y les cuento cual será mi disfraz -se supone que no me van a reconocer si no les aviso¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡
El hombre obedeció por una vez en la vida a la idea que le surgió como primer impulso.
Hacer un festejo , aun sea en un festejo de prestado, que la melancolía le haya permitido este año invitar amigos era de por si un gran paso. Pero esto le planteaba nuevos problemas, como el disfraz debería afrontar en menos de una semana.
También empezó a sentir alguna incomodidad por un detalle que omitió decir en la invitación.
Pues la institución que cumple 100 años el mismo día en que él cumple los 50. Es un Hospital Psiquiátrico.
-Será un día de locos¡¡¡¡.
MAGDALENA PIZZIO
mujer mujer
El carruaje se había detenido antes del recodo. Un robusto tronco impedía el paso en el camino y los pasajeros, somnolientos aún, no se percataron del propósito hasta que se abrieron las puertas.
Un gigantesco truhán, al frente de los forajidos, de espesos bigotes y barba oscura, con una pistola en cada mano, los apuntaba. El cochero, acostumbrado a los asaltos se había sometido sin vacilar, pues uno de sus principios elementales era sobrevivir. Entre injurias y lamentos, la pintoresca colección de viajeros, descendió y esperó con ansiedad.
-Las joyas y el dinero- ordenó con agria actitud uno de los bandidos. Pusieron todo en la bolsa que les tendía, entre débiles protestas. Casi escondida, atrás del grupo, la muchacha no tenía más riqueza que su virtud y un anillo con veneno.
El jefe, de un vistazo aprobó el botín, la observó y guiando su escuálido caballo, en una jerga desconocida para los suyos, le dijo:
-¿Es de esperar bella mujer que me hagáis el honor de venir conmigo? por voluntad vuestra y mía y del Señor que os puso en mi camino. Que queridas he tenido; también amantes, pero mujer mujer ninguna- Y mirándola fijamente calló.
Sus ojos se encontraron. Ella lo miró y miró en su dedo el anillo.
Que la fortuna, que las virtudes, el propósito de la vida decente y abnegada, tantas enseñanzas del internado, acumuladas para quebrar el espíritu libre y ahora…
Dio un paso adelante con determinación y mirando con desdén a los atribulados compañeros de aventura, se escuchó decir:
-Que si os bañáis de vez en cuando por mí está bien. ¿Cuánto me toca? Que mujer mujer debe tener fortuna.
**letra en bastardilla con acento castizo.
El carruaje se había detenido antes del recodo. Un robusto tronco impedía el paso en el camino y los pasajeros, somnolientos aún, no se percataron del propósito hasta que se abrieron las puertas.
Un gigantesco truhán, al frente de los forajidos, de espesos bigotes y barba oscura, con una pistola en cada mano, los apuntaba. El cochero, acostumbrado a los asaltos se había sometido sin vacilar, pues uno de sus principios elementales era sobrevivir. Entre injurias y lamentos, la pintoresca colección de viajeros, descendió y esperó con ansiedad.
-Las joyas y el dinero- ordenó con agria actitud uno de los bandidos. Pusieron todo en la bolsa que les tendía, entre débiles protestas. Casi escondida, atrás del grupo, la muchacha no tenía más riqueza que su virtud y un anillo con veneno.
El jefe, de un vistazo aprobó el botín, la observó y guiando su escuálido caballo, en una jerga desconocida para los suyos, le dijo:
-¿Es de esperar bella mujer que me hagáis el honor de venir conmigo? por voluntad vuestra y mía y del Señor que os puso en mi camino. Que queridas he tenido; también amantes, pero mujer mujer ninguna- Y mirándola fijamente calló.
Sus ojos se encontraron. Ella lo miró y miró en su dedo el anillo.
Que la fortuna, que las virtudes, el propósito de la vida decente y abnegada, tantas enseñanzas del internado, acumuladas para quebrar el espíritu libre y ahora…
Dio un paso adelante con determinación y mirando con desdén a los atribulados compañeros de aventura, se escuchó decir:
-Que si os bañáis de vez en cuando por mí está bien. ¿Cuánto me toca? Que mujer mujer debe tener fortuna.
**letra en bastardilla con acento castizo.
SILVIA PAVIA
BOSTEZO DE HIPOPÓTAMO
MAMÁ tomó la peor de las decisiones: me envió a un colegio religioso de monjas de semiclausura. En ese antro, debíamos lidiar con una superiora psicópata, que parecía considerar el género masculino como al mismo diablo.
Mis notas eran muy buenas pero yo no encajaba con las buenas alumnas. Me parecían sosas y aburridas. En cambio, me identifiqué inmediatamente con las peores. Nos sentábamos siempre en los últimos bancos y sabotéabamos la clase como podíamos, charlando, haciendo ruido con los bancos, murmurando con la boca cerrada, fingiendo repentinos accesos de tos que no lograban alterar los nervios a toda prueba de nuestra maestra, sin duda muy preparada para todo tipo de ataques, inclusive el nuclear.
La madre Superiora (en adelante La Monja, como le decíamos entre nosotras) me miraba como un insecto al que quisiera aplastar con el pie, cada vez que se cruzaba conmigo en aquellos corredores oscuros y lóbregos. Yo creía que tenía ciertos poderes, por medio de los cuales sabía cuáles eran mis más recónditos pensamientos y de ahí sus miradas cargadas de rencor y ansias de vengarse.
Una vez no pude reprimir un bostezo fenomenal, mientras ella nos daba una clase acerca del comportamiento correcto de una niña de colegio religioso.
Aunque yo estaba sentada en la última fila, me vio, nada escapaba a su mirada. Su boca se transformó en una sola línea, pero hasta para ella debía estar claro que bostezar durante sus discursos no constituía delito alguno. Por lo que me señaló con su dedo justiciero y bramó, delante de toda la clase:
- Señorita Peralta!!! Usted bosteza como un hipopótamo!
La cosa se empezó a poner peor cuando entramos en la adolescencia. En un alarde de progresismo, nos daban clases de educación sexual. Que se unían las células masculinas y femeninas, se formaba un huevo y ese huevo se transformaba en un hermoso bebé. Pero la pregunta del millón era cómo hacían las células masculinas para estar allí. Sería por ósmosis? Pasarían a través de la saliva, con un beso? Misterio y respuestas evasivas. Sobre este punto fundamental, circulaban toda clase de versiones.
Una vez encontré a Andrea, una de mis mejores amigas, saltando sin parar durante el recreo. Le pregunté qué hacía y me respondió, sin dejar de saltar, que su primo le había dado un beso en la mejilla y estaba segura que había quedado embarazada, por lo que esperaba que el bebé se muriera mientras ella saltaba y nadie se daría cuenta…
Aunque me pareció algo descabellado, no le respondí nada, porque yo sabía menos que ella.
