Maximiliano García

del libro "LA POESÍA QUE TENÍA OLVIDADA ENRAMADA EN LAS PROSAS DE ALGÚN CUENTO"


El calor del escándalo. Su madre no deja que me aproxime. Mejillas rosas, sonrisa simple, afable. Cuerpo excelso, combinaciones que puedan desconcentrar al hombre. Así pasea como ingenua con sus contornos, con sus gracias, con los moldes de lo que se quiere. Sus diecinueve años, demasiada vehemencia incubada en un diamante. Perspicacia, desfachatez. Escribir las paredes con frases como la ventana del alma. Las calles han transcurrido su vida. La madre no le pierde pisada. El instinto animal de hembra madre tan concentrado como atracción, sexo de un macho adulto y hembra joven se posan en la balanza del respeto que deseamos quebrar, desencadenar. Sufren hambres las pausas imantadas de nuestras miradas. Ella embadurnada en la promiscuidad desinteresada en la promiscuidad desinteresada, madura cuando nadie nos ve en esta atmósfera de faunos enramados al arrabal, acicateando un carnaval veneciano quedando acéfalos ante las virtudes de la atracción. La madre, mi vieja conocida percibe causas, efectos, es una membrana infranqueable, y a su vez auspiciosa. Si no fuera por ella nunca nos hubiéramos conocido.





del libro "LA POESÍA QUE TENÍA OLVIDADA ENRAMADA EN LAS PROSAS DE ALGÚN CUENTO" Del tío y la pequeña…


Tanto pasan caminando carreteras sin frenos, intensos bullicios, hermosa Maja subida a una silla expresando frescas incidencias de futuros más allá, dueños de la anti apatía junto al Márquez de fantasías. Se remontan barriletes volando figuras de un caleidoscopio por ojos brillantes, así la lluvia por la madrugada hidrata casi imperceptible al frío, riendo, pidiendo no termine al abrir la puerta, bebiendo las almas, compartiendo complementos, transformados en juglares de sus comedias piensan al teatro de la anécdota en que se ven cómplices. Ahora me miran, me sienten el protector de sus desastres, me están diciendo gracias con cada pestañeo, amante de cada gota que fue rechazada en las nubes, y vienen a bailar al compás de los movimientos shockeantes de sus bocas. Voy a disfrazar mis gestos, estoy disfrazando mis gestos, aniquilado de pensar en rápido. No veo más, simplemente porque se que detener la carrera es morir, y eso es mucho placer para mi. Prendería mil luces para dejar de correr y de correrlos, que también mueran, salgamos del globo donde la muerte no se ve, donde todo es violeta viejo. El resto encontrará la solución cuando el mundo les estalle en la cara y en 1756 pedazos estén todos volando. Nosotros... nosotros mirando desde arriba de nuestras mentes, bajamos la cabeza, sonreímos con desgracia y nos vamos a dormir.



del libro "LA POESÍA QUE TENÍA OLVIDADA ENRAMADA EN LAS PROSAS DE ALGÚN CUENTO"


Un choque vapuleando el final del corredor. Esa marea urbana alada denota un puzzle inalcanzable e in armable. Locos en un rincón con románticas botellas pidiendo perdón son como esmerados mensajeros, como divulgadores de un circo purgante al corazón. Allí se encuentran los deseos agasajándose entre uno y otro. La eterna función en una vida breve empachada de hastío, confusión, ansiedad, visiones de playas en el horizonte de respiros tranquilos de mar, besos, soledades, sexo, desnudos pensamiento al borde de la carpa sentado en la arena, en la fría y húmeda mañana del invierno bajo las mantas en posición fetal. Apenas tapados con la sabana, dormidos, con la mano llena del pecho de ella, con el ventanal iluminando al amanecer. La cama del ring sin golpe, del revolcón animal de cuerpos danzantes ahora en silencio con las muecas sonrientes, orgásmicas, satisfechas. Han atado las patas de la mentira con las botas puestas esperando la subida del nivel del mar. Abren los ojos, se sienten siendo parte de todo aquello que los vio levitar, se acurrucan uno con el otro, se ven, se crean, se quieren, se protegen.




del libro "LA POESÍA QUE TENÍA OLVIDADA ENRAMADA EN LAS PROSAS DE ALGÚN CUENTO"


Impidiendo los propios pasos, la comezón de la cabeza fuerza los riñones en un molesto dolor. Zapatos de payaso en un rincón con la mueca perdida, balbucean palabras esquivando balas sentados en un punto ciego. Es un observador inadvertido de la batalla social. El quiebre de las sonrisas compitiendo, atenuándose, dejando al menor descuido la mirada cautelosa en la próxima jugada. Dejando al costado la suerte y verdad, es un barrido para llegar al avaro donde muere la confianza desvelada por un colchón de espinas. Intensas lágrimas de sangre en la civilización para el muestrario de los siglos, de la historia, aquí y allá, hoy y ayer. La imaginación vale más que la imagen para poder seguir, para poder excluir el paradigma de lo perfecto por el esfuerzo de lo cierto. Miré parado en aquella esquina la figura de un personaje entrañado, me moví cuando aparecen para alcanzar aquel pasajero de la muerte. ¿Sería o no sería? Peor la búsqueda, esa pérfida atrevida viuda de la rutina nos patea adelantándonos con ella, transmute entre los peatones tras esa silueta, parecía no querer alcanzarle por la sensación cual podía despertar. Choque con un estudiante cuando parecí perderla. Volví a localizarle deslizando comprensiones. Era la realidad a quien había visto por el mañoso destino…