Finalmente descubrimos en qué consistía el tan mentado “acto” al que todos se referían pero nadie explicaba. Analía, la más fisgona de nuestro grupo, vio en un kiosko una revista pornográfica y la compró a escondidas. En ella, además de las consabidas fotos, había una carta escrita por una chica a su madre, contándole con todo lujo de detalles su noche de bodas. Esa carta circuló por todo el curso, anulando todas las versiones y fantasías sobre el hecho. A los doce años, fue como si un velo se hubiera corrido, mostrándonos con crudeza la verdad que nos habían ocultado tan tenazmente. Todas nos prometimos que jamás haríamos algo tan asqueroso, aunque había algunas pioneras (entre las que yo no me encontraba), que comenzaban a sentir una secreta simpatía por un género tan poco agraciado y torpe como el masculino.
Cuando terminamos la secundaria, el Colegio organizó en el teatro el acto de entrega de diplomas. Ese día, yo estaba muy feliz, como si saliera de la cárcel, pensando que jamás volvería a ver la escuela ni La Monja. Aunque, fiel a mis principios de ignorar su existencia, hubiera deseado terminar el acto e irme sin mirarla siquiera, mamá me obligó a ponerme en la cola para saludarla. Todas, muy conmovidas, contestaban a sus frases de despedida algo así como “lo mismo me pasa a mi, Madre” . Decidí hacer el gran sacrificio con altura y le dediqué mi mejor sonrisa cuando me tocó el turno, sin dejarme convencer por el barniz de amabilidad que mostraba en presencia de los padres.
- Peralta! – me dijo con voz que sólo yo podía oír – Espero no volver a verte en mi vida!
Y por primera vez, en tantos años, me sentí feliz de poder decir lo que decían las demás!
- Lo mismo me pasa a mí, Madre – contesté exactamente con la misma entonación que mis compañeras.
………………………………………………………………………………………….
Joan Mateu, España
El minuto
Era relojero, lo mismo que su padre y que su abuelo. Conocía la maquinaria de todo tipo de relojes y su experiencia, acumulada con el paso de los años, le permitía reparar cualquier avería con plenas garantías de éxito.
Estaba efectuando una reparación en un Plumkier Cronos Sportive, cuando vio que caía un minuto sobre la mesa con un "cloc" sordo. Se lo quedó mirando perplejo y sorprendido, pues nunca le había ocurrido algo semejante. Tomó el minuto con las pinzas y lo observó atentamente. Lo midió, lo pesó y le hizo una analítica constatando que se trataba de un minuto sano.
Preocupado al no entender porque un minuto sano salía del reloj, lo guardó delicadamente envuelto en una gamuza, decidiendo que era mejor esperar al día siguiente y, con el minuto descansado, ya vería que había que hacer.
No pasó muy buena noche debido al nerviosismo, así que, más temprano que de costumbre, se sentó delante de su mesa de trabajo y consultó con el minuto el motivo de su acto.
Quedó anonadado al saber que se trataba de una fuga. El minuto huía de un amor imposible con la aguja larga. La minutera le acariciaba cada hora, estando sesenta segundos con él y después le abandonaba. Al cabo de una hora volvía a su lado y se marchaba de nuevo dejándolo solo. Al cabo de tantos años de sufrir ese vaivén, ese "me acerco, pero te abandono", entendió que era un coqueteo y vio que su amor era imposible. Decidió huir en busca de algún reloj digital que le acogiera y no tuviera que sufrir nunca más las veleidades de otra minutera casquivana.
HÉCTOR COBAS, Argentina
EXPERIENCIAS SENSORIALES
El libro La Ciencia de la Lógica de Hegel, se deslizó suavemente sobre el muelle sofá que estaba a su lado. Tenía la vista cansada y sus párpados se cerraron por breves momentos para descansar un poco, luego de haber leído durante varias horas. Se paró y se asomó a una de las ventanas que daban frente a una playa con amarillas arenas cercada por grandes arbustos y que hacía un tiempo constituían su refugio del mundo. Respiró profundamente y trató de relajar su cuerpo todavía tenso de las largas horas que había insumido en la lectura de Hegel. Casi sin proponérselo una mirada sin límites trató de atrapar el mar, que tenía ante sí y que penetraba en su retina en forma de una imagen teñida de intenso azul y espumas aún amarillentas, que capturaban el mortecino sol del atardecer. Ello llamó poderosamente su atención, y su actitud varió, cuando comprobó la modificación que esa experiencia sensorial había provocado en su interior. Y ese fue el comienzo de su despertar, ahora compuesto de imágenes sonoras, de caricias imaginadas en su piel que envolvían las turbulentas aguas de las olas y esa enorme alegría de comprobar que ese instante descubierto en su conciencia estaba poblado de vida, donde danzaban un sinnúmero de sensaciones que como duendes iban devorando los conceptos abstractos de una lógica que trataba de descifrar al mundo, pero que se había olvidado de aquello más inmediato que nos regala la intuición sensible. Y advirtió en un momento la importancia de la luz que permitía ver los contornos sensibles de las cosas y que se adherían a las imágenes para poblar la interioridad de un cuerpo que las atrapaba y resplandecía de goce a sus suaves contactos. A partir de ese instante las observaciones del mundo fueron otras.
El libro La Ciencia de la Lógica de Hegel, se deslizó suavemente sobre el muelle sofá que estaba a su lado. Tenía la vista cansada y sus párpados se cerraron por breves momentos para descansar un poco, luego de haber leído durante varias horas. Se paró y se asomó a una de las ventanas que daban frente a una playa con amarillas arenas cercada por grandes arbustos y que hacía un tiempo constituían su refugio del mundo. Respiró profundamente y trató de relajar su cuerpo todavía tenso de las largas horas que había insumido en la lectura de Hegel. Casi sin proponérselo una mirada sin límites trató de atrapar el mar, que tenía ante sí y que penetraba en su retina en forma de una imagen teñida de intenso azul y espumas aún amarillentas, que capturaban el mortecino sol del atardecer. Ello llamó poderosamente su atención, y su actitud varió, cuando comprobó la modificación que esa experiencia sensorial había provocado en su interior. Y ese fue el comienzo de su despertar, ahora compuesto de imágenes sonoras, de caricias imaginadas en su piel que envolvían las turbulentas aguas de las olas y esa enorme alegría de comprobar que ese instante descubierto en su conciencia estaba poblado de vida, donde danzaban un sinnúmero de sensaciones que como duendes iban devorando los conceptos abstractos de una lógica que trataba de descifrar al mundo, pero que se había olvidado de aquello más inmediato que nos regala la intuición sensible. Y advirtió en un momento la importancia de la luz que permitía ver los contornos sensibles de las cosas y que se adherían a las imágenes para poblar la interioridad de un cuerpo que las atrapaba y resplandecía de goce a sus suaves contactos. A partir de ese instante las observaciones del mundo fueron otras.
Pascual Marrazzo, Río Negro, Argentina
La fuerza de su sonrisa
En la tarde silenciosa de ayer, ella me volvió a mirar y se sonrió. Mi corazón salió de la turbulencia para refugiarse en una dulce emoción. Como una vena que deja de sangrar henchida de cansancio, se me aflojó el goteo del sufrimiento. Un racimo de recuerdos acudió como una brisa sanadora y cicatrizaron las grietas de mis heridas.
Hoy todo parece comenzar de nuevo. Es como si el abismo en el que viajaba me ofreciera un piso donde pararme. El desamparo empalidecido, dejó de estar al acecho y se refugió en la soledad que fue quedando atrás.
Ella me volvió a mirar y se sonrió, provocando el nacimiento de emociones ocultas. Nuevos descubrimientos que no provienen de la razón perforaron la esencia celeste del amor. Entraron con vehemencia íntima, con sabor agridulce bajo un idilio de sabanas e irónicamente me creó un rincón de pensamientos nuevos. No encontré la decepción, sólo nostalgias heridas y pinceladas de sombras.
Nuevamente me miró y se sonrió esgrimiendo dos pulseras de acero sin llaves. Como un fantasma extraviado tratando de no convertirme en un esclavo me descorché la cabeza, quise huir, pero mi cuerpo acalorado se dejó tomar.
Inesperadamente ella me volvió a sonreír. Ahora con sus labios húmedos pegados a mi boca intentamos renacer de una manera más sencilla, con el gusto añejo del roble, sin espuma.
En la tarde silenciosa de ayer, ella me volvió a mirar y se sonrió. Mi corazón salió de la turbulencia para refugiarse en una dulce emoción. Como una vena que deja de sangrar henchida de cansancio, se me aflojó el goteo del sufrimiento. Un racimo de recuerdos acudió como una brisa sanadora y cicatrizaron las grietas de mis heridas.
Hoy todo parece comenzar de nuevo. Es como si el abismo en el que viajaba me ofreciera un piso donde pararme. El desamparo empalidecido, dejó de estar al acecho y se refugió en la soledad que fue quedando atrás.
Ella me volvió a mirar y se sonrió, provocando el nacimiento de emociones ocultas. Nuevos descubrimientos que no provienen de la razón perforaron la esencia celeste del amor. Entraron con vehemencia íntima, con sabor agridulce bajo un idilio de sabanas e irónicamente me creó un rincón de pensamientos nuevos. No encontré la decepción, sólo nostalgias heridas y pinceladas de sombras.
Nuevamente me miró y se sonrió esgrimiendo dos pulseras de acero sin llaves. Como un fantasma extraviado tratando de no convertirme en un esclavo me descorché la cabeza, quise huir, pero mi cuerpo acalorado se dejó tomar.
Inesperadamente ella me volvió a sonreír. Ahora con sus labios húmedos pegados a mi boca intentamos renacer de una manera más sencilla, con el gusto añejo del roble, sin espuma.
Pascual Marrazzo, Río Negro, Argentina
La Invitación
Él llegó y se sacó los zapatos para caminar libremente por el brillo del piso y las alfombras.
Ella lo invitó a cenar. Y él, mientras esperaba, armó un pájaro con una servilleta de papel.
El pájaro aleteó durante todo el tiempo pero no pudo volar. Apenado, lo guardó en el bolsillo.
Cuando se despidieron, ella le dio el primer beso y los zapatos recibieron unos pies ligeros y borrachos que corrieron al medio de la calle.
El hombre sacó el pájaro del bolsillo y acariciándole las alas lo echó a volar.
Él llegó y se sacó los zapatos para caminar libremente por el brillo del piso y las alfombras.
Ella lo invitó a cenar. Y él, mientras esperaba, armó un pájaro con una servilleta de papel.
El pájaro aleteó durante todo el tiempo pero no pudo volar. Apenado, lo guardó en el bolsillo.
Cuando se despidieron, ella le dio el primer beso y los zapatos recibieron unos pies ligeros y borrachos que corrieron al medio de la calle.
El hombre sacó el pájaro del bolsillo y acariciándole las alas lo echó a volar.
Cristina Villanueva
¿A quién le pregunto?
A veces me parece que anduve por la vida con una memoria vaporosa, una gasa para la red de cazarepifanías, agarrándose trocitos de sol oliendo a sol, o besando la roja ebullición de la Santa Rita en el cielo de mi patio.Cazando con los ojos, o imaginando que lo veía, al quetzal tan buscado entre lo àrboles altos del parque nacional.Mojada la memoria en la lluvia que borda un encaje para la hoja verde.Ël se acordaría del resto, la precisión de las fechas y los itinerarios..Ahora no puedo olvidar la llave salvo que quiera dormir a la intemperie.¿Ysi la intemperie fuera esto:no poder compartir los recuerdos ?
Juan Carlos Motta Galé
Mi Alma
Cierto día, desperté desesperado; no sabía si había soñado o si lo vivía realmente.
Era un momento de total incertidumbre.
Lo real, era que había perdido mi Alma…
Me miré al espejo y observé mis acusadoras ojeras, mi pelo revuelto por la desesperación y una sensación de vacío hacía que mi estómago languideciese y no deseara llenarse con ningún alimento. Solo me reclamaba encontrase mi Alma.
Me lo pedían mis temblorosas manos.
Me lo demandaba mi corazón latiendo agitadamente y galopando en su búsqueda.
Comencé entonces hurgando en mi conciencia: No la encontré.
Traté de hallarla entre mis objetos más queridos; mis libros, mis fotos, mis escritos, sin resultado.
Viajé imaginariamente a los lugares que la suerte me deparó conocer, para ver si en alguno de ellos había quedado recalada.
En la bellas playas de Brasil. Tras las nieves chilenas. Perdida,
quizá embelesada por las guarañas paraguayas con sus noches calurosas y estrelladas.
¿En un café de París?¿Vagando por las callejuelas de Roma?
Extasiada tal vez por las coplas andaluzas…
¿No habría quedado tras la cuna de mi nieta, acunando su belleza en la Ciudad de México, luego de mi dolida partida de regreso a esta tierra .?
Fue inútil, mi Alma no se hallaba en ninguno de esos lugares.
Entonces…se iluminó mi Mente y recurrí a mis más recónditos recuerdos.
Y allí estaba, esperando que la fuera a rescatar:
En brazos de mi pasado, jugando con mi niñez.
Cierto día, desperté desesperado; no sabía si había soñado o si lo vivía realmente.
Era un momento de total incertidumbre.
Lo real, era que había perdido mi Alma…
Me miré al espejo y observé mis acusadoras ojeras, mi pelo revuelto por la desesperación y una sensación de vacío hacía que mi estómago languideciese y no deseara llenarse con ningún alimento. Solo me reclamaba encontrase mi Alma.
Me lo pedían mis temblorosas manos.
Me lo demandaba mi corazón latiendo agitadamente y galopando en su búsqueda.
Comencé entonces hurgando en mi conciencia: No la encontré.
Traté de hallarla entre mis objetos más queridos; mis libros, mis fotos, mis escritos, sin resultado.
Viajé imaginariamente a los lugares que la suerte me deparó conocer, para ver si en alguno de ellos había quedado recalada.
En la bellas playas de Brasil. Tras las nieves chilenas. Perdida,
quizá embelesada por las guarañas paraguayas con sus noches calurosas y estrelladas.
¿En un café de París?¿Vagando por las callejuelas de Roma?
Extasiada tal vez por las coplas andaluzas…
¿No habría quedado tras la cuna de mi nieta, acunando su belleza en la Ciudad de México, luego de mi dolida partida de regreso a esta tierra .?
Fue inútil, mi Alma no se hallaba en ninguno de esos lugares.
Entonces…se iluminó mi Mente y recurrí a mis más recónditos recuerdos.
Y allí estaba, esperando que la fuera a rescatar:
En brazos de mi pasado, jugando con mi niñez.
FEDERICO LAURENZANA
Tribales
Entre figuras y personas caben líneas, rectas o curvas para representar o ser. Se pueden reemplazar la mayoría de las veces porque llegan a ser lo mismo; ser una figura de una persona mediante líneas rectas y curvas, o una persona con las suyas.
No cabrá mencionarte mi perdón cuando pude impedir una batalla entre tribus indias. Vos lo hubieras deseado aunque ya pronto te preguntes el por qué, el motivo de tan bélico desenlace. Y supondrás que pudo haber sido evitado.
Indios guerreros eran aconsejados por un brujo para asediar durante la noche sobre la meseta a los enemigos. Indios guerreros descansaban sobre los prados hasta oír los pasos de tantos hombres sobre ellos asediando durante la última noche que iban a ver.
Cuando todo era polvo, seca tierra sangre aire, nada se diferenciaba.
Entre figuras y personas cabían líneas, rectas o curvas para poder representar ambos bandos. Reemplazaba sus contornos empleando el pincel, haciendo tribales sobre un cuero añejo y próspero. Hacía un retrato de lo que no debía estar sucediendo, ocurriendo sobre el mísero lienzo.
Rectas que se entrechocaban de menor o mayor espesor contra los límites del cuero eran los problemas. Estas líneas debían morir, terminar sin poder escapar de su fatal desenlace, debían hacerse curvas (las menos de las veces). Curvas anudadas junto a la superioridad de los gritos de cuanta victoria se alcanzara, se desanudase prohibiendo la continuación de penurias. Llantos de segmentos, de trazos estirados para no ceder desfallecían cuando el polvo, seca tierra sangre aire, desaparecía.
Donde todo podía ser visto y diferenciado, se veían ambas tribus agonizando junto a los últimos golpes dados para sobrevivir.
Esperanzados no estaban. Ya los pocos que quedaban caían exhaustos mientras me acercaba. Advertía que de lejos mejor los percibía, o al menos de otra forma, por más que esta vez necesitara acercarme. No me sentía ni observado ni esperado, como si no residiera en ese mundo de matanzas, de tanta tinta envenenada. Sentía que hacía mal en aproximarme y oler furia, oler flechas, oler papel.
Nadie ni nada se había alterado mientras volvía a mi tronco, mi silla. La representación era tan exacta que cualquiera podría confundir la realidad con el dibujo, las tribus con los tribales. Hasta yo mismo.
Quieto, quedé admirado entre figuras, entre personas.
Reemplazaba las más de las veces con líneas rectas o curvas a la realidad o a los dibujos, al campo batallado o al cuero que como papel filoso perdurará estableciendo la inmortalidad de cada grito de muerte, de arte plástica.
No cabrá mencionarte mi perdón, es que no sé el motivo.
Entre figuras y personas caben líneas, rectas o curvas para representar o ser. Se pueden reemplazar la mayoría de las veces porque llegan a ser lo mismo; ser una figura de una persona mediante líneas rectas y curvas, o una persona con las suyas.
No cabrá mencionarte mi perdón cuando pude impedir una batalla entre tribus indias. Vos lo hubieras deseado aunque ya pronto te preguntes el por qué, el motivo de tan bélico desenlace. Y supondrás que pudo haber sido evitado.
Indios guerreros eran aconsejados por un brujo para asediar durante la noche sobre la meseta a los enemigos. Indios guerreros descansaban sobre los prados hasta oír los pasos de tantos hombres sobre ellos asediando durante la última noche que iban a ver.
Cuando todo era polvo, seca tierra sangre aire, nada se diferenciaba.
Entre figuras y personas cabían líneas, rectas o curvas para poder representar ambos bandos. Reemplazaba sus contornos empleando el pincel, haciendo tribales sobre un cuero añejo y próspero. Hacía un retrato de lo que no debía estar sucediendo, ocurriendo sobre el mísero lienzo.
Rectas que se entrechocaban de menor o mayor espesor contra los límites del cuero eran los problemas. Estas líneas debían morir, terminar sin poder escapar de su fatal desenlace, debían hacerse curvas (las menos de las veces). Curvas anudadas junto a la superioridad de los gritos de cuanta victoria se alcanzara, se desanudase prohibiendo la continuación de penurias. Llantos de segmentos, de trazos estirados para no ceder desfallecían cuando el polvo, seca tierra sangre aire, desaparecía.
Donde todo podía ser visto y diferenciado, se veían ambas tribus agonizando junto a los últimos golpes dados para sobrevivir.
Esperanzados no estaban. Ya los pocos que quedaban caían exhaustos mientras me acercaba. Advertía que de lejos mejor los percibía, o al menos de otra forma, por más que esta vez necesitara acercarme. No me sentía ni observado ni esperado, como si no residiera en ese mundo de matanzas, de tanta tinta envenenada. Sentía que hacía mal en aproximarme y oler furia, oler flechas, oler papel.
Nadie ni nada se había alterado mientras volvía a mi tronco, mi silla. La representación era tan exacta que cualquiera podría confundir la realidad con el dibujo, las tribus con los tribales. Hasta yo mismo.
Quieto, quedé admirado entre figuras, entre personas.
Reemplazaba las más de las veces con líneas rectas o curvas a la realidad o a los dibujos, al campo batallado o al cuero que como papel filoso perdurará estableciendo la inmortalidad de cada grito de muerte, de arte plástica.
No cabrá mencionarte mi perdón, es que no sé el motivo.
Nedda González Núñez
Siesta.
Me mimetizo y entrevero con las hojas de revés áspero. El entramado que las sostiene sombrea un contrapiso absurdo, rodeado por la nada. Mi piel se transmuta en savia y palo. No temo a la araña gigantesca que intenta acercarse a mí, tozuda y rápida.
Mis ojos se vuelven amarillos al ver que, del otro lado de la enramada, hay un domador de frac y bigotes retorcidos que hace restallar su látigo. Puedo sentir que de un zarpazo y un mordisco, lo dejaría reducido a un amasijo de carne lacerada y huesos rotos.
Entonces ondulo como la mismísima serpiente del paraíso. Taimada y cruel, atraigo a mis enemigos, y los acerco para dejar que se aniquilen mutuamente.
Después, ya vencidos mis demonios y temores, me lanzo al vacío. La manta extendida bajo el sol y tus brazos, me reciben ilesa.
Me mimetizo y entrevero con las hojas de revés áspero. El entramado que las sostiene sombrea un contrapiso absurdo, rodeado por la nada. Mi piel se transmuta en savia y palo. No temo a la araña gigantesca que intenta acercarse a mí, tozuda y rápida.
Mis ojos se vuelven amarillos al ver que, del otro lado de la enramada, hay un domador de frac y bigotes retorcidos que hace restallar su látigo. Puedo sentir que de un zarpazo y un mordisco, lo dejaría reducido a un amasijo de carne lacerada y huesos rotos.
Entonces ondulo como la mismísima serpiente del paraíso. Taimada y cruel, atraigo a mis enemigos, y los acerco para dejar que se aniquilen mutuamente.
Después, ya vencidos mis demonios y temores, me lanzo al vacío. La manta extendida bajo el sol y tus brazos, me reciben ilesa.
Fabricio Simeón / Rosario, Santa Fé
Nudo desatavírgenes
Ella quiere otro animal. Uno que le haga menos daño, no como el perro salchicha que se balanceaba sobre su cabeza infinita y la arrojaba después contra cualquier vértice de cualquier pared. Tal vez ni tan doméstico ni tan salvaje, no como el hámster que comía sus crías sobre la madera del ropero nuevo interfiriendo todo pacto onírico.
Un animal es como un hombre desbaratado en la superficie de un no lugar, lo más inapropiado de la especie. La misma imagen acaecida, no saberse animal, no saberse hombre. Un animal es como un hombre que no se sabe.
Algo que difiera del estereotipo en toda supervivencia, lo más apto para su insociable transición. Quiere uno que sea la panacea del eslabón perdido, la efectual lumbre entre el australopithecus y el homo sapiens sapiens. No un conejo sumiso, no un camello sangrando agua por la giba desnuda del desierto corporal. No un gato disperso, no un canario que la despierte en su jaula miedosa.
Todo lo que había conocido era parte de un ecosistema postergado. La lesión medular, su instituto de mutabilidad, el ovillo del inframundo, sus decisiones perdurables en los manuscritos.
Y más que un deseo, parece ser el único movimiento laudable sobre el selvático tablero de humanidades desprovistas de extremos. Como torres sin dirección oblicua llegando al límite, al mismo borde de buda. Desatando la contractura en la nuca, el endurecimiento capital de los codos, una cadena de oración enmudecida. Desea porque carece, quiere porque supone tener. Desea querer o quiere desear. Sólo un animal se desea, se quiere.
Pero no quiere una serpiente desfigurada que optimice el pecado original, no quiere un oso que pueda ser representado como peluche para ubicar sobre la almohada cuando la cama esté hecha. No quiere un mono imitador de desalojos, cansado de producir esquemas incontenibles, harto de ser mono y no animal. No quiere una jirafa de baja estatura que pase por la puerta trasera de la casa sin patio o un elefante blanco trampeado en la esquina donde la intermitencia del semáforo es una constante proclive al último accidente, el que nunca se produjo.
La sumisión del instinto la había provocado hasta entramar la economía de sus dedos, el tacto del vientre, su roce almidonado. Era como querer lo que invade, lo que penetra detrás de las estanterías cuando del otro lado del vidrio sólo las uñas marcan la noción del pulso, lo que no se vuelve a ver.
Ella quiere otro animal. Uno que celebre los aniversarios del pecho como se celebra la muerte de un prócer, que pierda las alianzas del anular como se pierden las voces en la manada, que invierta el mismo tiempo en ella que han invertido las capas para suscitar un plegamiento de cápsulas. Uno que no se escape ni se quede, que no se pinte ni se destiña, que no sude ni se reseque. Uno que salga de la convención del ejemplar y entre al cuello por la nuez.
El leopardo lila irrumpe ahora el pacto de la vigilia. Nada en la textura de sus ojos despacio, acurrucado en las motas de lo invisible. Muerde la guarnición inconsistente de toda sobra, desprecia el silencio. Lame cada úlcera por la hendidura de otro pezón, vuelve a comer, pero ella quiere otro animal.
********************************************
Dispersión
"... nunca has visto un robot caminar para atrás, yo tenía otro concepto de vos..."
Luchi Camorra
-me das tu password?
-tengo el núcleo del techo fuera de la contraseña por sí las maquinas del ruido trazan la línea divisoria entre tu oligofrenia y mi taco aguja.
-Sólo quería incursionar tu lado entrañable, el más acongojado, el cursi.
-No entendiste qué eslabón se ha perdido desde el coincidente momento que pasaste junto al inodoro, vomitando el cuarto creciente, hasta este descenso de traqueas.
-Hace frío afuera y no estaría nada mal dormir con alguien.
-Se piensa en él como un electrón acomplejado bajo la estirpe anoréxica del nesquik caliente.
-Que estás leyendo?
-física cuántica, una nueva versión del mundo femenino o mecánica ondulatoria del pecho materno como materia, su dualidad onda-partícula. En definitiva tu percepción puede no ser la mía.
-Y por qué estás trabajando en una barra sirviendo tragos que seguramente no preparas con la misma intensidad con la que mueves las tetas?
-pues porque resulta ilógico resolver la ecuación desde la radiación térmica clásica que emana cualquier objeto en equilibrio, en realidad si se suman las frecuencias que los mismos emiten, todo da infinito, hasta el borde del vaso infectado, mamado en situación electromagnética, lo que está sitiado en el cuerpo del sorbete, lo que pasa de la mirada a la boca.
-Estás resfriada? pareciera que tus fosas nasales se precipitan ante la comunión que indica una respuesta, o será que mis preguntas son inapropiadas.
-Nada de lo que la ley de gravitación universal prescinda estaría fuera de mi, si la nariz y su respuesta fuesen menos unívocas y deterministas, la luz siempre entra, quieras o no siempre entra, un momentum por favor, me llama la encargada.
-Si no te hubieses acariciado tanto el pelo tal vez querría que algo se quede en mi, pero es sólo tu segundo nombre lo que me moviliza, ni siquiera el primero, es exactamente el segundo y lamento haberlo averiguado, me recuerda a una ex y este espejo siempre aparece en mi cuando la noche trasciende y algún nombre de mujer me consume como esta química oscura que está del otro lado de la madera gruesa.
-No te entiendo pero igual debo irme.
-No importa tanto si en definitiva apenas soy un cuerpo negro que absorber toda la energía que hay en mi como un objeto ideal que se superpone al mundo obtuso de las manos en estas palancas desbordantes que apenas palpan lo inevitable como resquicio o ponderación del vacío.
-Está bueno lo que dices! Aquí te dejo mi número.
-Es que no quisiera confundirte, a mi me gusta tu hermano y no tenía dinero para comprar un trago.
Ella quiere otro animal. Uno que le haga menos daño, no como el perro salchicha que se balanceaba sobre su cabeza infinita y la arrojaba después contra cualquier vértice de cualquier pared. Tal vez ni tan doméstico ni tan salvaje, no como el hámster que comía sus crías sobre la madera del ropero nuevo interfiriendo todo pacto onírico.
Un animal es como un hombre desbaratado en la superficie de un no lugar, lo más inapropiado de la especie. La misma imagen acaecida, no saberse animal, no saberse hombre. Un animal es como un hombre que no se sabe.
Algo que difiera del estereotipo en toda supervivencia, lo más apto para su insociable transición. Quiere uno que sea la panacea del eslabón perdido, la efectual lumbre entre el australopithecus y el homo sapiens sapiens. No un conejo sumiso, no un camello sangrando agua por la giba desnuda del desierto corporal. No un gato disperso, no un canario que la despierte en su jaula miedosa.
Todo lo que había conocido era parte de un ecosistema postergado. La lesión medular, su instituto de mutabilidad, el ovillo del inframundo, sus decisiones perdurables en los manuscritos.
Y más que un deseo, parece ser el único movimiento laudable sobre el selvático tablero de humanidades desprovistas de extremos. Como torres sin dirección oblicua llegando al límite, al mismo borde de buda. Desatando la contractura en la nuca, el endurecimiento capital de los codos, una cadena de oración enmudecida. Desea porque carece, quiere porque supone tener. Desea querer o quiere desear. Sólo un animal se desea, se quiere.
Pero no quiere una serpiente desfigurada que optimice el pecado original, no quiere un oso que pueda ser representado como peluche para ubicar sobre la almohada cuando la cama esté hecha. No quiere un mono imitador de desalojos, cansado de producir esquemas incontenibles, harto de ser mono y no animal. No quiere una jirafa de baja estatura que pase por la puerta trasera de la casa sin patio o un elefante blanco trampeado en la esquina donde la intermitencia del semáforo es una constante proclive al último accidente, el que nunca se produjo.
La sumisión del instinto la había provocado hasta entramar la economía de sus dedos, el tacto del vientre, su roce almidonado. Era como querer lo que invade, lo que penetra detrás de las estanterías cuando del otro lado del vidrio sólo las uñas marcan la noción del pulso, lo que no se vuelve a ver.
Ella quiere otro animal. Uno que celebre los aniversarios del pecho como se celebra la muerte de un prócer, que pierda las alianzas del anular como se pierden las voces en la manada, que invierta el mismo tiempo en ella que han invertido las capas para suscitar un plegamiento de cápsulas. Uno que no se escape ni se quede, que no se pinte ni se destiña, que no sude ni se reseque. Uno que salga de la convención del ejemplar y entre al cuello por la nuez.
El leopardo lila irrumpe ahora el pacto de la vigilia. Nada en la textura de sus ojos despacio, acurrucado en las motas de lo invisible. Muerde la guarnición inconsistente de toda sobra, desprecia el silencio. Lame cada úlcera por la hendidura de otro pezón, vuelve a comer, pero ella quiere otro animal.
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Dispersión
"... nunca has visto un robot caminar para atrás, yo tenía otro concepto de vos..."
Luchi Camorra
-me das tu password?
-tengo el núcleo del techo fuera de la contraseña por sí las maquinas del ruido trazan la línea divisoria entre tu oligofrenia y mi taco aguja.
-Sólo quería incursionar tu lado entrañable, el más acongojado, el cursi.
-No entendiste qué eslabón se ha perdido desde el coincidente momento que pasaste junto al inodoro, vomitando el cuarto creciente, hasta este descenso de traqueas.
-Hace frío afuera y no estaría nada mal dormir con alguien.
-Se piensa en él como un electrón acomplejado bajo la estirpe anoréxica del nesquik caliente.
-Que estás leyendo?
-física cuántica, una nueva versión del mundo femenino o mecánica ondulatoria del pecho materno como materia, su dualidad onda-partícula. En definitiva tu percepción puede no ser la mía.
-Y por qué estás trabajando en una barra sirviendo tragos que seguramente no preparas con la misma intensidad con la que mueves las tetas?
-pues porque resulta ilógico resolver la ecuación desde la radiación térmica clásica que emana cualquier objeto en equilibrio, en realidad si se suman las frecuencias que los mismos emiten, todo da infinito, hasta el borde del vaso infectado, mamado en situación electromagnética, lo que está sitiado en el cuerpo del sorbete, lo que pasa de la mirada a la boca.
-Estás resfriada? pareciera que tus fosas nasales se precipitan ante la comunión que indica una respuesta, o será que mis preguntas son inapropiadas.
-Nada de lo que la ley de gravitación universal prescinda estaría fuera de mi, si la nariz y su respuesta fuesen menos unívocas y deterministas, la luz siempre entra, quieras o no siempre entra, un momentum por favor, me llama la encargada.
-Si no te hubieses acariciado tanto el pelo tal vez querría que algo se quede en mi, pero es sólo tu segundo nombre lo que me moviliza, ni siquiera el primero, es exactamente el segundo y lamento haberlo averiguado, me recuerda a una ex y este espejo siempre aparece en mi cuando la noche trasciende y algún nombre de mujer me consume como esta química oscura que está del otro lado de la madera gruesa.
-No te entiendo pero igual debo irme.
-No importa tanto si en definitiva apenas soy un cuerpo negro que absorber toda la energía que hay en mi como un objeto ideal que se superpone al mundo obtuso de las manos en estas palancas desbordantes que apenas palpan lo inevitable como resquicio o ponderación del vacío.
-Está bueno lo que dices! Aquí te dejo mi número.
-Es que no quisiera confundirte, a mi me gusta tu hermano y no tenía dinero para comprar un trago.
Fernando Gonzalez Carey / Gral Roca, Río Negro / ARGENTINA
HISTORIAS REALES DE ROCA
Estos textos no son ficcionales. Son historias mínimas de nuestra ciudad, que tienen ese sabor de la cotidianeidad y no hacen más que reflejar por qué carriles transita la vida, un día cualquiera. Y entonces sonreímos de nuestras limitaciones, del mundo chico en que vivimos.
La anciana distraída
La viejita ingresó sin mayores preámbulos en la óptica, con su bastón y enorme bolsón colgando de sus hombros. Buenos días, saludó, y quedó esperando que la atendieran. Alejandro salió de su cabina y se sorprendió de la jovialidad de la anciana, de sus ojos alegres, así que inmediatamente entró en sintonía con la nueva clienta.
Después de hablar del aire y del Sol, el óptico le preguntó qué la traía por el negocio. Ah, usted busca anteojos de uso permanente para ver de lejos, trajo la receta, muy bien, bueno aquí el médico le propone utilizar anteojos con un aumento importante, vaya mirando el mostrador para ver si encuentra algún armazón en particular, no, señor, no, yo quiero esos anteojos que no se salen y que se ponen dentro del ojo, ah, los lentes que llamamos de contacto, ésos, ésos.
Alejandro sonrió para sus adentros y espió a la anciana. Se la veía muy concentrada, independiente y le llamó la atención que viniera sola. ¿Viene sola, es que no la quieren acompañar? No, sí quieren pero yo no, porque después debo comprar lo que ellos deciden…
La hizo pasar a la sala de pruebas y la invitó a sentarse en el amplio sofá que allí tiene para los clientes. Bueno, cómo es su nombre, Elena, ah, Elena, le voy a explicar, esto tarda un par de días , yo los encargo y cuando llegan le aviso. Mientras tanto vamos controlando los papeles y fijando el precio. No hubo dificultades, Elena lo saludó cordialmente y se fue.
A la semana siguiente allí estaba la abuela, firme con su bastón y sus ojos alegres. Pasó a la sala, se sentó, probó sus nuevos lentes y escuchó atentamente las recomendaciones de Alejandro, quien con infinita paciencia le fue explicando cómo debía utilizarlos, el cuidado que debía tener y le dio precisas indicaciones para el mantenimiento. A todo prestaba atención la anciana.
Alejandro le recomendó especial cuidado por la limpieza diaria y le entregó una cajita de pastillas limpiadoras para eliminar los residuos de las proteínas que solían quedar adheridas en la lente. Debía disolverlas en solución fisiológica y dejarlas actuar toda la noche. Una pastilla es suficiente por vez, abuela, son potentes limpiadoras del material que le entrego. Nada más, y verá cómo mejora notablemente la visión con este procedimiento.
No se haga problemas, le contestó Elena, es muy fácil, cualquier cosa paso por aquí y le pregunto. Dijo esto, tomó su bastón y se encaminó hacia la puerta, contenta y orgullosa, sabedora de que ya no debía ostentar los horribles marcos con los gruesos vidrios que tantos años le cargaban. No desestimó una ojeada veloz al espejo de la óptica y sonrió agradecida.
Cuando ya casi tocaba la vereda, y sosteniendo la puerta, le dijo a Alejandro con la mejor de las inocencias, ah, señor, a las pastillas, ¿cada cuántas horas tengo que tomarlas?
fgcarey@speedy.com.ar
Este testimonio fue escuchado en una óptica local.
******************
El barquero
Me sorprendí cuando me dijo que no. Después, observando el Oeste, donde se calcaban las montañas en el lago, insistí.
- Tenga en cuenta que vengo de lejos y que la noche se arrima...
No dejaba de mirarme, pero por más que indagué sus intenciones en la mínimas marcas de su rostro, sólo encontré la misma negativa, pertinaz. Sin embargo, una fina línea floreció en la comisura de sus labios cuando metí la mano en mi bolsillo y le mostré el vintén oriental. Lo tomó con ceremonia infinita y entonces me ayudó a subir a la barca.
Mientras los remos marcaban el paso de ñires y cohiues que se acomodaban en la orilla, volví a sentir muy cerca de mí, adentro, a los costados y con el alma apretada al mismo pasajero solitario y temeroso que llevaba yo adentro. El barquero persistía en observarme.
- ¿De dónde viene? – me preguntó de repente.
- Pues caminaba por el bosque y me di cuenta bastante tarde de que no tenía tiempo de orillar el lago para regresar a casa.
- Parece asustado.
- Hay algo de eso –respondí sin resistencia.
El barquero tenía un rostro de nadie, pero invitaba a conversar. Hablaba con voz profunda.
- Hay en la vida sensaciones raras, que en el bosque se magnifican- deslicé cuando la proa buscaba la orilla opuesta.
- Es que las sombras de la vida surgen recién al atardecer. Fíjese en el pinar espeso que llega hasta la playa, cómo se abalanza sobre el espejo de agua y lo cubre. De día, es una fortaleza verde, que sostiene el cielo. Vamos construyendo temores en el camino de la vida y cuando éste se angosta, aquéllos recorren el mínimo espacio en loca carrera, mordiendo y acorralando.
Y entonces, mientras el barquero trabajaba su remo, de mi bolsillo fueron saliendo muy despacio las penas y las mentiras, las traiciones y desencantos, las soledades y miserias. Los iba liberando y arrojando al lago, en pequeños envoltorios que prontamente desaparecían. La conversación avanzaba sin miramientos. Hasta que aparecieron los recuerdos El barquero extrajo de la nada una bolsa grande de arpillera y la abrió en silencio, incrustando sus negros ojos en los míos. Resultó inútil resistirse. Allí debían ir las cosas nunca más vistas y queridas del pasado.
- Si Ud. quiere vivir, arrójelas y nunca más pida por ellas- y cerrando la bolsa con la nostalgia que pesaba como jamás imaginé, la tiré al lago. La estela de un pez muy grande se abrió surco desde la quilla de la barca y se alejó tumultuosamente.
Un silencio incómodo se apoderó de mí, pero cuando arribamos sentí el vacío que las penas habían dejado. Me alejé sin volver el rostro, convencido de que nada valió más que ese día.
**********************
Adulador
Una de las tácticas más comunes para obtener lo deseado es adular a quien detenta el poder de satisfacernos. Es una práctica universal que casi siempre tiene buen resultado. También es cierto que hay personas atentas a esta humana inclinación y pueden escapar de los resultados del halago interesado.
Esa mañana Mickey salió decididamente a comprar una camisa que ya había visto en una vidriera céntrica. Siempre que pasaba le echaba una ojeada, y repetidamente se decía ya voy a venir a comprarla…. Hasta que se decidió. Antes de ingresar al negocio, volvió a mirarla y admirarla. Se la imaginó con distintas combinaciones y aprobó su decisión. Una vez adentro, se acercó presurosamente el empleado, lo saludó y no le dio chances a Mickey de rumbear por otros rincones de las ofertas de la casa. No te dejan respirar, se dijo enfadado.
Qué anda buscando, por favor quiero ver esa camisa que está allí, sí, cómo no, ya se la alcanzo, qué día hoy, no, este calor no se va más, aquí tiene, sírvase pasar por el probador. Mickey se la puso, se miró diez veces en el espejo, pero no lo convencía, así que cometió el error de consultar la opinión del vendedor… pero si le queda perfecta la camisa, está hecha para usted, yo días pasados compré una también, pero mire que la veo que me tira un poco de aquí, no, no es eso, le falta un lavado y ya verá usted cómo todo se arregla y se acomoda, llévela con total confianza, quedará como un duque…
A Mickey no lo convencían así nomás, así que pidió ver otras camisas, revolvió la tienda y finalmente encontró lo que deseaba, se la probó frente al espejo y sonrió. Esta es, se dijo, y luego al empleado, ésta me gusta más, creo que me cae mejor, la siento más cómoda. La llevo. Y cuando el vendedor estaba envolviendo la prenda, muy satisfecho por la operación concretada con el cliente, le comentó en voz baja a Mickey como quien no quiere la cosa, hizo una buena compra, porque a decir verdad la otra le quedaba como la mona…
Estos textos no son ficcionales. Son historias mínimas de nuestra ciudad, que tienen ese sabor de la cotidianeidad y no hacen más que reflejar por qué carriles transita la vida, un día cualquiera. Y entonces sonreímos de nuestras limitaciones, del mundo chico en que vivimos.
La anciana distraída
La viejita ingresó sin mayores preámbulos en la óptica, con su bastón y enorme bolsón colgando de sus hombros. Buenos días, saludó, y quedó esperando que la atendieran. Alejandro salió de su cabina y se sorprendió de la jovialidad de la anciana, de sus ojos alegres, así que inmediatamente entró en sintonía con la nueva clienta.
Después de hablar del aire y del Sol, el óptico le preguntó qué la traía por el negocio. Ah, usted busca anteojos de uso permanente para ver de lejos, trajo la receta, muy bien, bueno aquí el médico le propone utilizar anteojos con un aumento importante, vaya mirando el mostrador para ver si encuentra algún armazón en particular, no, señor, no, yo quiero esos anteojos que no se salen y que se ponen dentro del ojo, ah, los lentes que llamamos de contacto, ésos, ésos.
Alejandro sonrió para sus adentros y espió a la anciana. Se la veía muy concentrada, independiente y le llamó la atención que viniera sola. ¿Viene sola, es que no la quieren acompañar? No, sí quieren pero yo no, porque después debo comprar lo que ellos deciden…
La hizo pasar a la sala de pruebas y la invitó a sentarse en el amplio sofá que allí tiene para los clientes. Bueno, cómo es su nombre, Elena, ah, Elena, le voy a explicar, esto tarda un par de días , yo los encargo y cuando llegan le aviso. Mientras tanto vamos controlando los papeles y fijando el precio. No hubo dificultades, Elena lo saludó cordialmente y se fue.
A la semana siguiente allí estaba la abuela, firme con su bastón y sus ojos alegres. Pasó a la sala, se sentó, probó sus nuevos lentes y escuchó atentamente las recomendaciones de Alejandro, quien con infinita paciencia le fue explicando cómo debía utilizarlos, el cuidado que debía tener y le dio precisas indicaciones para el mantenimiento. A todo prestaba atención la anciana.
Alejandro le recomendó especial cuidado por la limpieza diaria y le entregó una cajita de pastillas limpiadoras para eliminar los residuos de las proteínas que solían quedar adheridas en la lente. Debía disolverlas en solución fisiológica y dejarlas actuar toda la noche. Una pastilla es suficiente por vez, abuela, son potentes limpiadoras del material que le entrego. Nada más, y verá cómo mejora notablemente la visión con este procedimiento.
No se haga problemas, le contestó Elena, es muy fácil, cualquier cosa paso por aquí y le pregunto. Dijo esto, tomó su bastón y se encaminó hacia la puerta, contenta y orgullosa, sabedora de que ya no debía ostentar los horribles marcos con los gruesos vidrios que tantos años le cargaban. No desestimó una ojeada veloz al espejo de la óptica y sonrió agradecida.
Cuando ya casi tocaba la vereda, y sosteniendo la puerta, le dijo a Alejandro con la mejor de las inocencias, ah, señor, a las pastillas, ¿cada cuántas horas tengo que tomarlas?
fgcarey@speedy.com.ar
Este testimonio fue escuchado en una óptica local.
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El barquero
Me sorprendí cuando me dijo que no. Después, observando el Oeste, donde se calcaban las montañas en el lago, insistí.
- Tenga en cuenta que vengo de lejos y que la noche se arrima...
No dejaba de mirarme, pero por más que indagué sus intenciones en la mínimas marcas de su rostro, sólo encontré la misma negativa, pertinaz. Sin embargo, una fina línea floreció en la comisura de sus labios cuando metí la mano en mi bolsillo y le mostré el vintén oriental. Lo tomó con ceremonia infinita y entonces me ayudó a subir a la barca.
Mientras los remos marcaban el paso de ñires y cohiues que se acomodaban en la orilla, volví a sentir muy cerca de mí, adentro, a los costados y con el alma apretada al mismo pasajero solitario y temeroso que llevaba yo adentro. El barquero persistía en observarme.
- ¿De dónde viene? – me preguntó de repente.
- Pues caminaba por el bosque y me di cuenta bastante tarde de que no tenía tiempo de orillar el lago para regresar a casa.
- Parece asustado.
- Hay algo de eso –respondí sin resistencia.
El barquero tenía un rostro de nadie, pero invitaba a conversar. Hablaba con voz profunda.
- Hay en la vida sensaciones raras, que en el bosque se magnifican- deslicé cuando la proa buscaba la orilla opuesta.
- Es que las sombras de la vida surgen recién al atardecer. Fíjese en el pinar espeso que llega hasta la playa, cómo se abalanza sobre el espejo de agua y lo cubre. De día, es una fortaleza verde, que sostiene el cielo. Vamos construyendo temores en el camino de la vida y cuando éste se angosta, aquéllos recorren el mínimo espacio en loca carrera, mordiendo y acorralando.
Y entonces, mientras el barquero trabajaba su remo, de mi bolsillo fueron saliendo muy despacio las penas y las mentiras, las traiciones y desencantos, las soledades y miserias. Los iba liberando y arrojando al lago, en pequeños envoltorios que prontamente desaparecían. La conversación avanzaba sin miramientos. Hasta que aparecieron los recuerdos El barquero extrajo de la nada una bolsa grande de arpillera y la abrió en silencio, incrustando sus negros ojos en los míos. Resultó inútil resistirse. Allí debían ir las cosas nunca más vistas y queridas del pasado.
- Si Ud. quiere vivir, arrójelas y nunca más pida por ellas- y cerrando la bolsa con la nostalgia que pesaba como jamás imaginé, la tiré al lago. La estela de un pez muy grande se abrió surco desde la quilla de la barca y se alejó tumultuosamente.
Un silencio incómodo se apoderó de mí, pero cuando arribamos sentí el vacío que las penas habían dejado. Me alejé sin volver el rostro, convencido de que nada valió más que ese día.
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Adulador
Una de las tácticas más comunes para obtener lo deseado es adular a quien detenta el poder de satisfacernos. Es una práctica universal que casi siempre tiene buen resultado. También es cierto que hay personas atentas a esta humana inclinación y pueden escapar de los resultados del halago interesado.
Esa mañana Mickey salió decididamente a comprar una camisa que ya había visto en una vidriera céntrica. Siempre que pasaba le echaba una ojeada, y repetidamente se decía ya voy a venir a comprarla…. Hasta que se decidió. Antes de ingresar al negocio, volvió a mirarla y admirarla. Se la imaginó con distintas combinaciones y aprobó su decisión. Una vez adentro, se acercó presurosamente el empleado, lo saludó y no le dio chances a Mickey de rumbear por otros rincones de las ofertas de la casa. No te dejan respirar, se dijo enfadado.
Qué anda buscando, por favor quiero ver esa camisa que está allí, sí, cómo no, ya se la alcanzo, qué día hoy, no, este calor no se va más, aquí tiene, sírvase pasar por el probador. Mickey se la puso, se miró diez veces en el espejo, pero no lo convencía, así que cometió el error de consultar la opinión del vendedor… pero si le queda perfecta la camisa, está hecha para usted, yo días pasados compré una también, pero mire que la veo que me tira un poco de aquí, no, no es eso, le falta un lavado y ya verá usted cómo todo se arregla y se acomoda, llévela con total confianza, quedará como un duque…
A Mickey no lo convencían así nomás, así que pidió ver otras camisas, revolvió la tienda y finalmente encontró lo que deseaba, se la probó frente al espejo y sonrió. Esta es, se dijo, y luego al empleado, ésta me gusta más, creo que me cae mejor, la siento más cómoda. La llevo. Y cuando el vendedor estaba envolviendo la prenda, muy satisfecho por la operación concretada con el cliente, le comentó en voz baja a Mickey como quien no quiere la cosa, hizo una buena compra, porque a decir verdad la otra le quedaba como la mona…
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